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La provincia de Buenos Aires y el “síndrome de la ingobernabilidad”

Enrique Aguilar
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miércoles 15 de junio de 2011, 11:41h
No es la primera vez que en estas columnas menciono el nombre de María Matilde Ollier, prestigiosa politóloga e historiadora argentina, doctorada en Notre Dame (Indiana, USA) y actualmente Secretaria de Investigaciones de la Universidad Nacional de San Martín. Entre otras cualidades, destaca en ella el hecho de que sus libros, sus artículos y sus columnas de opinión combinan siempre el análisis riguroso y la claridad conceptual, lo que permite que el número de sus lectores exceda holgadamente el acotado ámbito de colegas y especialistas.

El domingo pasado, en una larga entrevista concedida al diario La Nación a raíz de la reciente publicación de su libro Atrapada sin salida. Buenos Aires en la política nacional (1916-2007), pude apreciar de nuevo esas virtudes de Ollier que su entrevistador subraya también expresamente. Parte de sus declaraciones versan precisamente sobre los alcances del libro y la paradoja que la autora procura dilucidar, a saber: que la provincia más poderosa de la Argentina sea al mismo tiempo “la más doblegada” o sometida por el gobierno nacional por tratarse del distrito clave, con un 38 % del electorado nacional, para acceder a la Casa Rosada. “… No es casual (dice a este respecto Ollier) que uno de los presidentes que llega sin poder ganar la provincia de Buenos Aires, en 1989, como Fernando de la Rúa, se va dos años después, entre otras cosas, por los saqueos en el conurbano bonaerense en donde hay un gobernador de otro signo político, peronista.”

Pero la entrevista avanza sobre otros aspectos de la política argentina, principalmente sobre lo que Ollier denomina el “síndrome de la ingobernabilidad” que lleva a los habitantes de la provincia de Buenos Aires y, en general, del país todo, a preferir el mantenimiento de una cierta estabilidad a cualquier posible programa de renovación. En otras palabras, parecería que a fuer de sostener la gobernabilidad no nos preguntáramos acerca de su calidad que es, al cabo, lo que podría conducirnos a una sociedad mejor y mejor gobernada también. ¿Qué tenemos en cambio? Por un lado, una sociedad acostumbrada a vivir del Estado o cuando menos a beneficiarse de él sea mediante subsidios, prebendas u otras prácticas clientelares que no se circunscriben por cierto a los sectores pobres puesto que incluyen hasta al mismo empresariado. Por otro lado, un Estado que se identifica con el gobierno de turno, asimilación que ha provocado en la Argentina un daño enorme que se ve reflejado en la ausencia de políticas de largo plazo, un nivel de corrupción escandaloso y la cooptación de los organismos de control por obra de quienes deberían ser controlados.

“Si una sociedad está degradada (concluye Ollier), la política también lo está”. Lo que estamos viendo hoy con el sonado caso Schoklender, parricida con condena cumplida y ahora ex apoderado legal de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, es una muestra fehaciente de esta doble degradación donde la malversación de fondos públicos por cifras multimillonarias se entremezcla con el encubrimiento y la complicidad de unos, el silencio de otros y un estupor generalizado que durará lo que otro escándalo de proporciones tarde en revelarse, sin que se advierta de parte de todos una voluntad genuina de decir basta.

Mientras tanto hay quienes, como María Matilde Ollier, se esfuerzan por interpretar a esta sociedad, a este Estado y a esta política. Escucharla tal vez nos ayude a empezar a cambiarlos.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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