el uars pesa más de cinco toneladas
LA NASA prevé que este viernes caiga sobre la Tierra un satélite del tamaño de un autobús
viernes 23 de septiembre de 2011, 17:18h
El satélite de Investigación de la Alta Atomósfera (UARS), que fue retirado de funcionamiento en 2005, impactará este viernes contra la Tierra. Así lo ha comunicado la Agencia espacial estadounidense que, a pesar de la envergadura del aparato, que pesa más de cinco toneladas y tiene el tamaño de un autobús, asegura que el riesgo de que alcance a una persona es "extremadamente pequeño". En las próximas 24 horas precisará el lugar aproximado donde podría caer el satélite, aún desconocido.
La NASA prevé que este viernes impacte sobre la Tierra un satélite del tamaño de un autobús que fue retirado de funcionamiento en 2005, pero insiste en que el riesgo para las personas es "extremadamente pequeño".
La Agencia espacial estadounidense (NASA) descartó ayer jueves que el satélite artificial vaya a caer sobre América del Norte, aunque todavía no puede precisar el lugar del impacto. "El reingreso se espera durante la tarde en el este de Estados Unidos el 23 de septiembre", indicó un comunicado de la agencia. "El satélite no estará en trayectoria sobre América del Norte en ese período", añadió.
Según la agencia, "es todavía demasiado temprano para predecir la hora y el lugar de reingreso con más certidumbre, pero las predicciones serán más precisas en las próximas 24 horas".
El aparato pesa 5.675 kilogramos y tiene el tamaño de un autobús. Estaba previsto que el satélite llegara a finales de septiembre o principios de octubre, pero su caída se adelantará debido al fuerte aumento de la actividad solar la semana pasada.
Los científicos de la NASA calculan que el satélite se despedazará al entrar en la atmósfera y que al menos 26 grandes piezas sobrevivirán a las altas temperaturas del reingreso y caerán sobre la superficie de la Tierra.
Riesgos para las personas
El director de la Unidad de Ingeniería Espacial del grupo empresarial GMV, Miguel Ángel Molina, ha señalado que "hay más probabilidades de que a una persona le caiga un rayo, con toda la improbabilidad que ésto conlleva, que una pieza del satélite" UARS.
Así, Molina ha explicado que las probabilidades que se barajan acerca de que una de las piezas del satélite acabe con la vida de una persona es de "una entre un billón" y que lo que "si es cierto es de que hay la posibilidad de que caiga sobre una zona "habitada". En este caso los números suben y las probabilidades son "una entre 3.000 o 4.000", ha apuntado.
El experto ha señalado que la NASA prevé que caerá sobre la zona de Papúa Nueva Guinea y es "muy improbable" que España sea el destino de alguno de los desechos del satélite. Aún así, ha señalado que hay "una gran incertidumbre" sobre el destino de las piezas porque "hasta el viernes la actividad solar puede cambiar bastante", y es uno de los factores que favorece su movilización. "El Sol emite ondas y generan cierta presión sobre los satélites y los mueven y además calienta la atmósfera y cambia las condiciones de rozamiento", ha explicado.
Además, ha señalado que "no se conoce con precisión la actividad solar que se va a producir ni que superficie se va a enfrentar a la atmósfera", dos aspectos que mantienen la incertidumbre acerca del destino del cuerpo.
El de este satélite de la NASA, dedicado a la observación de las capas altas de la atmósfera de 1991 a 2005, es un caso "poco habitual" ya que, tal y como ha explicado Molina a Europa Press, la reentrada es "un proceso natural" por el que pasan todos los satélites aunque "no nos enteramos de ello porque se desintegran completamente".
La vida útil de los satélites
La vida útil de un satélite ronda los 15 años aunque, depende de las condiciones en las que tengan que trabajar "más o menos cerca de la atmósfera", puede durar entre 3 y 10 años. Tras su vida útil, durante la cual van perdiendo altura y se produce la reentrada.
Acerca de este momento, Molina ha señalado que en los satélites antiguos, aquellos que terminaron su misión a finales de los 90, se les acababa el combustible y el proceso de reentrada "no era controlable porque no se podía forzar al satélite a caer en un punto concreto de la Tierra". "Si el satélite tiene combustible en un momento dado se encienden los motores y se empuja en una dirección para que reentre en el área que interesa", ha explicado el experto.