(1937-2011)
Fallece en Nueva York el hispanista Thomas Mermall
domingo 25 de septiembre de 2011, 11:21h
La noche del 22 al 23 de septiembre, hacia las ocho, hora de Nueva York, moría en un hospital de Manhattan Thomas Mermall, hispanista ilustre y profesor en sus últimos años de docencia en el Brooklyn College. Cuando en una revisión médica rutinaria le descubrieron un cáncer de páncreas decidió luchar, apoyado muy de cerca, por su mujer Penélope. Sus amigos más cercanos seguimos, asombrados de su fortaleza y buen ánimo, el rápido curso del desigual combate contra ese desorden celular que nombramos con un signo del zodíaco. Él fue siempre optimista y realista. Finalmente, cuando después de la operación y de una breve convalecencia todo parecía indicar que se había superado la enfermedad, el mal dio otra vez la cara y ya no hubo nada que hacer. El 8 de septiembre aún hacía planes escribiendo e-mail.
Los años que siguieron a su jubilación fueron de una actividad insospechada. Retomó el estudio del francés, lengua que había amado pero que no pudo competir con su primer amor, el castellano (o español, como él prefería decir). Pero sobre todo se concentró en la redacción de sus memorias. Semillas de gracia es un texto singular donde afortunadamente la voz del narrador se ha desprendido de todas las sabidurías retóricas del excelente teórico del lenguaje que fue Mermall. Quiero decir que la voz que rememora es una voz transparente y cercana a las cosas que cuenta –aunque sean estas lejanas y opacas y complejas. La aventura del niño judío que escapa a los nazis y a la Historia, escondido con su padre en un bosque, es el arranque de la memoria de una vida que tuvo en el silencio de Dios, la fragilidad y misterio del bien (mostrado por el hombre que les salvó la vida en el bosque), y el cuidado amoroso de la propia existencia, las fuentes de sentido.
Lo que uno sacaba en limpio cuando trataba a Tomás es que era un hombre capaz de disfrutar de la vida, de una conversación inteligente, de un vaso de vino, de un libro, de la contemplación de una mujer hermosa. Lo que no hemos sabido hasta leer sus memorias, sus “semillas de gracia”, es lo profundo que podía ser ese sentimiento de estar vivo, goce de las cosas buenas, alegría y asombro de estar vivo.
Pero su trabajo formaba parte de su sistema de goces. Era un investigador exhaustivo, muy cuidadoso con los detalles y la presentación final de sus textos. Eso explica, por ejemplo, que la edición crítica de La rebelión de las masas que editó hacia finales de los noventa, rescatando el libro no solo de un relativo olvido sino de una lectura sesgada, le llevara más de dos años y que, en última instancia, no sea muy extensa la obra que deja.
La muerte, sentenció Ortega, es la soledad en que te deja la ausencia irreversible del otro, el amado, el amigo. Me temo que vamos a ser muchos los que hemos comenzado a sentirnos un poco más solos.