NEUROCIENCIA
El desarrollo de retinas artificiales puede mitigar las patologías visuales
lunes 07 de noviembre de 2011, 11:26h
Un equipo internacional trabaja conjuntamente en la investigación de tratamientos y dispositivos para mitigar los problemas de visión. Los científicos acogen con realismo la investigación, de modo que no se pretende una recuperación perfecta de la vista sino una transmisión de información útil para que el afectado pueda desarrollar actividades básicas como leer, orientarse o moverse. El científico a cargo de liderar el grupo, Eduardo Fernández Jover, explica en qué consiste el avance.
La recuperación de la vista no será, de momento, total. El avance sí podría lograr una percepción suficiente como para que personas con graves problemas de visión logren percibir su entorno. La idea concreta que se persigue es ‘transmitir una información útil para tareas muy concretas’, detalla Eduardo Fernández.
El equipo tiene confianza en su proyecto pero avanza de forma lenta y cautelosa: “De todas formas, y aunque el futuro es esperanzador creemos que es importante avanzar poco a poco y no crear falsas expectativas ya que nos enfrentamos a un problema muy complejo”, expone el investigador.
El proceso se basa en transmitir información visual al paciente. La captación de esa información se logra al codificar el campo visual de la persona a través de una retina artificial, con un funcionamiento muy similar al de una retina humana a la hora de procesar y captar la información. El paso final será el envío de esa información visual a la parte del cerebro responsable de la visión.
Eduardo Fernández incide en la idea de que no se persigue una imagen de alta resolución que abarque todo el campo visual, ya que se trata de una aproximación que busca ser eficaz ante todo. “Para ello es imprescindible conocer como se codifica la información en la retina y como se transmite esta información a la corteza visual, por lo que esta es una de nuestras principales líneas de investigación”, afirma el científico.
Actualmente, se están investigando tratamientos dirigidos a enfermedades degenerativas, como la audición “que representa uno de los ejemplos más exitosos de las modernas neuroprótesis sensoriales”, señala Eduardo Fernández. De hecho, “existen ya dispositivos electrónicos que permiten restituir la audición en algunos pacientes sordos”, expone el investigador. La comunidad científica de este avance pretende seguir muy de cerca cómo avanzan los dispositivos auditivos dado que, al igual que las neuroprótesis, actúan por estímulos eléctricos. Una de sus fuentes a seguir es el Instituto de Neurociencias de Castilla y León, muy relacionado con el sistema auditivo.
El proceso de implantación en el cuerpo humano no resultaría demasiado complicado: “Con respecto al funcionamiento seria, en cierta forma, análogo al de los implantes cocleares para recuperar la percepción auditiva e implicaría una pequeña intervención quirúrgica para colocar los microdispositivos de estimulación y registro”, especifica el experto.
Los estudios se desarrollan con animales de investigación para validar la seguridad y efectividad del resultado. Aquellos centrados en humanos se han iniciado, con la colaboración de la Universidad de Utah –Estados Unidos-, para probar la implantación de los microelectrodos –responsables de la estimulación eléctrica- en la corteza cerebral.
El equipo científico ha mantenido una relación constante con profesionales sanitarios, asociaciones de pacientes con problemas visuales y con otros investigadores, para llegar a comprender cómo se modifica el cerebro en el proceso de adaptación de un sujeto con pérdida de visión.
Los dispositivos no sólo pretenden cubrir necesidades básicas de las personas, sino ser, a su vez, asequibles. “Por ello nuestra intención es que no resulten especialmente caras para los pacientes y puedan, incluso, llegar a ser asumidas por los sistemas nacionales de salud”, concreta Eduardo Fernández.
El desarrollo y estudio de neuroprótesis no es sencillo. Los científicos trabajan acompañados de dificultades propias de esta línea de investigación: “Dificultades quirúrgicas, y hasta aspectos éticos (experimentación animal, colaboración de personas con discapacidades visuales) y psicológicos (dificultades de adaptación e rechazo psicológico por parte de la persona a la que se practique el implante)”, declara el experto.