Revista de prensa
Sólo [i]El País[/i] ve la justicia al revés en el caso Garzón
miércoles 18 de enero de 2012, 09:06h
El juicio al juez Garzón por ordenar grabar los encuentros entre detenidos por el caso Gürtel y sus abogados en la cárcel son tema único en los diarios de este miércoles. La versión que sobre esta primera jornada y las diferencias en las fotos, con o sin toga, marcan las diferencias. Así, leemos desde “Garzón alega que espió a los abogados para evitar un delito” (El Mundo), “Los abogados de Gürtel jugaban un papel básico en el blanqueo” (El País) o “Garzón se revuelve: Los abogados eran parte nuclear de la trama” (Público) a “La última maniobra de Garzón” (La Razón), “Garzón, el juez estrella se apaga en el banquillo” (ABC) o “Garzón: Yo no intervine a los letrados sino a los internos” (La Gaceta). Que el Gobierno intervendrá las CCAA que no cumplan el déficit también tiene su sitio en unos periódicos que también se hacen eco de la lamentable actuación del comandante del crucero hundido. Una noticia que llama la atención en ABC, “El fraude de Andalucía llega a la contratación de discapacitados”.
El Mundo Tríptico del juez durante su declaración, es decir, sin toga, y el titular “Garzón alega que espió a los abogados para evitar un delito” y añade que se escuda en que la Policía le avisó de que la trama Gürtel trataba de blanquear su dinero. Añade que admite las grabaciones, pero dice que no las utilizó en la instrucción. Al respecto, “Chacón asegura que se le juzga por perseguir la corrupción”. Más asuntos, “El Gobierno intervendrá las CCAA que no cumplan el déficit”, “El fiscal investiga el fraude de las mamas de silicona en 15.000 españolas” y “El capitán del crucero se cree un héroe por salvar miles de vidas”.
El Mundo justifica la presencia de Baltasar Garzón ante el juez: “Se ha comportado en este asunto como si el fin justificara los medios, olvidando que esa misma era la filosofía de la cúpula de Interior que él investigó en el caso GAL. Pero un Estado de Derecho funciona con una serie de garantías jurídicas que el juez ha ignorado, lo que justifica que el Supremo le haya sentado en el mismo banquillo en el que él contribuyó a sentar a unos altos cargos que vulneraron los derechos que debían proteger”.
Del mismo modo, La Razón abre con “La última maniobra de Garzón” y señala que “el polémico magistrado pretende una nueva instancia sin precedentes y pide que la Sala 61 del Supremo revise la sentencia en caso de condena”. También en clave judicial, “El juicio a Camps cuesta diez veces más que la multa que pide la Fiscalía”. Además, “El Gobierno anticipará pagos a las autonomías en apuros y confirma que intervendrá a las que incumplan el déficit”.
La Razón sostiene que “la imagen de Baltasar Garzón, el magistrado mediático por excelencia, sentado en el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo es un buen ejemplo de la existencia de una justicia igual para todos”. Según este diario, “Garzón intentó entorpecer todo lo que pudo el desarrollo normal de la Justicia”.
Carlos Alsina expone una reflexión en su columna en este periódico sobre la justicia, pero esta vez sobre el caso de Marta del Castillo: “La insatisfacción por el fallo –seamos claros- es consecuencia de que los medios hemos construido un relato previo, una sentencia preventiva ante la que no cabían dudas. El comentarista no se ve obligado a explicar por qué la acusación le parece cierta y la defensa, mentira sobre mentira. Un tribunal, sí. Si un hecho no alcanza a ser probado puede ser por dos motivos: que se hayan eliminado pruebas o que el hecho, simplemente, no ocurriera. Los medios proclamamos la culpa y luego nos indignamos con quien no secunda nuestra condena previa. ¿Quién es aquí juez y parte?”
El País también abre con imagen del magistrado, con toga, y el titular “Los abogados de Gürtel jugaban un papel básico en el blanqueo” y destaca también que el juez señala que no ordenó grabar a los letrados sino a los presos y que “las escuchas se hicieron para evitar que se siguiera delinquiendo”. También lleva la grabación en la noche del naufragio del Concordia: “¿Cómo que ha abandonado la nave? ¡Suba a bordo, hay muertos!”. Más cosas, “Bruselas lanza contra Hungría un expediente de sanción por su deriva autoritaria” y “Rajoy promete salvar a las autonomías con falta de liquidez”.
El País, en su editorial principal y al contrario que El Mundo o La Razón, no entiende el juicio a Garzón: “No deja de ser preocupante, como síntoma de una justicia al revés, que los presuntos delincuentes logren sentar en el banquillo al juez que los investiga, mientras la justicia se muestra parsimoniosa en exigirles cuentas por sus fechorías. No es sorprendente, sin embargo, que ello le ocurra al juez Baltasar Garzón y en relación con el ‘caso Gürtel’. Si Garzón aplicó incorrectamente la ley -no más que el juez Pedreira, su sucesor en la instrucción del caso Gürtel, que prorrogó las escuchas, o el juez del Tribunal Superior de Madrid que las consideró ajustadas a derecho-, ese error ha sido subsanado. El derecho de los afectados a un proceso justo está garantizado. ¿Tendría el Supremo que ampararles también en su empeño de inhabilitar a Garzón como juez?”
ABC señala “Garzón, el juez estrella se apaga en el banquillo” y destaca que la acusación le culpa de ordenar escuchas indiscriminadas y de dar un cheque en blanco a la Policía para investigar la trama Gürtel. Además, “El Gobierno tutelará a las autonomías incumplidoras” y “El fraude de Andalucía llega a la contratación de discapacitados”.
ABC sostiene que hay razones para acusar a Garzón: “No se le acusa de emplear en un sentido u otro información confidencial, sino, simplemente, de haberla obtenido vulnerando los más elementales principios de la legalidad. Eficacia y garantías son conceptos compatibles en el proceso penal. Por esto, y no por ajustes de cuentas o revanchismos, está sentado Garzón en el banquillo de los acusados”.
Ignacio Camacho sostiene este mismo argumentario: “El protagonismo de Garzón, su vehemencia militante, delatan una vis política que apenas encaja embutida en una toga. Su ofuscado talante justiciero no cuadra en el escrupuloso corsé de las garantías procesales y necesita un campo menos reglamentado, más abstracto, quizá más ideológico. Parece mejor capacitado para hacer leyes que para aplicarlas”.
Para terminar, La Gaceta va por “Garzón: Yo no intervine a los letrados sino a los internos” y “El Gobierno tendrá todas las reformas concluidas a mediados de febrero” y Público “Garzón se revuelve: Los abogados eran parte nuclear de la trama”.