Opinión

Medianoche en Occidente

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 12 de mayo de 2024

Del 12 al 13 de mayo de este año se celebra en Israel y en las comunidades judías el Día de Recuerdo de los Caídos en las Guerras de Israel y de las Víctimas de Atentados Terroristas. Es una conmemoración que queda entre el Día de Recuerdo de los Shoah y el Día de la Independencia. No hay familia en Israel que no conozca algún caso de muerto o herido en las guerras desde 1948 o en los atentados terroristas que Israel viene sufriendo desde su nacimiento. En realidad, el terrorismo contra los judíos se remonta a muchos años antes de que el Estado de Israel viese la luz. El 24 de agosto de 1929, una turba de árabes armados de palos y cuchillos asaltó las casas y los comercios de los judíos de Hebrón, a 30 kilómetros al sur de Jerusalén. Mataron a 67 e hirieron a más de 50. De ahí, la violencia se extendió a otras localidades. Cinco días después, en Safed, al norte de Israel, una masa de árabes mató a 20 judíos e hirió a otros 80.

Las celebraciones de estos días se producen en medio de una oleada de manifestaciones y actos antisemitas que se extiende por todo el mundo. El pretexto son las protestas por las operaciones militares contra Hamás en la Franja de Gaza. La motivación real es el odio a Israel, que aflora cuando se corean consignas como “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”. Aquí no se pretende condenar la acción militar de unas fuerzas armadas, sino la mera existencia del Estado judío democrático. Aquí no se pide a Hamás que libere a los rehenes -es increíble esta confusión moral- sino que se exige a Israel que cese las operaciones para liberarlos. Aquí se reclama a Israel que deje de defenderse en lugar de requerir a Hamás que abandone la armas.

Ya hemos escrito en este mismo lugar acerca de cómo opera una organización terrorista como Hamás. Ya hemos descrito cómo se camufla entre los civiles, a los que emplea como escudos humanos, y cómo capitaliza políticamente el sufrimiento que ocasiona. Sin embargo, a Hamás no le basta el terror para sobrevivir, sino que también necesita la agitación y la propaganda.

En efecto, los terroristas actúan sabiendo que, en todos los países occidentales, habrá movilizaciones para apoyar sus acciones. Desde el BDS y otras organizaciones antisemitas hasta la ofensiva de acampadas en las universidades estadounidenses y europeas, decenas de miles de jóvenes saldrán a protestar creyendo que luchan por la justicia y la liberación contra el imperialismo, el racismo y el colonialismo. Las viejas consignas soviéticas siguen intoxicando a generaciones de estadounidenses y europeos. Entre el personal docente y, más en general, en el mundo académico, cierta dosis de odio a Israel -una dosis que en estos días resulta reforzada- abre puertas y da prestigio. El caso de Claudine Gay, la presidenta de Harvard cuya tolerancia del antisemitismo desató el escándalo en todo el mundo, es sólo un ejemplo de la popularidad del discurso antisemita en los círculos progresistas de todo Occidente.

La demonización sistemática de Israel, los intentos de deslegitimar su existencia y el doble rasero a la hora de enjuiciar sus acciones sirven como patrones para discernir la crítica legítima del antisemitismo más o menos encubierto. Bueno, en días como éstos, lejos de esconderse, esos antisemitas salen a la luz entre vítores y aplausos. Así se agrupó una multitud que rodeó el hotel en que pernoctaba Eden Golan, la cantante israelí que participaba este año en Eurovisión. Durante toda la noche hubo gritos y ruido para impedir que durmiese. Proliferaron los llamamientos a boicotear su actuación, a cancelar su participación y a expulsarla del concurso.

La indignación de las voces contra Hamás -a menudo tibias, con frecuencia equidistantes- se ha ido ensordeciendo a medida que Israel actuaba contra la organización terrorista. La movilización, claro está, dista de ser espontánea. La red de organizaciones no gubernamentales, plataformas e instituciones es muy tupida y comprende ideólogos, directivos, activistas y financiadores. Según los países, puede haber ciertas diferencias en la superficie. Por ejemplo, en España opera Samidoun, una pretendida red de solidaridad con los presos palestinos (no precisan cuántos de ellos cumplen condena por terrorismo) mientras que en Alemania Samidoun está declarada ilegal y disuelta. Hay países en los cuales los ministros se atienen a sus responsabilidades políticas mientras que, en España, Sira Rego -de padre palestino- tuitea “desde el río hasta el mar”. He aquí la confusión moral en que está sumido Occidente.

Adolf Hitler, Joseph Stalin y otros grandes antisemitas de la historia contemporánea estarían satisfechos de cómo se ahoga nuestra civilización.

Así cae la oscuridad.

Ya es medianoche en Occidente.