director del Centro de Estudios Orteguianos
Discurso de Zamora Bonilla en la presentación de las nuevas Obras completas de José Ortega y Gasset
viernes 24 de febrero de 2012, 03:13h
DISCURSO DEL DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDISO ORTEGUIANOS, JAVIER ZAMORA BONILLA, EN LA PRESENTACIÓN DE LAS NUEVAS OBRAS COMPLETAS DE ORTEGA Y GASSET:
Altezas, señora secretaria de Estado de Educación, señor presidente y señor director general de la Fundación Ortega-Marañón, señor secretario general técnico de la presidencia de Telefónica, señor presidente del Grupo Santillana, señor director académico del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, compañeros, señoras y señores.
Me adhiero a los agradecimientos que ha expresado nuestro presidente, empezando por el que debemos a Sus Altezas por realzar con su presencia aquí, esta mañana, el trabajo realizado para la publicación de las Obras completas de don José Ortega y Gasset.
Sobre este atril escribió don José Ortega y Gasset muchas de las páginas que ahora hemos reunido en la nueva edición de sus Obras completas. Podemos imaginárnoslo aquí, frente a él, unas cuartillas en blanco sobre el mismo, otras, rellenas con las anotaciones de múltiples lecturas, la pluma en una mano, con la otra frotándose la cabeza a la espera de que la idea brote para manchar con la tinta la siempre azorante blanqueza del papel, la mirada –con esos ojos penetrantes y a la vez receptivos que tanto impresionaron a sus alumnos– perdida sobre el horizonte, quizá observando absorto desde una ventana de la Casa de Oficios de El Escorial las montañas de su querida Sierra del Guadarrama. Los ojos se quedan un instante contemplando las nubes que anuncian lluvia sobre el monasterio y el azul grisáceo de ese cielo madrileño que tan magistralmente pinto Velázquez. De pronto, la mano que frotaba la frente se apoya en el atril y la otra, ágil, con la pluma en ristre, escribe la primera línea: “Galicia es miserable como Mignon pero como ella tiene melodías admirables”.
Son estas las primeras palabras publicadas del que habría de ser uno de los prosistas españoles más brillantes y el filósofo más importante de nuestra historia. Las escribió para el Faro de Vigo, en 1902, como una “Glosa” dedicada “A Ramón del Valle Inclán”. Y, no, no las escribió en El Escorial, sino en tierras gallegas, con diecinueve años, durante el verano que se licenció en Filosofía. Con ellas se inicia el primer tomo de estas Obras completas.
Altezas, es un honor y una satisfacción ofrecerles estos 10 tomos, estas casi 11.000 páginas, 10.672 siendo exactos, que no son muchas si tenemos en cuenta que para fijar el texto de las mismas hemos manejado la que ahora nos parece abrumadora cifra de 70.000, pues se han cotejado distintas versiones de artículos, libros y manuscritos conservados en la Biblioteca y en el Archivo de la Fundación.
Los seis primeros tomos recogen toda la obra que Ortega publicó entre 1902 y 1955, incluido el último texto que envió a la imprenta y que apareció ya en 1956. Se trata de su última conferencia, que versó sobre “La Edad Media y la idea de Nación”. La pronunció en Venecia pocos meses antes de su muerte. En ella, volvió a exponer su idea, ya entonces veterana, de que Europa sólo saldría de la crisis histórica en que estaba metida –de la que las dos guerras mundiales no eran sino un síntoma– cuando se decidiera a cumplir por fin el proyecto de unión política que desde hacía siglos anunciaba ser.
En los seis primeros tomos de estas Obras completas están todos los libros del filósofo, títulos muy conocidos, e, incluso –lo que suele ser menos frecuente en nuestro país– reconocidos. Cito algunos: Meditaciones del Quijote (1914), El Espectador (que sumó ocho volúmenes entre 1916 y 1934), España invertebrada (1922), El tema de nuestro tiempo (1923), La deshumanización del arte e Ideas sobre la novela (1925), La rebelión de las masas (1930), Misión de la universidad (1930), Estudios sobre el amor (1939), Ensimismamiento y alteración / Meditación de la técnica (1939), Ideas y creencias (1940), Historia como sistema y Del Imperio romano (1941), En torno a Galileo (1947) o Papeles sobre Velázquez y Goya (1950).
Muchos de estos libros, la mayoría, aparecieron primero en los faldones o folletones de las amplias planas de los diarios de la época. Algunos de sus libros nacidos de la recolección de artículos periodísticos, como Estudios sobre el amor, vieron primero la luz en otras lenguas, como el alemán. Y varios de ellos, especialmente La rebelión de las masas, alcanzaron elevadas cifras de ventas en Estados Unidos y Alemania, donde todavía siguen encontrando el calor de los lectores. En Francia, país en el que la obra orteguiana ha tenido más dificultades para su difusión, recientemente se han agotado dos impresiones de la nueva edición de esta famosísima obra, que ha merecido amplias reseñas en Le Monde, en Le Figaro y en la prestigiosa radio nacional France Culture, cuya página web presenta a Ortega como “l'un des plus éminents représentants de l'humanisme libéral européen du XXe siècle”.
Ortega, que decía de sí mismo que había nacido sobre “una rotativa” (III, 345), transformó el mundo periodístico de su época. Enseguida incitó a su padre para que introdujese novedades editoriales en El Imparcial. Más tarde impulsó numerosos proyectos, como las revistas Faro, Europa y España. A finales de 1917 llegó el diario El Sol, en el que publicó casi toda su obra hasta 1931, y en 1923 Revista de Occidente, que todavía sigue publicando la Fundación. La revista acogió en sus páginas a los filósofos, científicos, literatos y artistas más importantes, y presentó en español lo que Ortega había llamado “la nueva sensibilidad”, esa transformación radical de los usos, de las ideas y de los valores que se produjo en Europa entre finales del siglo XIX y los años treinta del siglo XX.
Además, la obra de Ortega, desde muy pronto, se publicó en Argentina, primero en La Prensa, entre 1911 y 1914 y luego en La Nación, entre 1923 y 1941, los dos diarios bonaerenses de mayor difusión. Desde 1923, Revista de Occidente también llegaba a Hispanoamérica, mientras muchos diarios hispanoamericanos reproducían los artículos del filósofo y las librerías acogían encantadas sus libros.
Todos estos libros y artículos publicados a uno y otro lado del Atlántico están ahora recogidos en los seis primeros tomos de estas Obras completas, mientras los cuatro últimos tomos agrupan toda la obra orteguiana que era inédita a su muerte. Están ahí muchos de sus cursos universitarios o públicos, en los que elaboró su filosofía de la razón vital e histórica o su pensamiento social. Muchos eran ya conocidos por la ingente labor que la familia de Ortega, algunos discípulos y varios investigadores han hecho durante décadas para publicarlos. Baste recordar ¿Qué es filosofía? (1929) o El Hombre y la Gente, del que ahora ofrecemos una versión inédita, la del curso bonaerense de 1939-1940. También están en estos últimos volúmenes, libros tan significativos como La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva (escrito hacia 1947, aunque de edición póstuma), que es un impresionante diálogo entre Ortega y algunos de los más enjundiosos pensadores de la historia: Aristóteles, Descartes, Leibniz, Kant, Husserl, Heidegger...
Quisiera destacar muy sucintamente algunas de las principales novedades de estas Obras completas. Muchos textos permanecían todavía sin publicar dentro las carpetas del Archivo. Una exhaustiva investigación de los manuscritos, gracias en gran parte a la digitalización de los materiales que se emprendió hace unos años, nos ha permitido localizar la nada despreciable cifra de 107 inéditos, algunos tan significativos como su primer gran curso en el Ateneo de Madrid, “Tendencias actuales de la filosofía” (1912); o las lecciones del curso universitario de la cátedra de Metafísica de 1921-1922 que completan El tema de nuestro tiempo, libro nacido de este curso; o varios de los cursos en que Ortega explica su filosofía de la razón vital, empezando por el que fue la primera exposición pública de la misma bajo el título ¿Qué es la ciencia, qué la filosofía?, impartido en Buenos Aires en 1928, que ahora se ha incorporado al octavo tomo. En estos años de finales de los veinte y comienzo de los treinta del pasado siglo, la filosofía orteguiana alcanzó su madurez con el desvelamiento de la vida como realidad radical, a la vez histórica y proyectada hacia el futuro. Ahora, los lectores y los investigadores tienen muchas más fuentes para adentrarse por los entresijos de una de las filosofías más hondas del siglo XX, con cursos hasta ahora inéditos.
Los primeros seis tomos, a pesar de agrupar la obra publicada por el propio Ortega, presentan también novedades. Por ejemplo, 60 textos no se habían vuelto a publicar desde su primera edición y andaban desperdigados por revistas y periódicos. Para no extenderme, citaré sólo dos: un artículo sobre “Las Cortes de Cádiz”, publicado en 1912 con motivo del centenario de la Constitución gaditana. Ortega comenta en él su visión del primer liberalismo español, que verán ustedes es algo distante de algunas simplificaciones actuales y conviene tenerlo en cuenta este año en que celebramos el bicentenario de La Pepa. El segundo que quiero destacar es un libro nunca publicado desde su primera edición, Cultura europea y pueblos europeos, del que sólo existía una publicación en alemán de 1954. En esta obra, Ortega expone nuevamente su ideal europeísta.
Quisiera destacar asimismo dos novedades que quizá sean menos visibles a primera vista, pero que son las más importantes desde la perspectiva –palabra tan orteguiana– de la –si me lo permiten y dicho modestamente– excelencia científica del trabajo realizado. La primera novedad es el uso de las nuevas tecnologías, que ha sido, a este respecto, crucial y una de las innovaciones más relevantes de la presente edición. Hasta la fecha ninguna publicación de obras completas de un autor español (o en español) había utilizado las nuevas tecnologías al nivel que se ha hecho en ésta para una pulcra fijación del texto.
La segunda novedad que quería destacar es la transparencia con la que se presentan al lector las decisiones que han llevado a la fijación canónica del texto. El aparato crítico que acompaña a cada volumen es, sin lugar a dudas, la mayor fuente de información para el estudio de la obra del pensador español. En las 425 páginas de las Notas a la edición se explican con detalle todos los aspectos relevantes sobre la selección de las versiones o manuscritos utilizados, al tiempo que se da información sobre el acontecimiento que dio origen al texto, sobre la autoría cuando se publicó de forma anónima, sobre la relación textual con otros escritos orteguianos, etc., etc. Las 189 páginas de la Noticia bibliográfica señalan las ediciones y los manuscritos utilizados para la fijación del texto.
Pero quizá lo más impresionante sean las 469 páginas que forman los Apéndices de los seis primeros tomos, las cuales ofrecen las variantes entre las distintas versiones cotejadas electrónicamente, que en algunos casos, como el de La rebelión de las masas, han supuesto hasta 15 testimonios distintos.
Con el Apéndice, si el lector se toma la paciencia de ir seleccionando las variantes, se podrían leer las 15 versiones cotejadas, así que podríamos leer La rebelión de las masas en los folletones de El Sol, las versiones resumidas que aparecieron en La Nación de Buenos Aires, la primera edición del libro de 1930, la primera edición con el “Prólogo para franceses” de 1937, las seis ediciones de Obras y Obras completas hasta 1955, etc., etc. Este Apéndice es una fuente importantísima para analizar cómo Ortega va matizando su estilo literario y su pensamiento o cómo lo amolda al periódico o al libro, al lector hispanoamericano o al español.
Además el Aparato crítico ofrece 136 páginas de Índices onomásticos y toponímicos, más 737 páginas de Índices generales en el tomo X. Éstos incluyen un exhaustivo Índice de conceptos, onomástico y toponímico, que tiene 551 páginas y 5.128 entradas principales, elaborado por el profesor Domingo Hernández; una Cronología del corpus textual de Ortega y un Índice alfabético de títulos.
Estas Obras completas establecen un nuevo nivel para abordar los estudios del pensamiento en español del siglo XX, pero no son un fin, sino un medio para seguir trabajando, para seguir estudiando nuestra historia. Ya estamos embarcados en nuevos proyectos como la catalogación temática de las Notas de trabajo de Ortega, nada menos que 15.000 fichas, y también de su Epistolario. Pronto verán la luz nuevas ediciones de su legado, al tiempo que trabajamos para conocer más a fondo las redes intelectuales y de socialización cultural de la Edad de Plata y de la llamada Escuela de Madrid.
Para finalizar, tres flashes, si me permiten la metáfora dado que uno no está acostumbrado a hablar delante de tanta cámara, tres flashes, digo, sobre la vigencia del pensamiento orteguiano.
Primero: ya he señalado su ideal europeísta. No insistiré en ello, pero recuerden que Ortega decía que para salir de la crisis histórica en que Europa se había metido, por la radical puesta en cuestión de las vigencias sociales, hacía falta una organización política europea supranacional, que sería un contrapeso –lo dice en La rebelión de las masas– a los totalitarios planes quinquenales –hoy fuera de nuestro horizonte– o a la presión de las civilizaciones china e islámica. Recordemos sus palabras textualmente: “la probabilidad de un Estado general europeo se impone necesariamente. La ocasión que lleve súbitamente a término el proceso puede ser cualquiera: por ejemplo, la coleta de un chino que asome por los Urales o bien una sacudida del gran magma islámico” (IV, 355). Recordemos también que en este mismo libro, tantas veces malinterpretado y vilipendiado, el filósofo afirma: “la democracia liberal fundada en la creación técnica es el tipo superior de vida pública hasta ahora conocido; (...) ese tipo de vida no será el mejor imaginable, pero el que imaginemos mejor tendrá que conservar lo esencial de aquellos principios” (IV, 403).
Segundo flash: muchas de las ideas orteguianas alumbraron consciente o inconscientemente a numerosos actores de nuestro actual sistema democrático. Hoy es reconocido su influjo en el diseño constitucional de nuestro estado autonómico, gracias a la distinción conceptual que Ortega estableció entre federalismo y autonomismo. La Transición española reflejó bien el sentido del título de un libro en que varios textos del filósofo fueron publicados en 1946 por la editorial Norton en Estados Unidos: Concord and Liberty, concordia y libertad, dos expresiones del ideal ciceroniano que Ortega analiza en su estudio Del Imperio romano, cuyo sentido, en cierta forma, veía también reflejado en aquella exclamación con la que Shaftesbury quiso poner fin a las guerras religiosas que habían bañado de sangre la Europa moderna: Liberty and letters! Libertad y cultura como claves de la tolerancia.
Tercer, y último, flash: con su filosofía de la razón vital e histórica, Ortega intenta lo que todo gran filósofo: comprender el mundo en que vivimos y, muy especialmente, comprender a ese extraño habitante del mismo que es el hombre, a ese ser que no es una cosa sustante sino una realidad radical viviente, conviviente, que viene de un pasado, se enfrenta a un presente y proyecta su futuro, o por decirlo con aquel famoso verso de Quevedo en uno de los sonetos más conmovedores y a la vez profundos de nuestra literatura: “soy un fue, y un será, y es cansado”. Imagino que ustedes han llegado ya cansados a este final. Concluyo, entonces, diciendo que el pensamiento de Ortega, sometido como todo pensamiento a la crítica, en sentido kantiano, que exige cada nuevo tiempo, nos puede servir de guía para seguir pensando, para proyectar nuestro futuro.
Altezas, aquí tienen las Obras completas de don José Ortega y Gasset, que ofrecen, como bien saben, agradables ratos de reposada lectura y múltiples incitaciones para pensar sobre el hombre, para pensar al hombre, al hombre concreto que somos cada uno de nosotros, para pensar algunos momentos claves de nuestra historia y las enseñanzas que de ellos puedan sacarse, para pensar el mundo que estamos construyendo y, también, para idear un futuro en el que este mundo sea más vividero.
Muchas gracias a todos por su atención.