La media de lluvias recogidas en los últimos tres meses se aleja de la normalidad de la época en un invierno que, desde la Agencia Estatal de Meteorología, califican como “extremadamente seco”. Sin que la primavera haya llegado todavía, los agricultores y ganaderos afirman encontrarse en una “situación bastante crítica y generalizada” en todo el país y reclaman al Ministerio de Agricultura un plan de medidas contra la sequía que canalice las ayudas necesarias para reactivar uno de los sectores que más daños estructurales y coyunturales acumula.
Los agricultores y ganaderos españoles siguen mirando al cielo. La lluvia, tan esperada, ha aparecido este fin de semana mojando apenas las expectativas del sector agrario. Con una timidez exagerada y localizada casi en exclusiva en la cornisa cantábrica, las escasas precipitaciones no han logrado mitigar “la
situación bastante crítica y generalizada” de la agricultura y la ganadería de nuestro país.
Así lo ha asegurado a este periódico
Alejandro García Gasco, responsable de producción agraria de la
Confederación de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). “Hay una necesidad urgente, inminente, de que llueva, pero aunque ahora mismo empezara llover mucho y hubiera una cierta mejora, algunos sectores ya no podrán salvarse de unas pérdidas considerables”, explica García Gasco.
En concreto, el cultivo de cereales ya sabe que los números vendrán teñidos de rojo. Las plantas ya nacidas se secan ante las temperaturas cálidas y la aridez de los últimos meses, mientras que las que acaban de ser plantadas han perecido en el intento de germinar. Algo parecido es lo que ocurre en el Levante, donde deberían de empezar a brotar en esta época los frutales y cultivos leñosos que, sin embargo, no se están desarrollando normalmente.

“Es una situación muy generalizada, que afecta a todo el país”, señala García Gasco, “incluso en las zonas donde existen presas y embalses no pueden solucionar el problema porque éstos están vacíos”, añade.
En lo relativo a la
ganadería, a la escasez de pastos, resentidos irremediablemente por la falta de agua, se une el aumento del precio del sustitutivo a la hierba natural: los piensos. “Las pérdidas en agricultura hacen subir los precios de muchos productos ganaderos”, apunta el responsable de COAG, alargando la cadena de perjuicios que el sector primario español está sufriendo a causa de la sequía.
“Esto es lo que le faltaba al sector para reducir aún más su viabilidad económica”. García Gasco reconoce que no es la primera sequía extrema que atraviesa el país, que padece una importante
carencia hidrográfica. Sin embargo, alude a dos factores que están haciendo de éste un periodo especialmente cruento para las actividades agrarias.
En primer lugar, la sequía se ha presentado de forma particularmente “brusca”. “El año pasado, por ejemplo, tuvimos una pluviometría buena, sin embargo, este otoño no ha caído una sola gota y la primavera, cuando las temperaturas empezarán a subir, ya está aquí”, explica.
Por otra parte, la escasez de precipitaciones ha terminado de deprimir una situación ya frágil de por sí, en medio de una crisis generalizada y, según García Gasco, “especialmente aguda para el sector agrario”, que acaba de recibir “una pésima noticia” con la aprobación del
acuerdo con Marruecos. “No podemos hacer mucho ante esa competencia desleal”, asegura.
Lo que sí se puede controlarEl acuerdo agrícola marroquí es sólo un ejemplo de la actividad política española en lo relativo a las actividades del sector primario, en la que García Gasco echa en falta “voluntad”. “Nuestro trabajo depende de la meteorología y eso no lo podemos controlar, pero hay otra serie de aspectos que nos afectan directamente y que sí son manejables, a los que no se hace caso”, denuncia.
Con la actividad semi parada y el balance productivo en el límite entre lo malo y lo peor, las diferentes asociaciones de agricultores y ganaderos sólo bajan la vista de las nubes para mirar hacia el
Ministerio de Agricultura. “Queremos presentar un estudio al Ministerio para que establezca un decreto de sequía a través del cual se pongan en marcha las ayudas necesarias”, cuenta el representante de COAG.
Los trabajadores del campo están en fase de estudio y análisis de los datos para cuantificar las pérdidas que ya se han hecho efectivas y las que se prevén antes del cierre del año. El horizonte no es nada halagüeño si se toman como referencia las cifras de la Agencia Estatal de Meteorología, que ya ha calificado este invierno como el más seco de los últimos 40 años. Sírvase como ejemplo ilustrativo los datos correspondientes al observatorio de Retiro, en Madrid, donde la media normal para esta época del año se sitúa en los
128,3 litros por metro cuadrado y la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha registrado entre diciembre de 2011 y febrero de 2012 una cantidad de
17,5 litros por metro cuadrado. La conclusión: sólo ha llovido un catorce por ciento de lo que debería.

Ante esta situación, el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente,
Miguel Arias Cañete, quien clausurará este domingo la asamblea general de COAG en Madrid, abogó esta semana por incrementar las ayudas al campo en estos momentos críticos. Sin embargo, los agricultores no perciben un esfuerzo real y efectivo por impulsar uno de los sectores más deprimidos y más necesarios de la economía española.
“De momento, no se notan las ayudas, sólo las relativas a la política socio-comunitaria”, asegura García Gasco. El representante de los agricultores y ganaderos espera “una llamada en breve para negociar la activación de un plan político contra la sequía” en el que se deberían de incluir, bajo su punto de vista, tres tipos de medidas.
Reformas necesarias“Es necesaria, en primer lugar, una revisión de la contribución, es decir, adaptar el IRPF a la realidad de la rentabilidad de los trabajos”, dice García Gasco, quien aboga, además por un “aplazamiento y reducción de pagos a la Seguridad Social” y una serie de “líneas de financiación” para cubrir costes. “Al fin y al cabo, esto no deja de ser un endeudamiento, pero al menos se podrá hacer frente a la reducción de la producción que estamos afrontando”, analiza.
Independientemente de la sequía, García Gasco considera que el sector agrícola precisa de una radiografía en profundidad para detectar sus “fugas”. La más sangrante, según el representante de los agricultores, es la diferencia de
precios de origen y destino. “El consumidor paga mucho más de lo que cuesta realmente el producto, el IPC sube y la renta agraria baja… ¿quién se lleva el resto, la diferencia?”, se pregunta. “Hay que poner orden en esto”, reclama García Gasco, quien asegura que actualmente el beneficio comercial de los productos agrarios está entre un 200 y un 300 por ciento. “Se está robando a las dos partes: a los trabajadores agrícolas y a los consumidores”.
El problema de la falta de agua sigue haciendo mella mientras algunas deficiencias de base del sector salen a la luz. Las lluvias no terminan de arrancar, y los agricultores y ganaderos siguen mirando al cielo y llamando la atención en la tierra: “Para desarrollar este tipo de acciones sólo hace falta
voluntad política”, sentencia el representante de agricultores y ganaderos.