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Crítica de arte

Clotilde de Sorolla: la devoción del artista por su esposa

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
jueves 15 de marzo de 2012, 19:21h
Actualizado el: 15 de diciembre de 2014, 18:53h
Clotilde García del Castillo, mujer de Joaquín Sorolla, debió ser una mujer excepcional. Es la sensación que se desprende de la exposición “Clotilde de Sorolla”, organizada por el Museo Sorolla, donde han sido reunidas 34 pinturas, 40 dibujos y 49 fotografías en un intento por demostrar la personalidad de Clotilde, quien debió permanecer en la sombra de un gran artista, a quien sirvió fielmente y amó en la misma medida.
Son varios los artistas, ya sea pintores o escritores, de quienes se ha dicho que mantuvieron una estrecha relación con sus mujeres, quienes formaron parte del proceso creativo del artista igual que sus experiencias o vivencias. La relación de Juan Ramón Jiménez con Zenobia Camprubí es un ejemplo, lo mismo que la de Joaquín Sorolla con Clotilde García del Castillo, con quien se casó con algo más de 20 años.

Una exposición en el Museo Sorolla permite al visitante conocer cuál fue la relación que mantuvieron, plena de inspiración, de amor y, por qué no decirlo, de dependencia. En Clotilde de Sorolla han sido reunidas 34 pinturas, 40 dibujos y 49 fotografías que muestran a Clotilde en diferentes edades, retratada mientras desempeña actividades cotidianas, leyendo –debió ser una ávida lectora-, o cuidado de sus hijos.

No queda ninguna duda de lo unidos que debieron estar pese a los viajes de Sorolla que los separaron. Las cartas de amor expuestas en la muestra dan cuenta de ello. En una, el pintor le dice a Clotilde: “Cuán feliz sería si estuvieras conmigo… Ando cojo, me falta tu sereno juicio y tus apasionados besos”.

La cantidad de retratos reunidos también vienen a confirmar esta idea. Clotilde de frente, de perfil o con la cabeza gacha ha sido dibujada en cada uno de ellos con los mismos rasgos, aunque en algunas pinturas su cara haya sido desvirtuada por una pincelada uniforme que impide distinguir su nariz aguileña, sus ojos saltones o sus labios carnosos.

Contrasta, sin embargo, la viveza de algunos de los lienzos en los que ella es la protagonista con la seriedad de otros. Así ocurre en Clotilde, retrato fechado en 1900, en el que priman las tonalidades oscuras y un rostro enigmático frente a la alegría que desprenden otros en los que flores animan la escena, ya sean dispuestas en un tiesto o como adorno en su cabello.

Una serie de dibujos a lápiz, carboncillo y pluma permite imaginarse a Clotilde en su vida cotidiana, cosiendo, jugando con sus hijos o descansando. Destacan también en la primera parte del recorrido los objetos personales de la esposa de Sorolla expuestos en una vitrina. Peinetas, pendientes, un broche o unas historiadas horquillas hacen pensar en que Clotilde debió de ser una mujer coqueta, aunque no de excesos. Otras pertenencias también se pueden ver en la muestra, como una blusa de gasa azul que hoy podría ser vendida como una prenda vintage , una hebilla de uno de sus zapatos o un broche regalo del pintor.

Exponer las fotografías de Clotilde en soledad y acompañada de Sorolla ha sido un acierto, ya que permiten comparar su rostro captado por la cámara con el que plasmó el pintor con su pincelada. La fidelidad es abrumadora.

Cuatro lienzos en los que Sorolla dibujó a su esposa de pie o sentada destacan por sus dimensiones. Clotilde con traje gris, 1900, es el primero con el que se topa el visitante, que será capaz de vislumbrar una sencilla sonrisa en sus labios, aunque su mano derecha aparezca apoyada en un gesto algo forzado sobre el brazo de la silla que tiene a su lado. Conviene no pasar por alto el modo en el que el pintor resuelve el efecto de drapeado de las mangas del vestido que luce su esposa.

Otro es Clotilde en el jardín, 1919-1920, en el que la mujer del pintor posa en el mismo jardín que se debe atravesar aún hoy para entrar al museo. Los tonos rosas, pastel, blancos y amarillos remiten al lienzo de gran formato que también puede verse en la exposición titulado Mi mujer y mis hijos, fechado en 1897-1898, es decir una obra de su primera etapa. Nada que ver, sin embargo, esta serena paleta cromática con la que domina el lienzo Clotilde con gato y perro, 1919-1920, en el que priman el negro y el marrón, como también ocurre en Clotilde con mantilla, donde la dibujó sentada, con las piernas cruzadas y una mano sobre el mentón.

Su testamento y las últimas fotografías expuestas dan por concluido el recorrido. De las instantáneas, Velando a Sorolla es, quizá, la más impactante por mostrar a una mujer arrodillada sobre el féretro del pintor. Cabe preguntarse, ¿acaso será ella? ¿cuánto le dolería su pérdida?...

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Sorolla, en Madrid.

Fechas: del 13 de marzo al 14 de octubre.

Horarios: de martes a sábado de 9:30 a 20:00 horas / domingo y festivos de 10:00 a 15:00 horas / cerrado los lunes.

Entrada: 3 euros
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