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viajó al espacio en el apollo 16

Charles Duke: “La gente tiene idealizado el concepto de ir a la Luna”

sábado 31 de marzo de 2012, 18:22h
Charles Duke forma parte de un club muy selecto: el de los únicos 12 hombres del mundo –tres de ellos ya fallecidos- que han caminado por la superficie de la Luna. Cuando están a punto de cumplirse cuarenta años de su misión en el Apollo 16 (del 16 al 27 de abril de 1972), Duke sigue viendo su hazaña como un “reto estratégico” más que como una experiencia espiritual, metafórica o mística. Convertido en cristiano practicante poco después de su viaje espacial, el ex astronauta asegura en una entrevista con EL IMPARCIAL que “no hay conflicto entre ciencia y fe” y que volvería a repetir su vida ahora mismo, a pesar de la situación “decepcionante” que vive Estados Unidos desde este verano, sin ningún tipo de naves capaces de enviar misiones tripuladas al espacio. “Es una decisión política”, dice Duke, quien apuesta por la vuelta del hombre estadounidense al espacio en menos de cinco años. Por Laura Crespo
“No podía ver nada porque tenía la cabeza llena de estrellas”. Charles Duke retrocede hasta el 27 de abril de 1972, cuando la nave estadounidense Apollo 16 caía sobre el Océano Pacífico tras 11 días de misión, 72 horas en territorio lunar y un nuevo éxito para el país de las oportunidades en la carrera espacial contra los soviéticos. Duke era uno de los tres hombres que, dentro de la nave, descendían a miles de kilómetros por hora para impactar sobre la superficie del mar. “Me recuperé rápido”. Lo de las estrellas no era una alusión poética a su aventura espacial. Durante la entrada en la atmósfera y la caída al agua, Duke se golpeó la cabeza con el asiento de la nave, lo que le mantuvo desorientado unos instantes. “Entonces me di cuenta de que estábamos en el océano, y que desde la nave ya no veíamos el espacio, sino el agua. Fue un momento para reorientarse… y después, lo primero que sentí cuando sabía que estaba en la Tierra, fue agradecimiento”. ¿Por estar vivo? ¿Por haber pisado la Luna? ¿Por haber surcado el cielo? ¿Por haber llegado donde pocos hombres lo habían hecho antes?... “Por haber aterrizado de forma segura… ¡y verdaderamente cerca de dónde habíamos previsto!”. Simple y claro.

A sus 77 años, Charles Duke sigue conservando una apariencia física soberbia. Alto, sobre todo para la media de los astronautas de la época, cabello totalmente blanco pulcramente peinado con una raya lateral, movimientos ágiles y sonrisa constante. Sin embargo, lo que más llama la atención del ex astronauta es la mentalidad instrumental, objetiva, que ni el paso de los años, ni el poder de la perspectiva ni el precipicio de la fama han conseguido deformar ni un ápice.

“Mucha gente tiene idealizado el concepto de ir a la Luna como una experiencia casi mística”, asegura Duke a este periódico. “Para nosotros fue una gran aventura muy real y estrictamente estratégica. Teníamos la responsabilidad de que la nave funcionara, de aplicar los procedimientos para los que tanto tiempo habíamos entrenado… nos lo tomamos como un reto operacional, táctico”, afirma.

El 16 de abril de 1972, cuando el cohete Saturno V lanzó al Apollo 16 hacia el espacio, Duke tenía 36 años. De las nueve misiones tripuladas del programa Apollo que se habían desarrollado hasta la fecha, había participado ya en cuatro, como controlador de las comunicaciones en dos y como suplente en otras dos, incluida la del Apollo 11, que marcó un hito en la historia de la NASA y de los Estados Unidos. A la quinta, Duke lo consiguió: fue nombrado piloto de la primera tripulación del Apollo 16, la penúltima nave que la agencia espacial estadounidense lanzó a la Luna y que ha otorgado al ex astronauta el título del hombre más joven que ha pisado la superficie lunar. “Estuve dos años entrenándome para la misión y cando me ví dentro del traje pensé ‘ahora sí, ya estoy preparado’”, cuenta Duke.

“Cuando era pequeño no podía querer ir a la Luna porque no existían aún los astronautas… mi madre hubiera pensado que estaba loco si se me hubiera ocurrido semejante cosa, pero lo que siempre he tenido claro es que quería servir a mi país”, relata Duke, a quien ese sentimiento patriótico y su sentido de la aventura llevaron a hacerse piloto. El lanzamiento del Sputnik de la URSS en 1961 dio el pistoletazo de salida a la carrera espacial entre soviéticos y estadounidenses que se disputaron, hasta mitad de los setenta, una meta indefinida y difusa. “Ahí fue cuando empecé a soñar con ir al espacio”. A Charles Duke se le había quedado pequeña la parte del cielo alcanzable mediante un avión y, tras formarse en Aeronáutica y Astronáutica, en abril de 1966 fue seleccionado como nuevo integrante de la NASA.

Evidencias suficientes
“No sé el resto, pero yo puedo asegurar que el Apollo 16 estuvo en la Luna”, dice Duke, socarrón, cuando se le pregunta por las teorías del montaje con respecto al primer alunizaje de Estados Unidos, protagonizado por Armstrong y Aldrin en el 69 y que supuso una victoria moral para Norteamérica frente a unos soviéticos que se les habían adelantado en todos y cada uno de sus objetivos espaciales previos hasta entonces.

Según Duke, las evidencias de que el hombre ha estado en la Luna son enormes dada la cantidad de objetos -banderas, vehículos lunares, restos de maquinaria utilizada en experimentos…- que han quedado allí como prueba, entre ellos, una foto de la familia de Duke que él depositó durante su misión y que es ya un icono de la conquista estadounidense del espacio.


Arriba, Charles Duke posa junto a una imagen suya de hace 40 años y otra de la fotografía de su familia que dejó en la Luna en 1972. Ambas imágenes forman parte de la exposición Nasa: la aventura del espacio, en el Recinto Ferial de la Casa de Campo de Madrid, a la que acudió este miércoles a dar una conferencia, acompañado de su mujer, en la imagen de abajo. Duke contó que se enamoró de ella perdidamente más conocerla y estuvo a punto de suspender sus estudios de Aeronáutica por dejarlos, en cierta manera, de lado. "Al final tuve éxito en las dos cosas: me casé y llegué a la Luna".


Los tripulantes del Apollo 16 consiguieron el récord de permanencia en superficie lunar: 72 horas que a Duke le parecieron poco. “Cuando nos avisaron de que teníamos que volver les dijimos ‘Por favor… ¡un par de horas más!’, como niños a quienes se les acababa el juego”, recuerda Duke.

Para el ex astronauta, la visión de la Luna es de las cosas más hermosas con las que se ha encontrado. “Es toda gris, pero muy brillante, y contrasta con la negrura del espacio… parece que puedes tocar la oscuridad si extiendes el brazo”, describe. Durante las tres jornadas que permanecieron en la Luna fue de día –el sol se esconde cada dos semanas, según explicó Duke-, lo que impidió que pudieran ver las estrellas, y la temperatura fluctuó entre los 30 y los 100 grados centígrados.

Y la Tierra… ¿cómo es desde la Luna? “Tuve que inclinarme mucho hacia atrás para poder ver la Tierra durante un instante, porque si sólo alzabas la cabeza lo que veías era tu propio casco”, explica Duke. “Lo que pensé es que estábamos muy lejos de casa y que ojalá esa máquina funcionara… ¡nadie saca un billete a la Luna sólo de ida!”.

¿De vuelta en cinco años?
Duke y su compañero John Young forman el penúltimo equipo de hombres que ha pisado la Luna. Después de que su misión regresara con éxito, sólo el Apollo 17, a finales de ese mismo año, ha aterrizado en la superficie lunar. Cuatro naves después –que sirvieron para realizar los primeros acoplamientos a la estación espacial Skylab- el programa Apollo murió.

Su sustituto, el potente el transbordador espacial, que se convirtió en el ojo derecho de la agencia espacial durante los ochenta, también vio finalizada su vida útil hace menos de un año, dejando a quienes pasaron a la historia como ganadores de la carrera espacial carentes de todo programa espacial activo. Los estadounidenses dependen ahora de las naves rusas para cualquier misión al espacio.

Charles Duke quería servir a su país, y eligió hacerlo de la forma más excitante posible. Ahora, dice estar viviendo una situación “decepcionante” y desvincula la inactividad de Estados Unidos en este aspecto del problema económico actual. “Podíamos estar viajando a la Luna y a Marte… es una decisión política”, opina.

La inversión en la industria aeroespacial en momentos de profunda crisis económica es un tema controvertido. Sin embargo, Duke defiende los programas de la NASA, no sólo como investigación del universo, sino como base de desarrollo de muchas de las nuevas tecnologías que hoy disfrutamos en nuestro día a día, como las comunicaciones instantáneas.



Cuando están a punto de cumplirse cuarenta años de la aventura lunar de Charles Duke, el parón en el envío de misiones tripuladas al espacio por parte de la NASA no es el único gran cambio sucedido. Unos seis años después del alunizaje del Apollo 16, Duke se convirtió en cristiano creyente y practicante.

“Cuando estuve en la Luna no me acordé de Dios, pero ahora mi mujer y yo rezamos varias veces al día”, afirma. ¿Es posible ser un hombre de ciencia y un hombre de fe al mismo tiempo? “Hay muchos científicos muy famosos desde el siglo XVI hasta ahora que creían o creen en Dios y no han tenido conflicto para compaginarlo con la investigación científica. Si crees que Dios es el autor de la ciencia y toda la física o el universo vienen de su creación, no hay conflicto entre ciencia y fe”, argumenta Duke.

¿Y si tuviera ahora 20 ó 30 años? Sin carrera espacial, sin misiones tripuladas, sin un interés político tan acentuado… ¿Charles Duke volvería a presentarse a las pruebas de selección de la NASA? “Es una gran aventura, y el hecho de que ahora no tengamos naves capaces de realizar vuelos tripulados es sólo temporal; estamos trabajando para sustituir los trasbordadores espaciales y si nuestro Gobierno termina defendiéndolo, veremos astronautas otra vez en el espacio, probablemente antes de cinco años”. Duke, que demuestra seguir sintiéndose parte de la agencia espacial cuarenta años después, no se lo piensa: “O sea que sí, volvería a ser astronauta otra vez”.
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