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Soldados torturados y tensiones diplomáticas marcan este aniversario

La guerra de las Malvinas cumple 30 años con las heridas abiertas

lunes 02 de abril de 2012, 08:35h
Este 2 de abril se cumple el 30 aniversario la guerra librada por Argentina contra el Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas. A tres décadas del conflicto armado, las tensiones entre Londres y Buenos Aires se reavivan, mientras los excombatientes argentinos intentan pasar página en la búsqueda de que se les haga justicia por las torturas a las que fueron sometidos durante la guerra, silenciadas por hermetismo de las trincheras.
Se cumplen 30 años del desembarco del Ejército argentino en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur con el propósito de recuperar la soberanía de este disputado archipiélago del Atlántico Sur en poder del Reino Unido desde 1833. Se desencadenó así uno de los conflictos más sonados de principio de la década de los 80 del siglo pasado.

Setenta y tres días duró la guerra librada entre la Junta Militar argentina a cargo de los generales Jorge Rafael Videla, Roberto Viola y Leopoldo Galtieri, y el Gobierno de la primera ministra británica Margaret Thatcher, que no sólo le valió la victoria política a los ingleses sino que se cobró la vida de 905 uniformados de ambos bandos y precipitó la caída de la dictadura en la nación austral.

El conflicto, además de sacar llagas diplomáticas entre sendos países, que Argentina no duda en hacer arder en cuanto se presenta una oportunidad en los foros internacionales, dejó abiertas profundas heridas entre los combatientes suramericanos, que perdieron 650 hombres.

Tres décadas después del conflicto se han reavivado las tensiones y subido el tono del diálogo por la soberanía de las islas, sobre todo después de que el pasado mes diciembre el Gobierno de Cristina Fernández orquestará con el Mercosur -con la negativa de Uruguay- un bloqueo comercial a todos los buques con bandera de las Malvinas.

Una iniciativa a la que se sumaron los estados miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que desde mayo de 2011 debate la puesta en marcha de "una doctrina de Seguridad y Defensa de América del Sur para América del Sur" con la vista puesta en proteger sus intereses y sus grandes riquezas naturales.



Este proyecto sostendría el argumento que aduce la Casa Rosada para oponerse a la “militarización” de la que ha sido objeto en los últimos meses unas islas a las que las petroleras británicas le tienen el ojo puesto desde 2010 y en donde han invertido cerca de 1.121 millones de euros en plataformas de exploración en el Atlántico Sur con intenciones de poner otros 1.500 millones para dicho fin de cara a los próximos años.

La querella diplomática complica el panorama latinoamericano del primer ministro inglés David Cameron, en especial de cara a países de interés comercial para el Reino Unido como Brasil o Chile, que han expresado su apoyo a una Malvinas argentinas.

Pese a las tensiones y posiciones encontradas, tanto Fernández como Cameron coinciden en una salida diplomática y pacífica del conflicto.

En este sentido, el titular de Defensa del Reino Unido, Philip Hammond, declaró al periódico “The Times” que Argentina no tiene el deseo ni la capacidad militar para iniciar, como lo hizo en 1982, otra ofensiva por la soberanía de las islas Malvinas.

El ministro británico subrayó que Argentina no ha comprado un nuevo avión de combate desde la guerra, por lo que su Fuerza Aérea está volando con aviones Mirage de hace 40 años; en contraste con los Typhoon ingleses apostados en las Malvinas, junto a 1.300 soldados, el destructor Dauntless y un submarino nuclear.

Aún cuando no se respira olor de la pólvora en un conflicto que actualmente responde más intereses económicos que diplomáticos, Hammod no dudó en señalar que su país está dispuesto a reforzar el archipiélago si fuera necesario.

Lo que callaron las trincheras

La guerra de las Malvinas resulta un episodio traumático en la historia argentina, no sólo por el hecho de haber sido el primer y único país suramericano que se atrevió a enfrentar a su Ejercito, en inferioridad de condiciones, a la poderosa armada inglesa; sino porque la misma tuvo lugar en un tiempo en donde el régimen de la Junta Militar mostraba síntomas de decadencia.

El Ejército no estaba exento de sufrir la represión de la dictadura y durante el conflicto del Atlántico Sur, miles de jóvenes sin entrenamiento militar y muchos de ellos incluso analfabetas, no sólo fueron destinados a ir al frente de batalla contra Gran Bretaña, sino que un buen número de ellos fueron objeto de torturas durante la guerra por parte de sus superiores.



Desde hace poco menos de un año, la justicia argentina investiga más de un centenar de denuncias de excombatientes que narran los horrores sufridos dentro de las trincheras, que de acuerdo con el Centro de Ex-combatientes Islas Malvinas de La Plata (Cecim), involucran a 80 oficiales y suboficiales.

Uno de los casos más sonados es el del soldado judío Silvio Katz, quien fue uno de los primeros en alzar la voz sobre este asunto para que la Corte Suprema reconozca como crímenes de lesa humanidad el las torturas cometidas hacia los combatientes de las Malvinas, quienes para el Estado no tienen los derechos y el reconocimiento de veteranos de guerra.

Katz forma parte de los 200 soldados que integraron el Regimiento III de Infantería mecanizado General Belgrano, que fueron víctimas de un trato vejatorio e inhumano, comparable a las que se observaba en los centros clandestinos de detención de la dictadura.

Según sus palabras peor ha sido el silencio que su experiencia en las islas “porque fuimos tapados, como la basura debajo de la alfombra y obligados piscológicamente a no hablar, a tapar el tema".

Técnicas de sometimiento como permanecer cautivos en pozos de agua helada o lo estanqueados, una técnica que consiste en amarrar las extremidades con tiras de cuero entre cuatro estacas, era parte del día a día de muchos soldados.

Por su parte Pablo de Benedetti, otro veterano que estuvo a punto de perder las piernas por congelación en una de las tantas inmersiones en agua helada a la que era forzado, señaló en una entrevista, que sus superiores le obligaban hacer el salto de rana al lado de un campo minado hecho por ellos mismos mientras le apuntaban con un fusil y “gatillaban”.

Cuando abandonó el servicio militar trató de denunciar lo ocurrido pero en 1985 fue citado por un coronel del Estado Mayor del Ejército que le advirtió que estaba “hablando demasiado” y “equivocándose”, por lo que “sería muy feo llegar a casa y encontrarte que tu hijo ha desaparecido".

Relatos similares apenas comienzan a salir a la luz al cumplirse tres décadas de la guerra de las Malvinas, abriendo las heridas que nunca se curaron de un conflicto que se recordará siempre por salvar el gobierno de la eterna “Dama de Hierro” y lapidar a uno de los peores regímenes dictatoriales de América Latina.