Crónica cultural
Damien Hirst, en la Tate Modern de Londres
miércoles 04 de abril de 2012, 19:18h
Se inaugura la exposición retrospectiva de Damien Hirst en la Tate Modern, hasta el 9 de septiembre. Además, Una historia política de los intelectuales, ensayo esclarecedor sobre el papel de los intelectuales a través del caso Dreyfus, de Alain Minc.
Se dice que Damien Hirst sabe como traducir la muerte a escala artística. Como mostrar la frontera que separa la vida y la muerte. Una gran exposición en la Tate Modern de Londres muestra hasta el 9 de septiembre, el recorrido de este artista que a pesar de su éxito desde que tiene veinte pocos, todavía tienen mucho tiempo por delante para crear. Damien Hirst (Bristol, 1965), uno de los artistas más importantes de la actualidad.
Su carrera le ha llevado a participar en la Bienal de Venecia en 1993, en 2003, en el Jeu de Paume de París en 1996, en el P.S.1 Contemporary Art Center de New York en 2006, entre otros. De forma individual, le pudimos ver en el Museum of Fine Arts de Boston 2005; For the Love of God, en el Rijksmuseum de Ámsterdam en 2008 y en el Palazzo Vecchio de Florencia en 2010/11.
La muestra reúne unas setenta obras de las últimas dos décadas de Hirst. Obras famosas como The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living, en donde suspendió un tiburón muerto en formol, en su uso particular de mostrar sus ideas a través de los animales, como se puede ver en A Thousand Years en la que la vida se muestra en la cabeza de la vaca o insectos. También series como las píldoras, los envases, o las mariposas volando. Completan esta retrospectiva dos instalaciones: In and Out of Love (1991), que no se ha mostrado en su totalidad desde su creación, y Pharmacy (1992).
La editorial Duomo publica un ensayo altamente destacable, Una historia política de los intelectuales, por Alain Minc. En la densa obra, Minc analiza la idea en diversos autores franceses comprometidos con la política, el momento histórico que les tocó vivir. Voltaire, Chateaubriand, Victor Hugo, Lamartine, Malraux, Camus, Sartre, entre otros. No se preocupa en su análisis por las tendencias políticas del intelectual. Eran, de cierta manera, inexistentes. Elevaban su voz a favor de una verdad más allá de cualquier tendencia. Recoge artículos de periódicos como el publicado por Zola, el 13 de enero de 1898, su famosos “j’accuse”, llevado a convertirse en el primer manifiesto de los intelectuales. La palabra intelectual nace de este encuentro, de este detonante a favor de la verdad. El caso Dreyfus despertó la ira de ese grupo que se consideraba, la aristocracia del espíritu. En su estudio Minc se interroga sobre las otras ocasiones, si las hubo, en las que los intelectuales se levantarían contra la autoridad. Magnífico ensayo.