Llegan tinieblas por el Este
José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
jueves 05 de abril de 2012, 20:41h
Un fantasma recorre Europa, es el fantasma del autoritarismo. Ya le arrebató a Grecia la poca soberanía que tenía como quien le quita un cuchillo a un infante. Le impuso a Hungría la Ley Fundamental que la encamina hacia la dictadura. Pasó por Italia dejando a un tecnócrata en el trono. Y ahora lo vemos llegando a través de Cataluña, escupido por la boca de un energúmeno cuya solución a los problemas es infundir “miedo al sistema”; su homólogo estatal juega con el viejo truco de utilizar de forma abusiva la palabra “terrorismo”, excepto para lo que practican sus esbirros, cuyo responsable en Valencia nos tilda directamente de “enemigo”.
¿Quieren saber lo que es terrorismo? Terrorismo es tener a la gente en vilo, con miedo de perder su puesto de trabajo ante el mínimo gesto gracias a una reforma laboral que pone al empleado a merced del empleador. Terrorismo es saber que por mucho que te dejes explotar no conseguirás evitar que un señor te eche a ti y a tu familia de una casa que vale diez veces más de lo que cuesta. Terrorismo es saber que se van perdiendo derechos poco a poco y que para defenderlos el Estado utiliza la estrategia del miedo, al mismo tiempo que una parte del funcionariado público va ganando cada vez más impunidad a la hora de emplear de forma abusiva el monopolio de la violencia física.
Algún día despertaremos y nos preguntaremos “¿pero cómo hemos llegado aquí?”. Algunos ya nos lo preguntamos. La excusa del orden y la paz públicos no tienen sentido en una situación de claro desorden social, inquietud y malestar. Existe un conflicto que no está siendo solucionado por los canales a los que tanto apelan quienes están en el poder. No está siendo solucionado en absoluto, sino reprimido, y eso tan sólo puede generar una espiral que alimente la violencia.
El espacio público se restringe de forma gradual. El Estado decide qué se puede considerar como aceptable en este último refugio de la ciudadanía, lo blinda con efectivos policiales y de paso se lo vende al mejor postor, sin tener en cuenta el uso que éste le dará. Llegará un momento en el que nos percataremos de que alguien decide por dónde caminamos, qué decimos, qué comemos, cómo utilizamos nuestro tiempo, y en general, qué hacemos; no sabremos exactamente quién, pero claro está que no seremos nosotros.
Se generalizan los sistemas para que la ciudadanía se acuse por internet vilmente y se demoniza a quienes señalan al verdadero “enemigo”. El gobierno se aprovecha de una nueva crisis de ese fallido ensayo de partidocracia para volver a las concentraciones autoritarias de poder, en vez de regener
Los verdaderos antisistema parecen estar infiltrados en el poder. Sólo de esa manera se explicaría que estén creando las condiciones para generar una tensión capaz de destruirlo. ar, mejorar y superar una política ineficaz, injusta e hipócrita. Los hechos se suceden lentamente, pero van avanzando en una dirección cuya meta podemos vislumbrar sin miedo a equivocarnos.
Los verdaderos antisistema parecen estar infiltrados en el poder. Sólo de esa manera se explicaría que estén creando las condiciones para generar una tensión capaz de destruirlo.