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RESEÑA

Antonio Orejudo: Ventajas de viajar en tren

domingo 15 de abril de 2012, 14:23h
Antonio Orejudo: Ventajas de viajar en tren. Tusquets, Barcelona, 2012. 160 páginas. 14 €
Al calor del merecido éxito de Un momento de descanso, reseñada hace pocas calendas aquí mismo, se reedita esta novela anterior de Antonio Orejudo. No distraigo en señalar bagatelas de mercadotecnia, sino en apuntar la relevancia del orden narrativo del texto que en su día concilió un modesto pero sincero aplauso de crítica, además de afianzar un nutrido y fiel grupo de lectores. El tiempo ha confirmado las credenciales que Orejudo presentara en aquellas páginas y las expectativas forjadas en base a su excelencia.

Ventajas de viajar en tren es una novela sobre la voracidad omnívora que toda buena narración plantea frente a la realidad. El viaje en tren permite a la protagonista entablar conversación con un tipo que se dice psiquiatra. La amena e hipnótica charla sobre los casos del presunto médico, doctor especialista en la aplicación del discurso escrito al diagnóstico de los trastornos de personalidad, conduce al lector por un vericueto de historias y personajes sorprendentes. Nuestro cicerone particular será la protagonista Helga Pato. Con el mecanismo galdosiano de estampar en los nombres un rasgo identificativo del personaje se nos advierte sintomáticamente sobre esta lectora jactanciosa e inhábil, es decir, patosa, que confunde narradores con autores y a estos con personajes.

La intercalación de relatos cortos se trenza bajo cuerda por la relación problemática entre realidad e invención, entre imagen y representación. Las diversas capas de ficción encubren la veracidad de los distintos relatos, si existiera alguna. No sorprende tan potente recreación con raigambre cervantina en Orejudo, también profesor, que cuenta en su haber con una edición anotada de las Novelas ejemplares; no en vano el primer capítulo de Ventajas… lleva por polisémico rótulo, El casamiento engañoso, en agradable guiño al cómplice lector predispuesto ya a una lectura conflictiva desde la exhortación inicial de la novela: “Imaginemos”. Tal disposición lectora baña de ficcionalidad las continuas referencias a la textualidad (“textualmente”, “le dijo textualmente”…) que remiten como capas de cebolla a un núcleo quizá vacio. Los personajes, sin embargo, se forjan en la madeja hueca de tal embrollo pues su trama “sólo adquiere sentido cuando lo contamos”. Este “contar la vida” resulta clave de lectura donde la narración fagocita la vida si “Lo único que dejamos las personas cuando nos esfumamos es un puñado de palabras”. La palpable confrontación de la realidad a través de la escritura es reflexión constante en el autor madrileño, en novelas posteriores con relieve más crítico, a pesar del ropaje cómico de sus narraciones. Las portentosas vidas de ficción expuestas representan a ojos del lector y al decir de la protagonista, “un prodigio de simulación que todavía me tiene maravillada”, como la misma novela y en fin toda buena literatura nos maravilla.

De entre otros muchos, me permito destacar un particular secundario de la escritura de Orejudo a tenor de la podredumbre de nuestro sistema educativo y el desprecio a nuestra lengua española -y no castellana, como mal dicen muchos: es la recuperación léxica de deliciosos vocablos poco antes de uso común (“chichonera”, “majareta”…) que sólo la estolidez y anorexia lingüística de nuestros días prohíbe a los jóvenes. Si alguien no concuerda, le bastará con visitar las aulas universitarias.

Antonio Orejudo es valedor de una manera narrativa de temple, forjada en la tradición y bañada con saludable humorismo, más profundo y real de lo que algunos piensan. Sin duda, es uno de los más destacables escritores de su quinta. Parafraseando la dedicatoria de Ventajas… de su autor nos esperan “largos recorridos” de óptima narrativa.


Por Francisco Estévez
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