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la violencia regresa a los estadios

Cuando los ultras toman el mando del fútbol

sábado 28 de abril de 2012, 09:13h
La violencia ultra ha regresado a los estadios de fútbol hasta el punto de agredir a los futbolistas o, incluso, parar la competición a su antojo. Los episodios acontecidos en Génova -donde los fanáticos del equipo local irrumpieron con bengalas obligando a quitarse la camiseta a sus propios jugadores bajo amenaza- recuerdan el horror vivido en la final de la Copa de Europa disputada en Heysel en 1985. FIFA y UEFA han avanzado en los métodos de control y acceso a los estadios pero, ¿es suficiente?. EL IMPARCIAL repasa la escalada de violencia acontecida en los campos de fútbol durante el último mes.



Miércoles, 29 de mayo de 1985. El estadio belga de Heysel acogía la final de la Copa de Europa más deseada, ya que enfrentaba a los dos mejores clubes de la época. No en vano, el Liverpool acudía a la cita como vigente campeón continental y la Juventus, su rival por la gloria de aquella temporada, había conquistado la Recopa de 1984. El cuadro italiano obtuvo el cetro tras el gol de Michel Platini, actual presidente de la UEFA. Sin embargo, aquella final ha pasado a la historia del deporte por lo acontecido hora y media antes del pitido inicial -el partido fue retrasado durante ese intervalo temporal por seguridad-. La llamada "tragedia de Heysel" dejó 39 aficionados muertos y más de 600 heridos. El partido se disputó bajo el ambiente más aterrador reproducido en un estadio de fútbol. Con cadáveres todavía presentes en el recinto, Liverpool y Juventus disputaron la final bajo el escenario más macabro recordado en un evento deportivo.

Tras este terrible acontecimiento, los organismos rectores del balompie tomaron medidas. El aplastamiento causado por la violencia de los "hooligans" británicos y aliñado por la presencia de vallas metálicas y gradas sin asientos provocó que FIFA y UEFA eliminaran los cercados en los estadios de fútbol y cubrieran de sillas los fondos de cemento. Además, las autoridades del fútbol internacional endurecieron la identificación de los ultras y los controles de acceso a los coliseos. Prosiguieron las limitaciones en la venta de entradas a los equipos visitantes y se ha llegado a identificar a cada socio de un club con el "carnet del aficionado" (tessera del tifosso). Esta última medida se adoptó en Italia tras la muerte de un aficionado en una reyerta previa al partido Juventus-Lazio.

Tras estos esfuerzos coercitivos la violencia ha aminorado su presencia en el fútbol. Sin embargo, ¿se ha llegado al cenit de la seguridad en los estadios? Para comprobar la respuesta se antoja necesario regresar a Italia. El "calcio" asistió el pasado fin de semana a la enésima exhibición de poder de los ultras. El partido entre el Genoa y el Siena, ambos clubes de la Serie A, fue interrumpido cuando un numeroso grupo de exaltados se encaramaron a la verja colocada por encima del túnel de vestuarios. Una vez apostados en aquel lugar, los fanáticos genoveses comenzaron a lanzar bengalas para detener el partido. Su equipo, que roza los puestos de descenso, iba perdiendo por 0-4 y el entrenador quería introducir un cambio defensivo. Los hooligans no podían permitirlo.




Pero el ansia de poder de este grupo de individuos no se sació con parar la competición a su antojo. Los "irriducibili" del Genoa exigieron a sus jugadores que se quitaran las camisetas por no ser dignos de portarlas. Sculli, jugador estrella del equipo trató de hacer entrar en razón a los energúmenos. Finalmente, él y su compañero e internacional italiano Mesto, se dieron por vencidos con lágrimas en los ojos. Algunos de sus compañeros entregaron sus zamarras a los ultras en medio del caos generado. El terror se erigió en protagonista 27 años después de la tragedia de Heysel.

Por si fuera poco, la histérica futbolística se ha contagiado en estas jornadas definitivas. La temporada se acaba y el futuro inmediato de los clubes se decide en dos o tres semanas. La tensión eleva su nivel dentro y fuera de las canchas.

Argentina nos ha ofrecido el extremo de este tipo de situaciones. En poco más de 30 días se han registrado sucesos que ahondan en la idea del largo camino por recorren en lo que a seguridad en los estadios se refiere. El recorrido arranca en la provincia de Buenos Aires. Allí, ultras del Chacarita arrinconaron y agredieron a un centenar de aficionados del Atlanta y a buena parte de los directivos del club visitante, con el aderezo de cánticos del tipo 'Ahí viene Chaca por el callejón, matando judíos para hacer jabón".

Días más tarde, se disputó el derbi de Avellaneda. Independiente goleó a Racing con claridad, ahondando en la crisis de resultados del ex campeón argentino. La primera consecuencia de la derrota se escenificó en forma de pelea en el vestuario de Racing con agresiones entre compañeros de equipo. Tras la batalla, Teófilo Gutiérrez, estrella goleadora del equipo, decidió volverse a casa en taxi rehusando el autobús oficial del club.

Sin salir de las instituciones de Avellaneda, la pasada semana arrancó con una sorprendente declaración de Gabi Milito, ex jugador del Fútbol Club Barcelona. "Estoy bien pero pude haber perdido un ojo", sentenció el zaguero. Este fue el resultado de un lanzamiento masivo de piedras ejecutado por ultras de Godoy Cruz sobre el autobús de Independiente. Pero, por si fuera poco, días antes se tuvo noticia de la batalla campal que mantuvieron varios jugadores del prestigioso Boca Juniors con hinchas de Tigre y jugadores de San Lorenzo con aficionados del Atlético de Rafaela.


Estos acontecimientos reflejan la escalada de tensión que se vive en el fútbol argentino y avanza la necesidad de profundizar en la extensión de las medidas de seguridad a todos los estadios del planeta, amén de perfeccionar los métodos de control en el Viejo Continente. Por último, el brillante futbolista y jugador llamado a ser un astro de este deporte, Neymar, introduce un elemento interesante en la fórmula.

El delantero brasileño sufrió el lanzamiento de bananas y objetos contundentes en el encuentro que su equipo, el Santos, jugó en la capital boliviana en un choque correspondiente a la Copa Libertadores. Tras la conclusión del enfrentamiento, que terminó con 2-1 para el equipo local, Neymar atendió a los medios y espetó lo siguiente: "El partido no es sólo de ida, allá (en Brasil) ellos van a ver". La irritación sufrida por el carioca le condujo a proferir esta pseudo-amenaza. ¿Qué papel juegan los futbolistas y los clubes en la escalada de violencia que se está reproduciendo en los estadios de fútbol?

Los ultras del Genoa pararon el partido de su equipos (el capitán Rossi se quita la camiseta tras la amenaza de los radicales):



El "coco" Basile se enfrentó a sus propios aficionados:



Jugadores de Boca Juniors se enzarzan con aficionados de Tigre:



Teo Gutiérrez, estrella de Racing, se va en taxi del estadio tras pelearse con sus compañeros en el vestuario:



Neymar fue agredido en su entrentamiento ante el Bolivar:



Así se vivieron los incidentes entre hinchas de Chacarita y Atlanta desde la grada del estadio:



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