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ENTREVISTA

Silvia Tortosa: "El teatro es la escapatoria frente a espectáculos enlatados que nos deshumanizan"

miércoles 16 de abril de 2008, 00:14h
Esta obra se estrenó en 1974. ¿Ha sido complicado hacer suyo el papel que en su día interpretó Irene Gutiérrez Caba? ¿Cómo se ha ganado al personaje?
Nunca tuve la oportunidad de ver a Irene. Al no tener referencia ninguna directa de ella he creado un personaje de una forma totalmente espontánea e intuitiva, a mi manera, tal y como yo veo a “mi” Josefina: dulce, enamorada y muy tierna pero decidida a no perder por nada del mundo al amor de su vida, pase lo que pase. Juan José [Alonso Millán] también me lo ha dirigido de forma completamente distinta de cómo lo hizo con Irene, según él me ha contado.

Juan José Alonso Millán es uno de los más prolíficos autores españoles, un autor entregado desde sus inicios a la comedia. Dígame una virtud y un defecto confesable.
Juanjo es un ser entrañable, inteligente y lleno de vitalidad. Ambos tenemos el defecto compartido de que nos entusiasmamos tanto al desmenuzar el personaje de Josefina que parece que discutimos cuando, de repente nos damos cuenta de que hablamos de lo mismo y nos mondamos de risa al descubrirlo.

Se han estrenado que tocan el tema de la Guerra Civil, ¿qué tiene “Mentiras, mentiras” que no tengan otras?
"Mentiras, mentiras" no es en absoluto una comedia sobre la Guerra Civil: es la desternillante y tierna historia de un secuestro por amor, escrita con gran ingenio y sin necesidad de recurrir a palabras ni situaciones groseras para provocar la risa del público. Lo que se narra en "Mentiras, mentiras" puede ocurrir en cualquier momento y país del mundo si las circunstancias fuesen parecidas.

Juan José Millán ha dicho de usted que “está estupenda en comedia”, a pesar de que el drama se asocia más con el tipo de papeles que usted encarna. ¿Cómo se ve Silvia Tortosa en esta obra?
Me encanta la comedia. Me encanta disfrazarme, cambiar, hacer reír. Precisamente la última obra teatral que hice era también una divertida comedia de Juanjo “Que usted lo mate bien”. Espero que con “Mentiras, mentiras” yo pueda dar a conocer un poco mas esa faceta mía cómica ya que, como bien dices, la mayoría de personajes que he interpretado han sido muy dramáticos y complicados.



En la adaptación de este año, a la producción original de 1974 se han introducido dos números musicales. ¿Ahora también canta?
Yo he cantado desde siempre. Estudie varios años de canto con Marta Santaolalla, catedrática de ortofonia y dicción del Real Conservatorio de Arte Dramático de Madrid y también con otros profesores. He interpretado varios musicales entre ellos nada menos que la primera versión del musical "Cabaret" dirigida por Jerome Savary en el 92 y mi primera aparición en un escenario profesional fue con 14 años en el Palacio de la Müsica de Barcelona protagonizando “El Mago de Oz”. Además tengo escritas casi cuarenta canciones y he grabado varios discos.

Comparte escenario con las jóvenes Eva Raboso y Susana Lois. ¿Le inquieta el relevo generacional?
¿Inquietarme? ¡Que vá! ¡Al contrario! Cuando veo a los jóvenes que empiezan me siento muy afortunada por tener 61 años, estar en plena forma y no tener que comenzar una carrera tan dura como la nuestra. Ya lo pasé bastante mal cuando empecé, todavía en la época Franco.

La obra se estrena en un teatro de pequeño formato, con el público casi tocando a los actores. ¿Agradece esa cercanía o es una presencia casi pegajosa?
La cercanía con el público es una bendición celestial para mi forma de interpretar, ya que creo mucho en la expresión facial, tan necesaria en la comedia y que en un teatro grande se pierde. Y creo que también es una bendición celestial para el público que puede apreciar hasta el más pequeño suspiro y el mas leve parpadeo. Lo que es un reto porque con la cercanía se descubre también hasta el mas mínimo fallo. Pero a mí el riesgo me gusta y me espolea hacia delante.

¿Es amiga de las supersticiones teatrales? Cuéntenos alguno de sus rituales antes de subirse al escenario, si es que los tiene.
No hay nada que traiga peor suerte que ser supersticioso.

Actúa a pocos metros de la Puerta del Sol, en pleno centro de Madrid. ¿Cree que el pulso teatral madrileño se mantiene activo, a pesar del cine, internet, la televisión y otras “distracciones”?
El teatro es la escapatoria y la salvación a ese enclaustramiento frente a pantallas y espectáculos enlatados que nos deshumanizan y nos enmohecen cada día más. Ayudar al teatro es incentivar a que la gente salga de casa, motivarles a que se pongan guapos y que vean un espectáculo de carne, sangre y hueso, cálido e irrepetible porque nunca hay dos funciones iguales. De no existir el teatro y los espectáculos en directo acabaríamos todos como ermitaños, pegados a un ordenador o a una pantalla grande de televisión y haciendo hasta el amor por Internet. Y esto es muy aburrido.

Un estudio desveló hace días que el público de Shakespeare era más intuitivo, que seguía mejor las historias, y que ahora la percepción ha cambiado, por culpa del cine, los videojuegos... ¿Aprecia usted algo de esto?
Naturalmente. Ahora, en las mayoría de las series y de películas, sobre todo las de gran presupuesto y grandes efectos especiales donde todo se cae, se rompe y se estrella, nos lo dan todo masticado y digerido, con lo cual me temo que el embotamiento mental de las próximas generaciones irá en aumento si no se pone remedio y se deja que la gente piense por sí misma frente a una pantalla.

¿Qué emociona más a una actriz en el escenario, una lágrima o una carcajada?
A mi juicio no hay buena comedia o película dramática que no provoque en algún momento una sonrisa y no hay una buena comedia cómica o película que no te emocione un poquito en algún momento. La vida no es ni una comedia ni una tragedia sino una mezcla de ambas cosas y yo agradezco igualmente tanto la lagrimita como la sonrisa porque de ambas está hecha la pasta humana.

¿Y a Silvia Tortosa qué le emociona?
Estar enamorada y que alguien lo esté de mí. Y soñar con que llegue un día que no haya un solo ser humano en la tierra sin amor. Quizá así se acabaran las guerras, la violencia y las injusticias sociales.
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