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VUELVE A LA ELECTRÓNICA

Najwa Nimri: “No me parece importante demostrar que sé cantar”

viernes 25 de mayo de 2012, 16:50h
Desde que abandonara los timbres extremos a los que sometía su voz en las bandas de soul para las que cantaba allá por los noventa, Najwa Nimri ha creado un estilo propio, tan personal como variable de disco a disco. Y ya van cinco en solitario y otros tantos con Najwajean, el proyecto que la lanzó a la fama junto al productor y músico Carlos Jean. “Tenía claro que no quería un sonido que me recordara a las cosas que escuchaba y no me llegaban y que quería cantar con mi timbre, no me parece importante demostrar que sabía cantar”, cuenta sobre sus inicios la también actriz en una entrevista con El Imparcial. Junto a quien se ha convertido ya en su otra mitad, Raúl Santos, Nimri publica Donde Rugen los Volcanes, una vuelta a la sensorialidad de la electrónica después de los flirteos pop-roqueros de El último primate y que sigue la estela de la composición en castellano que aquel inauguró. Los volcanes, la puerta entre el Sol y la Tierra según Najwa, alumbran su nuevo trabajo discográfico que empezará a girar por España a partir del 1 de junio. Por Laura Crespo
Casi un mes desde que Donde Rugen los Volcanes esté en la calle… ¿cuáles son sus sensaciones con respecto a este nuevo trabajo ahora, una vez pasada la vorágine de los primeros días y con la gira a la vuelta de la esquina?
Pues muy buenas. Hemos alcanzado el número en iTunes como disco de música electrónica, junio lo tenemos hasta arriba de conciertos, donde pondremos en práctica todo el disco, y luego abriremos gira internacional en México y Argentina.

En su disco anterior, El último primate, cantaba por primera vez en castellano y confesó en más de una ocasión que le había costado adaptarse, habituada al inglés. ¿Por qué repite con el español en este nuevo disco?
Bueno, sí me costó en el anterior disco porque no estaba acostumbrada, no era la música que más escuchaba. Cuando empecé a hacer giras me di cuenta de que estar en este país girando y cantando en inglés no tenía mucho sentido. Me resultaba fácil expresarme en inglés en las canciones, pero pensé que tenía que aprender a comunicarme en mi idioma también en mi trabajo. En este disco me ha costado menos ya.

Lo que sí se nota en este disco es un abrazo a la electrónica y a la música sintética que se desmarca del disco anterior, más pop. ¿Vuelve, quizá, a sus orígenes, a la Najwa Nimri de Najwajean (proyecto que inició en 1998 con el músico y productor Carlos Jean)?
De alguna manera sí porque la electrónica es donde he estado siempre, así que puede decirse que vuelvo a casa por Navidad. Es mucho más cómodo para mí hacer un disco de electrónica. El disco anterior fue una gozada: funcionó muy bien y pasé la prueba del castellano, pero con la electrónica me encuentro en un sitio que controlo mucho más.

Ha dicho que empieza a germinar este disco “hastiada de viejas maneras”… ¿Se cansa rápido de las fórmulas que encuentra para cada trabajo?
Sí, la verdad es que me aburro rápido. Para mí el motor de las cosas tiene que ser como muy contundente y en cuanto lo encuentro sigo con ello, pero no repito algo que me funciona, como funcionó Crime cuando lo hice con Carlos. No necesariamente hago baladas emocionales que es, supuestamente, lo que mejor llega. Me meto a hacer un disco más conceptual para que lo escuches entero. Para mí el objetivo es el disco, no una sola canción.

¿Le gusta arriesgar?
No pienso en ser innovadora o en el riesgo, es una cuestión de aburrimiento en el día a día, así de poco profundo. Pienso: “me aburro, voy a jugar a otra cosa”.

Normalmente se asocia la música electrónica a un tipo de música que dice menos cosas que una acústica, melódica. ¿Es un cliché? ¿Se puede contar mucho con la música electrónica?
Se puede contar lo que quieras. Lo que pasa es que la dinámica cambia, puedes fluctuar menos con los aparatos electrónicos. Hay menos factor sorpresa, pero ahí estás tú para hacer que funcione, igual que con una guitarra. Melódica y armónicamente se puede hacer lo mismo, aunque quizá es más complicado porque requiere controlar técnicamente una serie de cosas y, en los conciertos, el técnico se convierte en tu hermano gemelo. Pero contar se puede contar lo mismo, de diferente manera.

Lo que creo que me permite la música electrónica es hacer unas letras que sean realmente las que me apetece contar. En la electrónica tienes más permitido contar lo que te dé la gana. No sé si es más importante esto que el amor desgarrador que se puede transmitir con otro tipo de música, pero la electrónica te permite llegar a un terreno más sensorial. Normalmente, las canciones en acústico son más emocionales y, sobre todo en este país, la emoción entra de una forma más directa. Por el contrario, la electrónica es más sensitiva, te mete en otro mundo y a mí eso me interesa mucho más.

Dice que en su música busca la horizontalidad y un concepto que denomina ‘hipnosis-patada’. ¿En qué consiste?
Las ‘hipnosis-patada’ es a lo que me gustaría llegar en mis conciertos. El disco tiene un sonido horizontal, en bucle, una misma cosa repetida durante bastante tiempo y con mi voz por encima. En directo quiero conseguir a través de ese sonido que el público quede “hipnotizado”, metido en su mundo y, de repente, darle una “patada”, despertarlo a través de un grito o un sonido. Es hacer entrar a la gente en un trance y luego romperlo.

¿Huye de los convencionalismos?
Teniendo en cuenta que mi primer disco fue electrónico, no creo que sea una cuestión de huir de lo convencional. Cuando empecé con Carlos Jean sí tenía claro que no quería estar en una banda de soul, que era lo que hacía en ese momento, y que quería cantar con la voz en mi timbre. Si a veces tocaba forzar, forzaría, pero no tenía porqué estar demostrando que sabía cantar, no me parecía importante. También sabía que no quería un sonido que me recordara a cosas que escuchaba y no me llegaban. No tiene que ver tanto con alejarte de lo que escuchas como de encontrarte a ti misma.

¿Se ha encontrado?
En ello estoy. Ese es mi trabajo: estar con gente que está en lo mismo y seguir buscando. Lo hacemos muy alquímicamente. No es un trabajo instantáneo como el cante jondo, en el que tienes que estar en onda para poder sentir… Tiene que ver más con intentar expresar otras cosas, metiéndole pequeños ingredientes: un grave aquí, un agudo allá…

¿Tiene más que ver con el trabajo y la profesionalidad que con el arte, más visceral, como el ejemplo que ponía del flamenco?
No creo que el arte resida exclusivamente en lo emocional. Los técnicos pueden llegar a ser muy artistas. Fíjate lo que hizo Einstein… Sí es verdad que si te tocan el alma es impresionante. Pero a mí me encanta cuando te encuentras con algo que te ha llegado a romper emocionalmente y no sabes por qué ha sido, cuando no identificas que esa ruptura se debe a que una canción te recuerda a tu padre o a tu hermana, sino que es algo más abstracto. Llegar a la emoción desde un sitio que no conoces me parece increíble. No creo que aún lo consiga en este álbum, ni mucho menos, pero sí pienso que es algo que se puede llegar a conseguir, y en eso estoy.

Lo que más me interesa musicalmente de este país es el cante jondo, el folclore más auténtico. Es lo que más me creo, pero tiene que ver con la emoción y no es ahí donde yo quiero estar. Prefiero estar en las nubes.


Najwa Nimri y el DJ Raúl Santos, con el que ha grabado Donde Rugen los Volcanes


También es actriz pero, en su faceta de músico y cantante, ¿intenta mantener una imagen, un misterio… ofrecer, en definitiva, un personaje?
Cuando estás en un escenario actúas también. Todos los días cuando te levantas no te subes a un escenario sino que haces el desayuno, llevas al niño al cole… yo hago todas esas cosas y luego, a parte, hago canciones. Cuando te subes al escenario tiene s que reinterpretar todo eso... Lo que sí es cierto es que cuando estás interpretando en cine haces un papel que ha escrito otra persona, por lo que tu responsabilidad es menor. Siento más responsabilidad cuando estoy defendiendo mi disco porque las críticas, las buenas y las malas, son directamente a ti.

¿Dónde encuentra la inspiración para componer?
La encuentro componiendo. Hay épocas que estoy más inspirada y todo me parece lo suficientemente malo como para escribir canciones desde la rabia o lo suficientemente bueno para escribir cosas bonitas, pero siempre la encuentro trabajando, cuando me pongo a componer.

¿Le importa mucho la opinión del público a la hora de preparar un disco?
A la hora de componer no. Después sí quiero saber lo que piensan.

Supongo que es irremediable pensar en las ventas, más en la situación actual…
Son significativas, te dan un barómetro de dónde estás situado, pero el trabajo lo tienes que defender vaya bien o vaya mal.

¿Qué le parece el ‘Plan B’ de su colega Carlos Jean? ¿Es esa forma colectiva de componer un trabajo discográfico una salida viable a la profunda crisis de la industria musical?
Está funcionando así que, obviamente, lo está consiguiendo, pero su forma es opuesta a la mía. Siempre lo fue. Somos como la noche y el día y quizá por eso cuando nos juntamos funciona. Su forma de colectividad es opuesta a la que yo utilizaría, pero no por eso deja de ser interesante. Él cree ciegamente en lo que hace y tiene una gran marca respaldándolo, que es la que tiene en dinero necesario. Asociarte a una gran marca está bien si no limita tu trabajo creativo. Si te pillan después de que hayas hecho tu trabajo está bien porque lo que hacen es mostrar quién eres tú. Fusionarte con una gran marca antes, para crear, es otra cosa, es hacer un híbrido. Yo no sé si sería capaz.

En este sentido, no se puede decir que su música sea comercial y, sin embargo, está respaldada por una gran discográfica como Warner. ¿Cómo se consigue esto?
Primero, porque el pacto siempre fue ese y porque en Warner aún hay personas que valoran el trabajo de otras, más allá del mercado. Y luego que, a nivel ventas, funciona al menos para cubrir gastos, si no sería imposible. No sé muy bien cómo funciona esto, porque yo cada vez que llevo un disco me dicen: `¿Qué es esto?’, y al final soy yo la que les dice: ‘¿Veis como hay gente a la que le interesa?’.

En cuanto a su faceta como actriz,está pendiente el estreno de dos películas (The Wine of Summer, de Maria Matteoli y 10.000 noches en ninguna parte, de Ramón Salazar) en las que tiene un papel pequeño. En sus últimas experiencias en la interpretación ha hecho personajes secundarios, ¿tiene ganas de que le llegue un protagonista?
Sí es cierto que en esta última fase me he metido mucho más de lleno en la música y he hecho papeles más pequeños. Me gusta mucho ser secundario si el secundario es bueno, pero creo que le estoy viendo doble filo. Hacer un secundario me deja tiempo para compaginarlo con fechas de conciertos y hacerlo todo, pero realmente no te enteras de en qué película estás. Supongo que el próximo quiero que sea un prota o una película coral en la que sepa en qué historia estoy metida. Estoy esperando que llegue el gran proyecto.

Ha contado cómo al principio de su carrera le daba miedo hacerse conocida, no quería ser famosa. ¿Cómo lo lleva ahora?
Voy por la calle tan tranquila, así que creo que lo he conseguido. Me encanta el sitio que me he ganado, porque es el que quería: el sitio donde tu trabajo es importante y tu persona no tanto. No soportaría una vida en la que estuvieran fotografiándome en la calle con mi hijo. Me mataría.

¿Cómo se compagina una vida profesional tan apretada con la maternidad y el resto de vida personal?
Haciendo encaje de bolillos. No tengo mucho tiempo libre ahora mismo.

¿Qué es lo que más echa de menos?
El mar. Echo de menos tener el mar durante al menos 15 días seguidos; unas vacaciones de esas en las que no piensas en nada más que en la playa con una semiborrachera de mediodía teniendo conversaciones ridículas, dormir, risas…

Cuando se trata de ocio y no de trabajo, ¿qué le gusta ver y escuchar?
Veo de todo, muchas cosas que son innombrables por lo comunes que son. Veo mucha ciencia ficción; de hecho, la última que he visto ha sido John Carter. De música, aunque escucho de todo, ahora estoy con el techno.

Ya que empieza la gira en menos de una semana, vamos con un aperitivo… ¿Cómo son los directos de Najwa?
Cuando, como en nuestro caso, no se te ve mucho a ti en los conciertos, hay que jugar con la visualidad. Llevamos luces sincronizadas con ritmo y voz. Para mí un concierto es una fiesta, de la que acabas agotado, pero una fiesta. Cada vez sale de una manera distinta, mejoro peor, pero siempre es una fiesta.
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