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critica de cine

Hysteria: o la invención del vibrador

domingo 17 de junio de 2012, 14:34h
Maggie Gyllenhaal y Hugh Dancy protagonizan esta comedia británica que toma la invención del vibrador en el Londres victoriano como excusa, para narrar una historia de amor entre dos personajes que, al principio, parecen totalmente incompatibles.
Hysteria es la primera cinta que Tanya Wexler dirige tras una larga pausa en su carrera cinematográfica. Después de dirigir varios cortometrajes, la directora estadounidense firmó dos títulos independientes de bajo presupuesto que constituyeron su debut en el mundo del cine y decidió tomarse un descanso hasta que el proyecto de Hysteria cayó en sus manos. Con un elegante sentido del humor que, sin embargo, no deja de caer alguna vez en un poco creíble absurdo, la cinta narra el episodio real que llevó a la invención del vibrador en la Inglaterra victoriana del siglo XIX. No, no parece a priori una época muy apropiada para el nacimiento de tan famoso objeto sexual, pero hay que tener bien presente que su aparición estuvo entonces totalmente ligada a la medicina o, por lo menos, a ciertos tratamientos médicos que aseguraban ser de lo más eficaces para la histeria.

El caso es que durante aquellos años, pareció darse una epidemia de ese mal que afectaba a mujeres londinenses aquejadas de insomnio, ansiedad, fatiga, tristeza y espasmos musculares. Uno de los doctores especialistas en dicho trastorno, Robert Dalrymple, a quien interpreta en el filme Jonathan Pryce, encontró un método que parecía aliviar los síntomas de tan desagradable patología, al menos, temporalmente. Y empezó a tener tanto éxito, que su consulta pronto se vio desbordada por pacientes que acudían desde cualquier rincón de Londres. El tratamiento consistía en llevar a la paciente hasta el “paroxismo” a través de un masaje vaginal realizado manualmente por el propio galeno, quien pronto decidió contratar a un ayudante para poder atender a todas las pacientes que seguían acudiendo en masa a su consulta. El joven médico contratado es el doctor Joseph Mortimer Granville, Hugh Dancy, despedido de varios hospitales a causa de su machacón empeño en dar por buena la “teoría de los gérmenes”, asimismo “recién nacida” durante aquellos años. Desesperado por encontrar un empleo y reconducir su vida, Granville acepta el empleo que le ofrece el reputado ginecólogo que, además, incluye alojamiento en la propia casa del doctor, junto a su hija pequeña, Emily, de la que enseguida se enamora. O cree enamorarse, porque la aparición de la hija mayor, a quien interpreta Maggie Gyllenhaal, - la más creíble, sin duda, de todo el filme-, supone la aparición de diversos contratiempos que, por supuesto, acabarán bien como en cualquier comedia romántica que se precie.

Destaca en el guión la forma de tratar la hipocresía de aquella época. A través de los personajes de las hermanas Dalrymple y los dos mundos distintos en los que han elegido vivir, la cinta ofrece una visión del tremendo contraste entre el Londres acomodado, lleno de convencionalismos así como de prejuicios sociales, y ese otro Londres mugriento, donde las capas más bajas de la sociedad luchaban por sobrevivir a la pobreza y a la enfermedad. Los guionistas Jonah Lisa Dyer y Stephen Dyer no dejan pasar, además, la oportunidad de incluir algunos de los tópicos de la época y la exquisita ambientación temporal tiene como resultado una comedia amable, típicamente “british”, que no busca la carcajada y tampoco, en realidad, profundizar mínimamente en la patología que le da nombre.
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