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tribuna

[i]El IVA y los cines[/i]

viernes 20 de julio de 2012, 08:52h
El pasado sábado, 14 de julio, no fue revolucionario por tomar ninguna Bastilla nueva, sino por la aplicación de un Decreto Ley, lleno de luces, como en el siglo XVIII y de sombras, como en el siglo XIII.

Porque junto con alumbrar libertades que permanecían enterradas, como en el comercio donde las rebajas permitirán a las amas de casa llegar mejor a fin de mes en esta época tan terrible económicamente, a la hora de los impuestos, el Gobierno ha cometido algunos errores de bulto que vamos a pagar.

Y me quiero fijar, expresamente, en la terrible subida del IVA a los cines, espectáculo por el que confieso mi adicción y que veo como lamentablemente se les va cercando entre subidas tributarias, contratos inequitativos y piratería rampante.

Como en todos los países europeos, el cine en España, hasta el pasado sábado, tenía un tipo reducido. Así ocurre en todos los países europeos (Austria el 10%, Bélgica el 6%, Finlandia el 9%, Alemania el 7%, Grecia el 9%, Irlanda el 9%, Italia el 10%, Luxemburgo el 3%, Holanda el 6% Portugal el 13%, multiplicando casi todos por dos veces el tipo ordinario general del IVA).

La razón de ello, junto con el acceso a museos, bibliotecas, archivos, galerías, pinacotecas, es el carácter cultural que reviste este ocio. Frente al puro pasar el tiempo, se ha pensado en toda la Unión Europea que había que apostar porque los europeos pudieran tener un acceso a los instrumentos culturales, a las herramientas con las cuales el viejo Continente siempre se identificó.

De ahí también que en nuestro país, hasta el sábado, el IVA tributara al tipo del 8%.
Pero ahora, de golpe y porrazo, en medio de una crisis enorme de espectadores, ha venido a dar la puntilla este oscuro Decreto Ley, el cual, cambia el art. 91 de la ley del Impuesto e incluye a los cines dentro del régimen general.

Total, que va a acabar con ellos. Porque si sumamos a la caída de espectadores una brutal piratería que no es combatida ni suficientemente ni eficientemente por la Administración, nos vamos a encontrar con que la última película que van a poder ofrecer los cines españoles será la del “Canto del Cisne”, último motivo musical antes de la agonía a la que les somete Hacienda.

Los cines españoles han hecho un esfuerzo descomunal las últimas décadas, y sin ayudas públicas prácticamente en todos los casos, por modernizarse, digitalizarse y ofrecer un espacio único donde disfrutar de un sitio de reposo, cultura y disfrute. “Ir al cine” es una experiencia notable y desde luego recomendable como demuestra a la vista lo que sucede en Francia o Reino Unido, donde existe una fuerte tradición cultural cinematográfica.

Los exhibidores españoles, independientes siempre en su actitud, han mantenido, románticamente también, un negocio que realmente no es tal, a poco que se miren sus cuentas.

No tiene el menor sentido que Hacienda quiera hacernos más incultos atacando a un sector que ha creado trabajo, ofrece cultura y finalmente permite una forma de entretenimiento que pocas otras industrias ofrecen.

Hacienda, quizás sin proponérselo, está fomentando así la piratería., la desgana por la cultura cinematográfica, y parece dar una puntilla a todo un sector, incluso casi sin proponérselo, porque es evidente que no tiene Hacienda ninguna estrategia de lesionar ni dañar a las salas de cine, sino simplemente que pretende lograr dinero de donde pueda.

Un poco más de cultura y de reflexión jurídica también, preguntándose por qué en el resto de los países de la Unión Europea no se castiga al cine, sino que se le comprende y entiende fiscalmente también, es algo exigible.

El Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, en sus artículos 6 y 167, establece que la cultura es también cuestión comunitaria. Esperemos que no tengan que ser también los funcionarios comunitarios quienes nos recuerden que el cine es cultura y que el Gobierno tiene que ser culto también. Esperemos que se rectifique este sin sentido y se imponga de nuevo la racionalidad, el derecho comparado y una actitud civilizada, que eso, en definitiva, es en lo que consiste la cultura.
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