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Un punto de inflexión en Siria

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 21 de julio de 2012, 20:04h
En las últimas semanas, las cosas están cambiando en Siria. Hace menos de un mes, las tropas de Assad llevaban la iniciativa en los combates y los rebeldes, insurgentes y, en general, grupos armados contra el régimen se contentaban con resistir. No podían derrotarlos pero tampoco ellos lograban subvertir la situación.

Algo, sin embargo, ha cambiado. Las capacidades tácticas de los rebeldes han mejorado. No les falta armamento, munición ni explosivos. A diferencia de Libia, no están rodeados a merced de los bombarderos sino que luchan a la ofensiva en Alepo y Damasco. Las matanzas han dado alas a los opositores y el terror ha cedido a la confianza en la victoria. No se puede ganar una guerra civil sólo a golpe de cañonazo y Assad ha fracasado en el intento de legitimar la represión mediante el patriotismo y la lucha contra el terrorismo y la injerencia extranjera.

Así, el Presidente sirio se va quedando cada vez más solo. Crecen los rumores sobre la huida de su esposa a Moscú. Los asesinatos del jefe de los servicios de inteligencia y del ministro de Defensa han avivado el entusiasmo de los rebeldes y han minado la moral de las tropas leales al régimen. Los pocos periodistas que siguen en Damasco informan sobre los mensajes propagandísticos que sigue difundiendo la televisión pero la gente prefiere quedarse en casa porque nadie garantiza ya la tranquilidad en la capital siria. Se combate casa a casa y barrio a barrio. Es verdad que el ejército recupera algunas posiciones pero ahora lucha a la defensiva. Los rebeldes controlan los puestos fronterizos con Irak y Turquía.

El apoyo de la Federación Rusa y la República Popular China al régimen sirio es delicado. Se trata de evitar que se repita el escenario libio de caos y descontrol que siguió a la caída de Gadafi. Hay un riesgo real de desestabilizar la zona y parece preferible una solución a la yemení que a la libia. Si Assad aceptase retirarse y exiliarse en otro país, tal vez sería viable un cambio de régimen ordenado. Ahora bien, ¿dónde están los líderes que pilotarían esa transición? Los opositores están divididos y nadie sabe distinguir, en el marasmo de hombres armados, quiénes combaten por la libertad y la democracia y quiénes lo hacen para implantar otro régimen islamista en la región.

La preocupación es cada vez mayor en Teherán, que corre el riesgo de perder un valiosísimo aliado. Tanto el régimen sirio como la organización terrorista chií Hizbolá han sido imprescindibles para los ayatollahs. Sin ellos, la influencia iraní en Oriente Medio quedaría socavada y cedería ante el ímpetu de la diplomacia turca. Sin Damasco y sin los terroristas que controlan parte de El Líbano, Teherán perdería parte de su capacidad de desencadenar ataques contra Occidente. La larga mano de Teherán y Hizbolá parece estar detrás del atentado suicida de esta semana contra un autobús de turistas israelíes en Bulgaria en que murieron cinco personas. Si Assad cae, las cosas podrían cambiar en El Líbano y en el Golfo.
Sin embargo, no he logrado encontrar a nadie con conocimiento de la región que me dé un pronóstico optimista. Tal vez no pueda haberlo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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