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Desafío etarra

martes 14 de agosto de 2012, 01:19h
Iosu Uribetxerria Bolinaga es uno de los más siniestros personajes de la banda terrorista ETA. En la actualidad cumple condena por tres asesinatos y dos secuestros. Uno de ellos causó especial conmoción en los ciudadanos pues batió el récord, y ya es difícil en el historial etarra, en mostrar el rostro del terror con meridiana claridad. Uribetxerria Bolinaza fue el férreo y despiadado carcelero del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, que permaneció más de quinientos días en un diminuto y húmedo zulo hasta que fue liberado por la Guardia Civil en una brillante operación. Tras su liberación, la acongojante estampa de Ortega Lara y el desvalimiento de su mirada dieron la vuelta al mundo como la viva imagen de quien había sido sometido a una cruel tortura.

Su carcelero Uribetxerria Bolinaga padece ahora una enfermedad en fase terminal por lo que se encuentra en el Hospital Donostia y ha iniciado huelga de hambre para pedir su libertad con motivo de su dolencia. A esa huelga se están sumando numerosos presos etarras, entre los que se encuentra Arnaldo Otegi, dirigente de la extinta Herri Batasuna, por cierto, muy cuestionado entre los reclusos etarras, que le consideran un preso vip, por lo que a nadie se le escapa que su apoyo a Uribetxerria Bolinaza reviste intereses propios. Asimismo, el diputado general de Guipúzcoa Martín Garitano, de Bildu, ha visitado a Uribetxerria para “alabar su entereza” y decirle que su liberación debe hacerse por “el bien e la sociedad vasca, que lo que demanda es entrar en tiempo de soluciones y no de anclajes en el pasado”.

Martín Garitano habría de darse cuenta de que los únicos que están anclados en el pasado son los terroristas etarras y sus compañeros de viaje, como el propio señor Garitano. En el caso Uribetxerria, no hacen otra cosa que repetir una sabida estrategia de presión al Gobierno. Los presos etarras y la izquierda abertzale han encontrado un motivo, manejado con torticeros argumentos como las “razones humanitarias” –cuando Uribetxerria Bolinaga está en el hospital recibiendo los cuidados necesarios-, para forzar, como siempre han querido hacer, a que un Estado de Derecho se doblegue a las demandas de una banda de asesinos.

Los presos etarras han decidido libremente ponerse en huelga de hambre, y cualquier consecuencia de que ello se derive sólo atañe a su propia decisión. El Estado de Derecho no puede ni debe ceder ni un milímetro ante ningún desafío chantajista. El éxito y la firmeza en la lucha antiterrorista obligó a ETA a anunciar su cese. Se la derrotó militarmente -aunque no debe bajarse la guardia hasta su disolución y entrega de armas-. Ahora se trata de escenificar la victoria de de la democracia y el estado de derecho, no de ceder a chantajes que no se toleraron ni cuando mataban. La misma firmeza debe mostrarse frente al intolerable pulso que la banda y sus voceros –sus hermanos de sangre- plantea a la democracia española. Más allá de su “solidaridad” con Iosu Uribetxerria, el grupo terrorista busca, mediante el chantaje, marcar la política penitenciaria del Gobierno respecto a los presos etarras.
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