El cambiante y cada vez más desnortado público de Las Ventas, que volvió a poner un nuevo, y van quince, cartel de 'no hay billetes', asistió hoy impasible, sin el reconocimiento ni la fuerza de los aplausos que merecía, al impresionante despliegue de valor del joven Víctor Hernández ante el destartalado, manso y peligroso sexto toro de la tarde.
Entre meriendas y copas, han sido ya muchas tardes de esta feria que ve su final en las que no se han acabado de valorar en su justa medida actuaciones de mérito técnico o de notable valor artístico, pero nunca como hasta hoy había pasado desapercibido para la mayoría festiva un valor tan descarnado como el del matador madrileño, que además fue cogido aparatosamente hasta en dos ocasiones por un astado que mostró desde la salida el evidente peligro de su mansedumbre.
De hecho, fue ya en el primer lance de capa cuando el de Santiago Domecq, de un seco testarazo, prendió a Hernández por el hombrillo de la chaquetilla, le levantó más de un metro de la arena y aún le llevó prendido y arrastrado hasta más allá de los medios, sin que milagrosamente llegara a herirle.
Se levantó el torero sin mirarse, se quedó en mangas de camisa y se dedicó a llevar con tranquilidad la lidia del torancón, que escarbaba reservándose en cada cite y al que Agustín Collado acertó, entre las protestas injustificadas de los supuestos expertos, a aplicarle el suficiente castigo en el caballo para aplacar su violencia.
Pero lo que el animal no perdió fue su sentido y su peligro, midiendo constantemente a su matador en espera de un descuido para poder sorprenderle, lo que, desde el primero momento, no le permitió Hernández, firmísimo de plantas y cruzándose mucho al pitón contrario en cada cite, siempre cerca de ese palpable riesgo que pareció no llegar a los tendidos.
Cada sudado y trabajado muletazo, que intentaba prolongar y desengañar con temple esas aviesas arrancadas, era de por sí todo un esfuerzo que Hernández hizo con la naturalidad del valor bien entendido, el más sereno y consciente, aunque sólo fuera respondido por tibias palmas hasta que, ahora sí, en un único descuido, el de Domecq se le coló por el lado izquierdo y le prendió esta vez por la axila, por donde le colgó sin llegar tampoco a herirle, aparentemente.
Y ni aun así se arredró Hernández, sino que con la misma entereza aguantó con total determinación al momento de volcarse en una estocada delantera que no tuvo el efecto deseado y que necesitó de hasta siete descabellos que terminaron de esfumar la que fuera mínima intención del público de premiar tan generoso esfuerzo.
Hasta entonces la tarde había resultado muy desalentadora, y no tanto por la firmeza que el mismo Víctor Hernández puso ante un tercer toro muy rebrincado por su justeza de fuerzas, sino por la manera en que Emilio de Justo se dejó ir un lote, el único formado por sendos toros de Jandilla, de finas y excelentes hechuras y con bravura y calidad sobradas para ponerle en bandeja de oro un triunfo rotundo de cuatro orejas.
Porque más allá de los repetidos y exagerados fallos con los aceros, el veterano torero extremeño apenas sacó media docena de estimables pases tanto a un primero de calidad suprema en sus entregadas y descolgadas embestidas como a un cuarto de vibrante bravura y codicia.
Pero si con el primero el trazo de sus muletazos siempre fue corto y ligero, con el cuarto, salvo en una tensa tanda de naturales, no hubo en su toreo asiento alguno, sólo para aprovechar la inercia de los dos primeros pases de cada tanda para darse luego a los adornos secundarios que sí llegaron al tendido, aunque más por la emoción que ponía el animal que por la escasa entrega de De Justo.
En tierra de nadie, Borja Jiménez insistió sin brillo y muy molestado por el viento con un jabonero de Jandilla que se defendía cuando no encontraba temple en la muleta, y se encimó más de la cuenta con el sardo remiendo de Santiago Domecq que se jugó como quinto, al que, con constantes enganchones y sin apenas claridad de ideas, atrancó su más que aprovechable movilidad. Mal prólogo para su actuación en solitario en este mismo ruedo el próximo domingo.