www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Mi curiosidad por el Curiosity

Marcos Marín Amezcua
sábado 18 de agosto de 2012, 19:18h
De repente se posó en el planeta Marte la madrugada del 6 de agosto de 2012, mientras millones veíamos en vivo y en directo por el canal de la NASA aquel prodigio tecnológico, sin dar crédito a ello. Aprendimos pronto su nombre: Curiosity.

Resulta imposible sustraerse a uno de los acontecimientos científicos más relevantes de este año 2012 y de la historia de la aeronáutica espacial. Todas las publicaciones de prestigio lo mencionan. No seremos la excepción. Dediquemos un espacio más a reflexionar en torno a las hazañas de esta singularísima nave de tan portentosas capacidades e inverosímiles alcances que nos hacen palpar palmo a palmo el Planeta Rojo.

¡Recórcholis! de súbito nos enteramos que la misión era un éxito, tras de salir desde cabo cañaveral el 26 de noviembre de 2011 y que tras posicionarse en la superficie marciana, permanecerá 686 días –un año marciano– y nos obsequiaba las primeras imágenes de un paisaje tan fascinante como desolador desde aquella superficie teñida en infinitos tonos rojizos. Y aunque no es el primer viaje de un artefacto que se posiciona en aquel mundo, sí es el primero de larga estancia y de exitoso aterrizaje. En esa trascendente misión participa también la Universidad Nacional Autónoma de México.

Extasiado porque pude seguir el ansiado descenso de esta nave sobre la faz de Marte, ha sido verdaderamente increíble. Fue un gran momento, sin lugar a dudas. Las felicitaciones entre el personal encargado del ambicioso proyecto desbordaban el recuento de tensiones, para así irradiarse a la Humanidad al completo con aquel gusto por el triunfo. A mí el Curiosity me ha despertado una enorme curiosidad.

Parece claro que insistimos en dejar de lado a la Luna, la nuestra, la de siempre, a la que los aztecas le vieron un conejo pintado (es real, pongan atención en la siguiente luna llena) pues no ofrece riquezas a nuestro planeta. De cuando en cuando y más allá de la consabida y llamativa frase que reza “buscamos indicios de vida en Marte”, se ha ido revelando y lo inferimos, que el verdadero móvil de tanta persistencia en aquel planeta es la búsqueda de agua en cualquier forma, así sea en la categoría de indicios. Y es que como la encuentren, Marte se enterará de quiénes somos y de qué hemos sido y seremos capaces.

Sí, en efecto, hay un afán científico indubitable, pero aun lo científico se traduce en esa acuosa obsesión. La sola búsqueda de vida no obedece a que quisiéramos satisfacer nuestra más inocente curiosidad para, una vez encontrada y alegrarnos por ello, girarnos sin más y regresar a casa con una amplia sonrisa en el rostro, prodigando parabienes y bendiciones por doquier.

Desde que sucedió el feliz descenso del artefacto (que algunos describen del tamaño de una pequeña furgoneta o camioneta como la llamamos en México) y cuando ya hemos visto un par de fotografías en tonos rojizos que son espectaculares, nos admiramos de la proeza que representan. Ahora con el Curiosity nos acercamos a desvelar nuestras más caras fantasías sobre aquel plantea rojo, acaso más negativas que positivas, a diferencia de la luna terrestre, Selene como debiera llamarse, nos representa un paso gigantesco como especie. Ahora nos adentrará en los antes inescrutables secretos del vecino lejano, acercándolos y mostrándonos sus otrora impenetrables paisajes. Es algo equiparable a la hazaña de los exploradores de los siglo XV y XVI.

Quienes crecimos con los ecos del viaje a la Luna, con la mirada en el mundo sideral del futuro o como en mi caso, con el auge de los taxis espaciales de los que conservo un pequeño ejemplar del Columbia o admiramos al primer astronauta mexicano, el Doctor Neri Vela, y vimos maravillados a los astronautas soviéticos celebrando el año nuevo sin gravedad desde la estación espacial Mir, ahora sumamos nuevos motivos de admiración.

Y así, se incrementa mi curiosidad por el Curiosity tras de ver esas fotografías que el cacharrito emite desde la superficie marciana, una de ellas de la Tierra vista desde sus confines. Y me pregunto si somos conscientes de esta gesta científica que supera lo efectuado por la Sojounder de 1997, cuyo andar efímero sobre aquella rocosa, inhóspita y bermeja superficie de abundantes tonalidades rojizas, inacabables e inabarcables, ya algo nos había aportado desde que se posó en ella un 4 de julio, fecha tan del agrado de hacerla coincidir con grandes sucesos de los Estados Unidos, los patrocinadores de aquella visita. Desde entonces pareciera que la carrera espacial entró en nuevos prolegómenos y nos sigue deparando grandes sorpresas y emociones inagotables. Enhorabuena, sin duda. Y hay que decirlo, en cosas de astronomía y referentes al firmamento –palabra más bonita, por lo demás- es que no se termina de escribir esta historia.

El Curiosity parece que marcha estupendamente y la NASA se desvive en detallarnos su sofisticado equipamiento y aunque ya sabíamos que lo de las civilizaciones avanzadas e inteligentísimas marcianas parece que se quedará en nuestro desbordado imaginario, ciertamente que somos testigos privilegiados al avistar un horizonte espacial que nadie antes presenció con tal profusión de detalles. Ampliamos aun más la geografía cósmica pareciendo inagotable el conocimiento que de ella proviene. Acaso queda apuntar que ya sea por nuestra falta de cultura e investigación o por aburrimiento, es que se ha optado por ya no emplear los nombres mitológicos para denominar los cuerpos celestes y las naves espaciales, sino por complicadas y farragosas fórmulas en homenaje a tal o cual científico de terciopelo, de medio pelo o de cierto pelo o por utilizar barrocas fórmulas numéricas difícilmente memorizables. Atroz.

Mientras apartamos la Luna de nuestra mirada y mejor la situamos en Marte, me sigue intrigando qué encontraremos o qué no. Me sigue incitando la curiosidad por saber qué derivar de todo ello, a qué debemos de atenernos y compruebo la pequeñez de nuestro planeta frente a esa enormidad que, sin pruebas fehacientes de ser o no infinita (que ni el más avezado puede sostener una postura probada) que conforma nuestro cosmos. Concluyo: a mí todo esto me significa y me entusiasma y comparto con todos ustedes tamaño regocijo.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios