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Entrevista al poeta Octavio Armand

“Ser cubano es la imposibilidad de decir soy y estoy en un mismo sitio”

viernes 28 de septiembre de 2012, 14:59h
Uno de los referentes de la poesía barroca y del ensayo latinoamericano, Octavio Armand ha estado de paso por Madrid para preparar el lanzamiento de su más reciente obra, “El ocho cubano”, un libro en el que aglutina recuerdos y experiencias de su infancia en Cuba. El Imparcial compartió cafés y anécdotas con el que es considerado uno de los herederos de Carpentier, Lezama Lima y Sarduy.
“Soy un escritor del bumerán no del boom. Mis libros circulan un poco entre en las catacumbas como los viejos cristianos”. Dice entre risas Octavio Armand (Guantánamo, Cuba 1946), mientras pide un café cortado en un bar de Madrid y su fértil imaginación comienza a trabajar. “Espero que no haya mucho ruido para la entrevista, si quieres salimos a la terraza, aunque con los sonidos de los cubiertos y las tazas, quedaría como una obra de John Cage”.

La sencillez de su personalidad contrasta con la profundidad de su pensamiento, que ha visto en la poesía y en el ensayo sus medios de expresión. Trabajos como “Horizonte no es siempre lejanía” (1970), “Biografía para feacios” (1980), “Son de ausencia” (1999), y “Horizontes de juguete” (2008), avalan la reputación de ser uno de los grandes representantes de la literatura barroca cubana, siguiendo la estela de Alejo Carpentier, José Lezama Lima o Severo Sarduy.

Pese a que sus libros circulan entre “catacumbas”, su obra no ha pasado desapercibida para los intelectuales latinoamericanos. Desde su colega mexicano Octavio Paz, hasta la nueva generación de poetas como el argentino Reynaldo Jiménez o el ensayista venezolano, Johan Gotera, alaban la obra del autor, que pide que no le llamen de “usted” porque le hace sentir “más viejo que Ramsés”.

El Imparcial: ¿Háblenos un poco de su último libro “El ocho cubano”?

Octavio Armand: “‘El ocho cubano’ son una serie de viñetas y recuerdos, básicamente de mi infancia en Cuba y de la temprana juventud. Casi todos provistos de la amargura que ha asignado la vida cubana. La amargura política, la amargura del destierro, debido a que soy de una familia de dos exilios. Fuimos exiliados de la dictadura de Batista, regresamos al triunfar la Revolución, después nos vimos forzados a irnos, lo que me ha llevado vivir casi una eternidad en el exilio, entre Nueva York y Caracas. Son recuerdos de una Cuba casi anterior a las crisis”.

EI: ¿Cómo surgió ese título?

OA: “El nombre surgió por un piloto de la Fuerza Aérea venezolana, amigo mío, al que le pregunté como se traduce ´luping de loop’, a lo que me responde: ‘igual, luping de loop’. Entonces con mucha malicia me explica que es una maniobra muy parecida al ‘ocho cubano’, que es un movimiento que se usa en la aviación de combate. Me sorprendió que no sólo haya números romanos o números arábicos, si no que hay uno cubano”.

EI: En la portada del libro el “ocho” aparece acostado como un “infinito”. ¿A demás de lo anecdótico, el nombre de su último trabajo encierra un factor místico?

OA: “El ocho es un número que persigue a los cubanos. En la charada que es un sistema numérico mágico en Cuba, significa muerte, por lo que tiene una serie de connotaciones para nosotros. También está el caso del general Ochoa (Ocho-a) o la ‘Calle ocho’ en Miami, donde se concentra la vida del exilio cubano. Son muchas peculiaridades que nos une a este número, por eso escogí el título”.

EI: ¿Cómo ha influido esa condición de doble exiliado en sus obras?

OA: “Todo el siglo XIX, comenzando con José María de Heredia que fue a Venezuela de niño, resulta un manual para el exilio. Es como si los cubanos nos hubiésemos preparado desde siempre para someternos a la intemperie. Entonces una experiencia tan larga del exilio deja de ser una experiencia política y se convierte casi en una forma de asumir los hechos, la cotidianidad, la vida en general”.

“Tengo el sentido de no estar del todo. Yo nunca estoy del todo presente en nada. Es como quien se asoma a los vidrios de los restaurantes para ver a la gente mientras comen y beben. Ante la vida de otros pueblos, yo me asomo a la ventana y miro como viven los demás. Uno está siempre como en una distancia, que incluso comienzas a sentir hacia ti mismo, al sentirte desterrado de tu yo. Digamos que escribo borrando como el carey (una especie de tortuga), que borra su rastro”.

PIE DE FOTO


EI: ¿De allí el ensayo “Octavio Armand contra sí mismo” de Johan Gotera? ¿Le incomoda que plumas más jóvenes hurguen en las entrañas de su literatura?

OA: “Para nada. Al contrario, me vuelve a colocar en la intemperie y me permite asomarme a un aspecto de la realidad del lenguaje. Me lleva a situaciones en donde me veo viendo ¿sabes?. No es como si me viera en el espejo, es como si mi imagen en el espejo me viera a mi”.

EI: ¿Cómo ve la evolución del lenguaje en ese universo llamado redes sociales?

OA: “El lenguaje es dinámico por lo que está en permanente evolución. Pero nos encontramos a punto de perder a través de la cantidad de información, la calidad de la comunicación. Yo creo que parte de la tarea de la poesía o del escritor, es vacunar la conciencia del lector contra la propaganda de todo tipo, la censura, y sobre todo de ese agobio informativo que no nos permite procesar lo que está pasando. He de confesar que soy un ‘náufrago de Internet’”.

EI: ¿Qué opina de esa nueva generación de poetas o de nuevos autores cubanos como Yoani Sánchez, tan galardonada por su blog “Generación Y”, que aportan nuevas voces a Cuba?

OA: “Está claro que en Cuba se agotó el mito de la Revolución. Lo que se siente en el ambiente es que la gente trata de salvar un poco de subjetividad. Han sobrevivido a doctrinas, a colectivismo, a discursos heroicos, por lo que los jóvenes tienen la necesidad de descubrirse a sí mismos; descubrir que son sujetos, que tienen un ‘yo’ individual, necesidades personales, que quieren hacerse de un paisaje propio. Son como esas personas que se sientan en el malecón de La Habana, siempre de espaldas a la ciudad. El cubano mirando al mar, al horizonte, a un futuro...”

EI: El mundo de las letras latinoamericanas lo describe a usted como el mejor representante de la “cubanidad” ¿Cuál es el verdadero significado que encierra esta palabra?

OA: “La cubanidad es la imposibilidad de conjugar en un mismo sitio estos verbos ser y estar. Ser cubano es la imposibilidad de decir soy y estoy en un mismo sitio. Esto nos ocurre a todos los cubanos, a los castrista y los anticastristas; los que estamos afuera y los que están adentro de la isla. Todos hemos sufrido lo que ha sucedido en Cuba. Hasta el propio Fidel Castro es una víctima de su sistema. Paso de héroe descomunal a convertirse en el tirano latinoamericano”.

EI: Su familia como otras familias cubanas creyeron en Fidel Castro y su Revolución. ¿Qué le paso a Fidel Castro?

OA: Creo que lo primero que le pasó fue enfrentarse a la torpeza de la política norteamericana y se dio cuenta que para retener el poder tenía que buscar una alianza menos peligrosa. Asociarse a alguien que estaba a más de dos mil millas y no a 90 millas. Quizá fue una opción que la geografía les facilitó, oponerse a las 90 millas con la ayuda del aliado de las dos mil. Sinceramente son muy oscuros los porqués de la transformación. Pero en mi familia como todas aquellas que apoyamos la Revolución somos de la opinión de que el traidor es Fidel Castro.

EI: Vive desde hace muchos años en Caracas. ¿Cree que hay similitudes entre la Venezuela de Chávez y la Cuba de Castro?

OA: “Yo no veo mucho parecido entre la Revolución cubana que yo conocí con la venezolana. A mi el caso de Venezuela me parece paródico. Primero la Revolución cubana nace de la lucha armada contra una dictadura. En Venezuela la figura de Chávez surge del fracaso de dos golpes de estado y emerge en unas elecciones. La cubana tiene el aval de una lucha armada contra una dictadura feroz”.

EI: Con todos los cambios que se viven en la isla ¿se puede hablar de un fin del castrismo?

OA: “Quizá hayamos entrado en un postcastrismo y no nos hayamos dado cuenta. Muchos militares en Cuba son los que dirigen al empresariado que viene a invertir en el país.Yo creo debemos entrar en un debate postideológico y muy práctico como el que se dio en la URSS. Ahora las autoridades se encuentran en medio del debate de cómo dividir el poder que les queda o cómo prolongarlo, cómo garantizar que ellos van a administrar la apertura de Cuba”.

“Si bien todo esto ha tenido un rostro ideológico, lo cierto es que detrás hay gente muy práctica”.

EI: ¿Por qué Cuba tiene es poder de ser una fuente inagotable de inspiración para los artistas y escritores que la visitan?

OA: “Una de las cosas ‘maravillosas’ que hizo la Revolución es no haber podido hacer nada. Por ejemplo, al no poder tocar La Habana vieja por su guerra con el capitalismo, se fosilizó un paisaje, queda una Habana casi colonial. A diferencia de Pompeya que la gente visita sus ruinas como un museo, en Cuba las ruinas están habitadas. En medio de los escombros viven cubanos y se desarrolla la vida cubana. Digamos que existe una estética de la miseria que cautiva y conmueve a todo aquel que visita a la isla y enamora a la inspiración”.
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