El realismo, el surrealismo y la abstracción fueron algunas de las corrientes artísticas que dominaron la década de los años 30, pero no las únicas dada la predisposición de los artistas por reinterpretar la realidad imponiendo a sus obras un componente de complejidad que las hacía poseedoras de un componente de complejidad psicológica. A través de 400 obras, el Museo Reina Sofía propone en la exposición “Encuentros en los años 30” una redifinición de aquella etapa con la intención de aportar una visión renovada sobre la conexión entre los creadores de entonces.
El
Museo Reina Sofía acaba de inaugurar la exposición
Encuentros en los años 30, que podrá visitarse hasta el 7 de enero y en la que ha reunido 400 obras firmadas por Picasso, Kandinsky, Dalí, Miró o Beckmann, entre las que se incluye el imponente
Guernica del pintor malagueño.
A través de esta exposición, el museo ha buscado redefinir el modo en el que ha sido concebida esta década artística, testigo de momentos convulsos en cuanto a política, economía y asuntos sociales se refiere. Así,
Jordana Mendelson, comisaria de la muestra, explica a este periódico que “pretende hacer partícipe al público y a los especialistas de la gran heterogeneidad que se dio en aquella época, así como hacer ver las múltiples maneras en las que los artistas trabajaron en permanente diálogo no sólo entre ellos, sino también con la sociedad mediante los medios de comunicación y los proyectos estatales”.

Vista de sala de la exposición Encuentros en los años 30 con el Guernica de fondo. (Foto: Joaquín Cortés / Román Lores)
La mujer, el trabajo o el ocio fueron temas recurrentes para los artistas que se dejaron seducir por el
realismo. Tal es el caso de
Cena familiar, de Ángeles Santos,
Grupo alrededor de la guitarra, de Josep de Togores, o
Sociedad parisina, de Max Beckmann. “Los
años 30 representaron para muchos la consolidación de las propuestas experimentales de las décadas previas, es decir, su institucionalización”, dice Mendelson, quien explica que, tomando el tema de la conexión entre los artistas como hilo conductor, la exposición trata de “resaltar el rol del artista y de abrir las salas a unas narrativas más complicadas que permiten al visitante pensar abiertamente sobre los temas presentados”.
La oportunidad de contemplar las obras reunidas ofrece la oportunidad, como apunta la comisaria, de reflexionar sobre una etapa en la que no sólo el realismo tomó partido en la escena artística, sino también la
abstracción, el surrealismo, la fotografía o el cine. Así, no resulta extraño percatarse del momento de ruptura que debió suponer el periodo de investigación y debate que llegó de la mano de lo abstracto, movimiento en torno al que la exposición muestra obras de Miró -
Pintura-, Mondrain -
Composición número 1: rombo con cuatro líneas-, Kandinsky -
Sucesión-, o Theodore Roszak -con su composición volumétrica
Construcción blanca-.

Sociedad parisina (1931), de Max Beckmann. Óleo sobre lienzo. (Foto: Museo Reina Sofía)
Dado que el valor añadido de la
exposición organizada por el Reina Sofía radica en la posibilidad de atender al diálogo que se estableció entre los artistas de entonces, Mendelson comenta que merece la pena prestar atención a las historias “parecidas y cruzadas” que representan, por un lado, la “norma” de la década y, por otro, “sus momentos excepcionales”.
En la amalgama de obras expuestas, apartados como los dedicados a las
exposiciones internacionales, como las de Nueva York en 1939 y París en 1937, permiten percatarse de la capacidad de aquellos creadores para desenvolverse en un campo emergente como la publicidad o la propaganda. Postales y carteles de la época invitan a rememorar una etapa marcada por la creatividad, el progreso arquitectónico y una perenne rivalidad ideológica.

Documentos sobre Dalí y obras como
Cascabeles rosas /cielos en jirones, de Magritte, introducen al visitante en las salas dedicadas al
surrealismo para dejar paso más adelante a la experimentación con la fotografía de vanguardia, que se presenta al visitante gracias a instantáneas de Man Ray, como
La modelo o
Cocina. Portfolio electricidad, o de Cecil Beaton, como
Fotografía de moda: modelo con gorro y periódico.
Uno de los mayores atractivos de la muestra es el
Guernica de
Picasso, enmarcado en el recorrido en el apartado
España: Segunda República, Guerra Civil y Exilio. La pintura del artista malagueño, de la que se cumple este año el 75 aniversario, no ha sido movida de sitio para la ocasión. Acompañada de otras obras de la época, como
Evacuación de Bardassano, o
Madrid, de Horacio Ferrer, permite hacer partícipe a quien las contempla del ahogo que debió suponer la Guerra Civil para aquellos creadores.
“El
Guernica es el eje vertebrador de la exposición, pero no el único”, dice la comisaria, quien matiza que la muestra trata de estudiar a los artistas “en su contexto artístico y vital y no en presentar a un artista o una tesis como representantes de toda una década”, de modo que, a juicio de esta experta, la obra de Picasso no debe contemplarse como una unidad, sino como una pieza más en el engranaje cultural de los años 30: “Hay que entender el Picasso y el
Guernica como una pieza que ha marcado más que otras dentro de una narrativa compartida, conflictiva y abierta”. La exposición, pues, busca “ofrecer la oportunidad de estudiar el lienzo del pintor malagueño en su época y a los artistas españoles como protagonistas de ella”.
Información sobre la exposición:Lugar: Museo Reina Sofía. Edificio Nouvel y Edificio Sabatini.
Fechas: del 2 de octubre al 7 de enero.
Horarios: de lunes a sábado de 10:00 a 21:00 horas / domingo de 10:00 a 19:00 (a partir de las 14:30 sólo la colección) / martes, cerrado.
Entradas: general, 6 euros / exposiciones temporales, 3 euros.