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ENTREVISTA

John Gurdon, Nobel de Medicina: “En dos o tres años se podrá devolver la vista a las personas ciegas”

viernes 12 de octubre de 2012, 21:05h
El científico británico John Gurdon desarrolló hace más de 40 años un experimento con ranas en la Universidad de Oxford para estudiar la identidad genética de diferentes tipos de células en el cuerpo. Una investigación que no tenía mayores pretensiones terminó sembrando las bases para la llamada reprogramación celular, una técnica desarrollada por el japonés Shinya Yamanaka que les ha valido a ambos investigadores el Premio Nobel de Medicina 2012. En una entrevista con El Imparcial, Gurdon enfatiza sobre los usos médicos reales de estos estudios, como la capacidad de devolver la vista a personas ciegas mediante la reimplantación de células oculares, intervención que se podrá empezar a poner en práctica “en dos o tres años”.
“Lo intentaré”. Sin esconder la dificultad del asunto, el Doctor John Gurdon se esfuerza en traducir a frases sencillas, desprovistas de sus naturales terminologías científicas, el experimento que, después de cuarenta años, le ha convertido en Premio Nobel de Medicina 2012. “Fui capaz de extraer el núcleo de una célula intestinal y trasplantarla en un huevo de rana. El huevo, junto al núcleo de la célula intestinal, fue capaz de crecer y formar una rana adulta normal”, explica.

Eso fue en 1958. Cuatro años después, cuando publicó los resultados de su estudio y a pesar del escepticismo inicial de la comunidad científica, Gurdon sentó las bases de la reprogramación celular: la posibilidad de “borrar la identidad” de una célula madura y convertirla en cualquier otro tipo de célula. En palabras del propio Nobel durante una entrevista con El Imparcial, “lo más importante” de sus experimentos con ranas es que “demostró que todas las células del cuerpo tienen los mismos genes, por lo que es posible derivar un tipo de célula en otra”.

Hasta el hallazgo de Gurdon se pensaba que la especialización celular, es decir, el proceso mediante el cual una célula embrionaria o célula madre se convertía una célula de la piel, del cerebro o del ojo, con sus características propias y diferenciadas, era irreversible. Sin embargo, la célula intestinal que el investigador británico introdujo en el huevo permitió el desarrollo normal del anfibio, funcionando como una célula inmadura más.

Las investigaciones de Gurdon llegaron a la conclusión de que el material genético de todos los tipos de células es el mismo, pero ‘utilizado’ de diferente forma. Una célula intestinal requiere de unos genes determinados. El resto permanecen ‘inactivos’, pero no se pierden. Cuatro décadas después, Shinya Yamanaka, científico japonés que comparte este año el Nobel de Medicina con Gurdon, demostró que la ciencia es capaz de recuperar ese material genético 'durmiente' y ‘reprogramarlo’ para transformar lo que un día fue una célula madura intestinal en otra, por ejemplo, cardiaca.

Usos médicos
A sus 79 años, el Doctor Gurdon ha visto reconocido un trabajo que, si bien en su momento se enfocó con fines meramente académicos, ha terminado desembocando en una ciencia real, con múltiples usos efectivos y un futuro prometedor. "Es particularmente agradable ver cómo simples investigaciones, que buscaban originalmente probar la identidad genética de diferentes tipos de células madre en el cuerpo, se han convertido en una clara posibilidad para la salud humana", señaló el científico durante la rueda de prensa posterior al anuncio del Nobel de este año.

En su charla con este periódico, en la que se mostró “muy agradecido” por este Nobel compartido después de casi medio siglo, Gurdon destacó la relevancia de este tipo de estudios sobre reprogramación celular en dos sentidos: el testeo de medicamentos y la regeneración celular.

“El primer uso de esta tecnología, que se relaciona directamente con el trabajo del Doctor Yamanaka, es que podremos hacer crecer células enfermas de, por ejemplo, un paciente con párkinson, y usar sobre ellas diferentes medicamentos para estudiar cuál de ellos mejora la condición del paciente”, explica el investigador británico.

Las células ‘creadas’ o transformadas a partir de otras mediante esta especie de marcha hacia atrás en el tiempo tienen, de hecho, la ventaja de que crecen y se dividen en el laboratorio, a diferencia de la mayoría de las células adultas, las cuales no sobreviven en condiciones de cultivo. De modo que esta técnica de reprogramación celular desarrollada por Yamanaka sobre las bases que Gurdon sentó facilita la investigación sobre enfermedades, como el párkison, el alzhéimer o la esclerosis múltiple, no tienen a día de hoy cura posible.

“El segundo beneficio que acompañaría a esta tecnología”, prosigue Gurdon, “es que permite estudiar la posibilidad de reemplazar partes del cuerpo”. El científico británico explica cómo la capacidad de crear cualquier tipo de célula a partir de células maduras de un mismo individuo abre la puerta a la creación de órganos y tejidos altamente compatibles.

Una de las aplicaciones más avanzadas en esta segunda dimensión del horizonte próximo en torno a la reprogramación celular es la relacionada con la cirugía ocular. Según explica Gurdon, existen trabajos muy evolucionados sobre la sustitución de células oculares dañadas por otras nuevas ‘creadas’. Este tipo de intervención “podría empezar a emplearse en dos o tres años” y “permitir a personas ciegas recuperar la visión”.

Biología celular y ética
Desde sus primeros pasos, la investigación con células madre ha provocado reticencias y rechazos en múltiples sectores sociales y científicos. El desarrollo en este campo ha chocado muchas veces con los dominios de la ética en torno al uso de embriones para ensayos clínicos o al peligroso terreno de la clonación cuando se cruza con el término “humano”.

John Gurdon reconoce que con la ciencia actual podría clonarse un ser humano pero que “nadie quiere hacer eso” y que en relación a su campo específico de estudio “no hay ningún problema ético porque no estamos debatiendo sobre clonar personas”.

Es más, desde algunos sectores de la comunidad científica se ha puesto de relieve que, más allá del Nobel de Medicina, Yamanaka bien se merecería un reconocimiento a la Ética puesto que sus estudios permiten crear, a partir de células maduras, células madre, y eliminan la necesidad de extraerlas de embriones.
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