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en el río Jordán

Miles de cristianos ortodoxos reviven el bautismo de Jesús

miércoles 23 de abril de 2008, 09:01h
Un río de unos siete mil creyentes descendió desde primera hora de esta mañana del pequeño Monasterio de San Juan al punto del Jordán donde, según la tradición, San Juan Bautista bautizó a Jesús, un pequeño meandro de agua en medio del desierto que no parece haber sufrido cambios en los últimos dos milenios.

Este bíblico lugar, cercano a la ciudad de Jericó, permanece libre de edificaciones y está marcado sólo por un pequeño embarcadero, que no está preparado para baños multitudinarios, por lo que la muchedumbre cristiana no pudo siquiera pisar la orilla y tuvo que emular a Jesús bajo el agua de tres duchas.

Pero este inconveniente no restó fe ni emoción a la ceremonia que concluye este miércoles y en la que se espera que participen más de 15.000 cristianos de las iglesias Griega, Siria, Etíope y Copta.

El vicepatriarca griego de Jerusalén, Cristópulus Maroron, ofició una misa para marcar el inicio del ritual, que se celebra cada año con motivo de la Semana Santa Ortodoxa.

Entre los asistentes abundaban las mujeres mayores vestidas de riguroso negro o con túnicas blancas adornadas con cruces y otros símbolos cristianos.

Además de mojarse con la venerada agua del Jordán y recogerla en botellas, los peregrinos encendían velas, rezaban y pedían la bendición a los más de cincuenta obispos y doscientos curas griegos, rusos y serbios que les daban a besar sus cruces o, incluso, una paloma blanca.

La bendición del Espíritu Santo

"A través de este agua, toman la bendición del Espíritu Santo, de Dios", dijo el archimandrita greco-ortodoxo Eusebius, que añadió que "éste es el lugar exacto en el que Jesucristo fue bautizado de acuerdo a nuestra tradición y las Sagradas Escrituras".

Ksenia, nacida en Nueva York de padres dominicanos y cristiana ortodoxa desde hace doce años, asegura que para ella "es muy importante hacer lo que Jesús hizo, pasar por dónde él pasó, recordar lo que él fue y ver los lugares donde vivió su vida".

Aunque algo decepcionada por no haber podido entrar en el río, se consoló sumergiéndose por completo en la pequeña pileta, al igual que hicieron su marido y sus tres hijos, y se declaró feliz y emocionada de poder vivir esta experiencia.

Su viaje no termina aquí, ya que también recorrerá la Galilea, visitará la ciudad de Nazaret y acabará su viaje en Jerusalén, donde orará en la basílica del Santo Sepulcro, donde yació el cuerpo de Jesús tras ser crucificado.

El serbio ortodoxo Stefan Igor explicó que ha venido hasta aquí para "venerar este sitio, invocar su emoción espiritual y aumentar su fe".

"Dado que es zona militar y área restringida, nunca sabes si vas a poder entrar en el río ni cuánto vas a poder acercarte", indica este creyente que ya acudió aquí hace cuatro años y, en esa ocasión, tuvo la oportunidad de bañarse en el río tal y como hizo Jesús.

"Me he sentido espiritualmente renovado y bendecido y mi fe fortalecida. Esta experiencia me ha permitido sentirme más cerca del Señor", añade.

Para él, "si vienes aquí con una actitud espiritual, aunque no te dejen bañarte en el río lo vives plenamente como una bendición".

El calor sofocante, típico de esta desértica zona cercana al Mar Muerto, hacía que los peregrinos se agolpasen desordenadamente bajo las precarias duchas adornadas con palmas para mojarse y persignarse bajo el agua, en un rito íntimo celebrado al compás de los tambores de un grupo de "scouts" palestinos.

Sólo algunas mujeres que se acercaron al lugar desde la otra margen del río, en territorio jordano, pudieron bañarse en su cauce y reproducir el bautizo de Jesús de una forma más parecida a la ceremonia que narra la Biblia.

Ambas orillas estaban fuertemente protegidas por soldados jordanos e israelíes, que controlaban que la jornada transcurriese sin incidentes.

Según explicó un portavoz de la Administración Civil israelí, el próximo mes de enero, fecha en la que también miles de fieles ortodoxos se acercan hasta aquí, se habrá construido un embarcadero más firme que permitirá a los fieles acceder a la ribera aunque, tal vez, le quite algo de encanto a este lugar.