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crítica de cine

[i]Argo[/i]: Ben Affleck mejora con los años

domingo 28 de octubre de 2012, 12:33h
Acaba de estrenarse en nuestras salas de cine el tercer trabajo como director del actor Ben Affleck, una cinta basada en hechos reales que fue presentada fuera de concurso en la sección oficial de la pasada edición del Festival de Cine de San Sebastián.
Ben Affleck es, sin duda, de esos actores que mejoran con el paso de los años así como con la actividad añadida de ponerse también detrás de la cámara, en la estela del mítico Clint Eastwood, cuya imagen e interpretación cambió de forma radical – a muchísimo mejor – cuando empezó a dirigirse a sí mismo en filmes tan intensos y comprometidos, a la vez que tan perfeccionistas, que a uno no le quedaba más remedio que preguntarse a dónde había ido a parar su personaje cariacontecido de los westerns por los que se había hecho famoso. No se trata de comparar a Eastwood con Affleck – en todo caso, no sería lógico ni justo cuando hay tantas décadas que les separan –, pero el actor californiano ya demostró con su debut como director en 2007 con “Adiós, pequeña, adiós”, que su trabajo es intenso y apunta a lo impecable. El segundo filme que alumbró desde detrás de la cámara, “The Town, ciudad de ladrones”, fue nombrado en 2010 Mejor Película del año por el Instituto de Cine Americano y era lógico que su tercer trabajo se esperase con mucho interés.

Para Argo, Ben Affleck, que interpreta además al protagonista, se fijó en uno de esos hechos reales que parecen sacados de la mente del más ingenioso guionista de Hollywood. La película se basa en el libro del año 2000 titulado “El maestro del disfraz”, escrito por Tony Méndez, y en el artículo publicado en 2007 en la revista Wired con el título de “La gran escapada”, acerca de la gran hazaña del propio Méndez, a quien da vida Affleck en la cinta recién estrenada. Los hechos narrados acaecieron a principios de 1980 y, por entonces, Méndez era un agente de la CIA especializado en el rescate de rehenes. Fue a él a quien le tocó la aparentemente imposible misión de sacar de Irán a seis trabajadores de la embajada norteamericana que se habían refugiado en la delegación canadiense para escapar de la irrupción de cientos de revolucionarios iraníes en la norteamericana. Los primeros minutos de la cinta muestran, en clave de thriller con rasgos de documental, los terribles momentos que tuvieron que pasar los empleados de la embajada de EEUU en Teherán mientras veían cómo una turba violenta arrancaba las verjas, trepaba por los tejados y acababa por irrumpir a la fuerza en el edifico sin que los marines pudieran impedirlo. Fue el 4 de noviembre de 1979 y aquello aún permanece en la historia reciente como uno de los momentos más delicados de la diplomacia internacional. Los iraníes tomaron como rehenes a todos los norteamericanos que había dentro y a cambio de su liberación, exigían que EEUU les entregara al Sha, que había escapado a aquel país nada más estallar la revolución de los ayatolás.

Sin embargo, el mayor problema surgió en realidad con los seis trabajadores que habían conseguido escapar. Lo primero era intentar que nadie supiera de su existencia y lo segundo, librar a los canadienses del peligro que suponía tenerles escondidos en su embajada. Es decir, había que sacarles de allí antes de que los descubrieran, les acusaran de espionaje y acabaran por desaparecer. En Washington, las ideas para intentar el rescate eran cada vez más surrealistas: hacerles llegar bicicletas para que recorrieran solos los 500 kilómetros que les separaban de la frontera, hacerles pasar por inspectores agrícolas de alguna ONG, etc. Méndez no estaba de acuerdo, veía demasiados riesgos y era de la opinión de que había que encontrar una tapadera mucho más creíble para que la guardia revolucionaria no sospechase. Desde que Bill Clinton desclasificara en 1997 lo relativo a la operación llevada a cabo por Méndez, los detalles que se han ido conociendo han demostrado que, en ocasiones, sólo el plan más descabellado puede tener éxito cuando las circunstancias son tan desesperadas. De modo que a Méndez se le ocurrió hacer pasar a sus seis compatriotas por miembros de un equipo de producción cinematográfico canadiense que se había desplazado a Irán para buscar localizaciones para su nueva película de ciencia ficción, Argo, ambientada en las exóticas tierras de Oriente. Y, afortunadamente, salió bien. Igual que a Affleck le ha salido francamente bien la construcción de una película de esas capaces de mantener la tensión a pesar de que todos sabemos cómo va a terminar.

Ben Affleck cuida también los perfiles psicológicos de los personajes y pone especial atención en los conflictos internos de cada uno de ellos: desde los rehenes hasta todos aquellos que colaboraron en la misión de la que luego tuvieron que guardar silencio durante décadas. También, cómo no, Affleck incide en que muchas veces lo que triunfa es el valor de un solo hombre que se lo juega todo, incluida la vida, por salvar a otros a quienes ni siquiera conoce, cuando las autoridades toman la decisión de que el riesgo es demasiado alto para su política y cancelan la misión dejando al responsable a merced de su propio coraje y, por supuesto, de la suerte.
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