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ESTRENA [i]TODO ES SILENCIO[/i], LO ÚLTIMO DE CUERDA

Celia Freijeiro: “Lo difícil es llevar al personaje a los ojos del espectador, no a los oídos”

La actriz gallega Celia Freijeiro acaba de dar un salto que, probablemente, recuerde en entrevistas futuras, cuando su carrera profesional se dilate por los poros del cine español. El veterano cineasta José Luis Cuerda (Amanece que no es poco, Los girasoles ciegos) vio en sus ojos y en su sonrisa una mezcla de fuerza y dulzura que la hermanó, sin lugar a dudas y puede que por mucho tiempo, con Leda, el personaje femenino de su última película, Todo es silencio. Estrenada este mismo viernes en las salas, el regreso de Cuerda tras un paréntesis de cuatro años sitúa al triángulo amoroso formado por Freijeiro, Quim Gutiérrez y Miguel Ángel Silvestre en la Galicia de los ochenta, cuando el caciquismo y el contrabando de hace veinte años se sofistica y tiende la mano al narcotráfico. Una historia de delitos permitidos que determina irremediablemente el destino de sus personajes, oscuros, contradictorios, que no dicen lo que piensan y hablan a través de las miradas y los silencios. Por Laura Crespo
¿Cómo, con una carrera cinematográfica recién arrancada, se termina formando parte del reparto de una película de José Luis Cuerda?
Me avisó mi representante de que me había llegado un guión porque José Luis Cuerda estaba interesado en mí para un personaje. Hubo unos momentos de silencio dramático porque yo no daba crédito a que eso pudiera ser verdad, me hacía muchísima ilusión. Yo estaba trabajando en ese momento en la serie Homicidios con Eduardo Noriega y mi preocupación era si iba a tener tiempo para prepararme la prueba, porque había quedado con Cuerda al día siguiente. Cogí el guión inmediatamente, me lo leí, estuve toda la noche preparándolo y haciendo anotaciones porque quería estar a la altura del reto. De hecho, encargué también el libro de Manuel Rivas en el que se basa y lo compré en castellano y en gallego, por si acaso. Después de todo eso, me fui a casa de José Luis. No le conocía y tampoco sabía muy bien a qué iba, si era una prueba, un casting, una charla con compañeros o iba solo a conocerle, pero fui con mi guión y con todo preparado. Empezamos a hablar de la película, del guión, de mi personaje y terminamos hablando de lo humano, de lo divino, del amor, de mi experiencia personal, de la suya… ¡de todo! Estuvimos como cuatro o cinco horas. Cuando ya me iba, en la puerta, le pregunté cuándo íbamos a hacer la prueba. Me preguntó si quería el papel y, cuando le dije que sí, me contesto: ‘es tuyo, ya he visto lo que tenía que ver’.

¿En algún momento confesó qué fue lo que vio en esas cuatro o cinco horas que le convenciera?
Personalmente no, pero a través de las entrevistas y en la rueda de prensa que hicimos en la presentación en Seminci confesó que lo que más le parecía adecuado de mí para el personaje era el carácter, la fuerza que transmito, pero a la vez esa dulzura que, según dice, se ve en mis ojos y mi sonrisa.

Cuerda ha señalado que lo que le interesaba de esta película es lo que no se dice, lo que transmiten los personajes con los ojos y los silencios. ¿Cómo se trabaja esto de contar sin hablar?
A mí también era lo que más me apetecía y lo que más interesante me parecía a la hora de construir un personaje, que el guión es como una especie de flecha, de indicador. A partir de lo que sabemos de los personajes y que no aparece en el guión hay que interpretar lo que sí pone. Ahí está la complicación, porque en esta película los personajes nunca dicen lo que piensan y lo que sienten, sino más bien todo lo contrario. Cuando hablan, no sólo hay que plantarse el porqué de lo que dicen, sino también hay que tener muy en cuenta qué es lo que no están diciendo, qué es lo que callan. Quim (Gutiérrez) decía que el texto del guión es siempre sólo la punta del iceberg del personaje. Pero es que en esta película no tenemos ni la punta, sino un indicador casi totalmente opuesto. Ahí está lo difícil y lo atractivo para mí: llevar al personaje hasta los ojos del espectador, no a los oídos.

Deduzco que, entre rodar con Cuerda y la dificultad del personaje, este trabajo ha sido todo un reto…
Sí, desde luego. No sólo por trabajar a las órdenes de un director con una trayectoria tan sólida como José Luis Cuerda, al que además admiro mucho. También por hacerlo junto a un reparto de excepción encabezado por Juan Diego, que para mí es uno de los mejores actores que tenemos en nuestro país, y para muestra un botón, lo que hace en esta película con su personaje. Con Miguel Ángel (Silvestre) me hacía mucha ilusión trabajar; ya nos conocíamos, pero nunca habíamos coincidido por trabajo. Y Quim (Gutiérrez) es un actor al que respeto porque me parece un tío muy inteligente y muy comprometido con lo que hace. Y luego, claro, una película de estas dimensiones… Yo tengo una larga trayectoria en teatro y en televisión, pero a la hora de hablar de cine soy más inexperta, no a nivel actriz pero sí en cuanto al medio. Estaba rodeada de pesos pesados y, aunque me sentía preparada por mi bagaje, me pareció un reto. Eso sí, si Cuerda confiaba en mí, yo confío en su criterio. Por ese lado sí me resultó muy fácil estar en sus manos.

¿Qué sensación le quedó al terminar el rodaje?
Me sentí muy bien, muy arropada. José Luis me parece una persona sorprendente en todos los sentidos y extremadamente generosa, que pone a tu servicio no sólo su experiencia profesional, sino también su experiencia vital y personal. De un director así te puedes nutrir muchísimo. Luego está el equipo técnico, que parece que siempre se dice lo mismo y que yo no sé cómo será en otras películas, pero desde luego que aquí fue increíble. Sólo hay que ver el trabajo que hace Clara Bilbao con el vestuario de los años ochenta para que, incluso, favorezca, y ya es difícil. Disfruté muchísimo el rodaje y sigo disfrutando de la promoción y de la película.


La actriz Celia Freijeiro, en uno de los fotogramas de la película.


Aparte de esa mezcla de dulzura y fuerza que José Luis Cuerda vio en sus ojos, ¿en qué más se parece Celia Freijeiro a Leda?
Creo que en lo que me puedo parecer al personaje es en la determinación. Leda tiene un instinto de supervivencia que es su característica fundamental. Tiene ese barniz de ser humano primitivo que se mueve por impulso, que no se guía por la cabeza ni por la razón. Ella actúa y, si es necesario, ya se lo piensa. En eso no me parezco a ella y, de hecho, es lo que, sumado a los silencios, me suponía el reto de mi personaje. A la hora de desentrañar un personaje y construirlo, no sólo trabajas con la intuición y con la emoción sino también con el intelecto. José Luis me decía que me saliera de la cabeza porque si analizaba las acciones de Leda de forma intelectual me ponía en un lugar radicalmente opuesto a lo que era el personaje. En eso soy muy diferente a ella, yo pienso mucho las cosas. Mi cabeza me pesa mucho y la de ella no pesa en absoluto.

¿Qué ha significado rodar en casa, en Galicia?
Ha sido un plus a la hora de rodar esta película, por supuesto. Yo me fui de Galicia a Estados Unidos a los 17 años y luego no pasé por casa, me vine directamente a Madrid. Llevo sin vivir en Galicia desde entonces y he trabajado más bien poco allí, así que me hizo mucha ilusión volver allí como actriz, a rodar en mi tierra y rodeada de mi gente. Lo que más disfrutaba era ver a mis compañeros que no son de allí y que conocían poco Galicia como quedaban fascinados y sorprendidos al encontrarse con un sitio tan bello, donde la gente es mucho más cálida, generosa y amable de lo que ellos se podían imaginar.

Es dueña de su propia productora. ¿Es un momento complicado en España para conseguir sacar adelante proyectos?
Sí que hay menos proyectos. Lo que están haciendo con la cultura en este país es de extrema gravedad. No sé si la gente no es consciente, pero realmente es gravísimo. Creo que la película también habla de cosas que, como esto, son de mucha actualidad. Por ejemplo, de la clase política, que ha perdido mucha credibilidad y cómo hay gente que, por miedo, se ha callado. Hay gente que lo está pasando muy mal y jugar con el miedo y el hambre de la gente no tiene nombre.

¿Ve luz al final del túnel?
Soy una persona muy positiva, por lo que siempre creo que hay salidas y que con las crisis uno agudiza el ingenio y sale reforzado si se es lo suficientemente inteligente. Confío en que seamos inteligentes y que a la gente esto le haga despertar.

Después de haber dado un salto cualitativo en su carrera con esta película, ¿dónde le gustaría encontrarse dentro de, por ejemplo, diez años?
Me encantaría poder seguir trabajando en esto, que es lo que me gusta, y seguir teniendo papeles tanto en teatro, como en tele y en cine.

Creo que, por el momento, lo está consiguiendo, ¿no es así? Pronto podremos verla de nuevo encima de un escenario…
Empiezo a ensayar en un par de semanas una obra de teatro que se llama Los Cenci, el primer texto de Antonin Artaud que se pone en pie en Madrid en un teatro comercial, para el Teatro Español. Se estrena el 17 de enero en versión y dirección de Sonia Sebastián.
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