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Le parti c'est moi

Martín-Miguel Rubio Esteban
miércoles 23 de abril de 2008, 21:16h
Del mismo modo que durante la larga etapa franquista era una frase muy recurrente como respuesta a los críticos con la dictadura el decir que “Si no te gusta España, te vas a otro país”, ahora Mariano Rajoy, como una reedición del pensamiento político de Luis XIV y el Abate Bossuet, declara que los que no están de acuerdo con su línea ideológica (que hasta ahora es un misterio) tienen la puerta abierta para marcharse. A los liberales los llama doctrinarios (volviendo a anacrónicos conceptos de las Cortes de Cádiz), y se complace de que haya socialdemócratas en el PP, que estamos seguros que tienen que ser gente despistada o un caballo de Troya encastrado en el interior de la fortaleza del PP.

Ahora bien, admirado Don Mariano, la ideología política de un partido democrático es inmanente al propio partido, es decir, sólo la libre interacción cotidiana de los distintos discursos en libertad de sus militantes (700.000 en el caso del PP) definen en cada momento los idearios y anhelos del partido. Se trata de la primera cartilla para un demócrata.

De la experiencia colectiva y los anhelos comunes emerge la ideología de un partido democrático, cambiándose ésta en función sólo de la soberanía de sus afiliados. Así se explica que en el siglo XIX el Partido Republicano de EEUU representase la izquierda y el Partido Demócrata la derecha, y hoy al revés, en virtud sólo de las ideas de los habitantes de cada partido. Es así que los partidos con ideas incorruptibles se corrompen mucho antes. Y las ideas no tienen por qué ser menos corrompibles que los líderes. Lo contrario es una sacralización de la idea que contraviene la democracia interna. Ni líderes incondicionados ni ideas incorruptibles. Ésas son las dos únicas maneras que existen, parafraseando a San Pablo, “de vestir de incorruptibilidad lo corruptible”. Si todos se hacen clones flabelíferos de Rajoy se detendrá la historia del PP, y esclerotizado jamás podrá llegar al poder por puro anacronismo entre las ideas y la vida.

El conocimiento sobre la realidad de un partido democrático se fundamenta en el libre discurso de sus militantes libres, y no en una instancia técnica o científica incontestable que exija la sumisión intelectual de los militantes (La democracia griega descubrió que no existe una ciencia de la “aretê” ). Por eso veo antipático el acto de cerrar filas en torno a Rajoy, como si fuera de Rajoy no existieran otras ideas buenas para el partido, más nuevas y más frescas, como si fuera de Rajoy no hubiese salvación.

Si el Congreso de Junio renueva en el poder a Rajoy, enhorabuena, pero que ello se consiga sin cerrar las puertas a nadie, sin callar la boca a nadie, sin amenazar a nadie de marchar a otro partido si sus palabras no se ajustan a la ortodoxia representada por el líder, sin transgredir la democracia. El PP no puede derrochar la experiencia política de 700.000 cabezas.

Nos defraudaría a todos Rajoy si expulsa de su zapato esa piedrecita que aguza el espíritu que es la crítica. O quizás tuviéramos que reconocer que nunca hemos conocido a Rajoy. Y que los españoles eligieron verdaderamente al mejor cuando eligieron a Zapatero.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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