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Caminos y callejones de los caminos de la vida

sábado 08 de diciembre de 2012, 19:21h
Si la sociedad en que vivimos y el modo de organizarnos que nos hemos dado no funciona, es que quizá es la forma en que vivimos individualmente la que no está bien.

Examinando el modelo común de felicidad en el que hemos basado la construcción de los proyectos vitales individuales, se observa rápidamente como está asociado a un modelo de éxito social basado en el nivel de consumo, la ambición por tener y la preocupación por la imagen (corporal y social) así como el reconocimiento público de todo ello. Constituyen un modelo al que tantos y tantos se suman participando en esta nueva crisis a base de especular precisamente con la imagen y con la capacidad de tener, sin importar los medios para lograr los fines.

Así aparece un prototipo de 'telos' vital que la sociedad recompensaba mientras olvidaba observar las virtudes morales aplicadas en el día a día sin mirar el cuanto ni el qué dirán sino por el hecho de la convicción de poner en cada acción lo mejor de cada uno por el hecho de pensar que es lo mejor en sí, en esa circunstancia.

En cambio, famosos sin por qué, futbolistas y políticos llenan el tiempo y el espacio de los medios de comunicación, sus frivolidades y sus personalidades carentes de nada que sea ejemplar y positivo configuran el imaginario social de lo deseado produciendo imitación, se quiera o no, por aquello de lo subliminal e inconsciente.

La mera exposición pública como deseo inconfesable de los individuos mediáticamente socializados que hoy es tan común ya la habían detectado, analizado y denunciado en los años 60, Horkheimer y Adorno en su crítica a la dialéctica de la ilustración. Observaron como a través de la proliferación de cines se consolidaba la cultura de masas en la postguerra generando en cada fan la ilusión profunda de ser una estrella, que como las de la época y de ahora, salen de la nada y se convierten en fenómenos globales, en estrellas. Ser uno de estos elegidos por el sistema de representación viene a ser lo contrario de ser alguien por uno mismo independientemente de que los focos de la opinión pública se dirijan alguna vez sobre sus acciones, sobre su ser; es más, independientemente de que siquiera otra persona vea nuestras acciones, el criterio de nuestras acciones debería ser siempre el mismo e independiente de los demás pero a la vez debe considerar precisamente a esos demás aunque ellos no lo sepan.

En esta dicotomía entre actuar por convicción y actuar por el estrellato ha ganado evidentemente el segundo con sus mil juegos de grandes hermanos que son la bazofia de la humanidad exaltada y llevada hasta sus propios límites actuando así lo más obsceno: la exhibición de la miseria humana en sí y para sí.

El modelo de los políticos es hasta más sencillo. Muchos ni tienen estudios específicos ni vida más allá de la política -con contadas excepciones- por lo que poco se les puede presuponer un conocimiento de aquello que representan. Constituyen así la representación de la representación en la que han tenido grandes éxitos tipos como los roca, o los julianes muñoz que pueblan toda la península y que a base de especular han logrado acumular, robar y proliferar.

Tanta es la desviación de una individualidad que poco a poco, siguiendo los modelos actuales, muchos, en su medianidad, se han encontrado que el camino que les habían vendido como el éxito y la felicidad no les servía, pero a ese punto también se encuentran sin posibilidad de corregirlo, cambiarlo o crear uno nuevo. Ahí es donde ha hecho su agosto el coaching, que sustituyendo la moda del psicoanálisis mal entendido, sale en ayuda de tantos y tantos que compraron un camino creyendo en los milagros y se encontraron con que solo el camino creado por uno es el bueno pero que ya grandes, no sabían como caminarlo. El coach les ayuda a volver a abrir los ojos para ver otras posibilidades, aprendiendo cuatro cosas de psicología para niños se creen poder volver a nacer, pero solo es otra trampa de autoconsolación. Una nueva compra.

Superar la actual crisis quizá empieza por el trabajo individual, pero no quizá con un coach sino volviendo a los simple, al compañerismo, a la solidaridad, a la empatía y la comprensión, al compartir, al competir sanamente, al no querer tener más sino ser más. Un cambio de motivaciones, expectativas e intereses que cambie la forma de priorizar, de desarrollar el esfuerzo y de enfocarlo. Solo en una sociedad con individuos re enfocados se puede pensar en un cambio. Un cambio desde abajo, desde la base, de cada uno pensando en todos.
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