www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¿SERÁ CAPAZ RAJOY DE HACER FRENTE AL MATONISMO DE LOS SINDICATOS?

sábado 12 de enero de 2013, 18:00h
La pasada semana, Luis María Anson publicó con este título un artículo en El Mundo que por su gran repercusión reproducimos a continuación:

“El Diccionario de la Real Academia Española define matonismo así: “Conducta de quien quiere imponer su voluntad por la amenaza o el terror”. En los últimos años, los líderes Méndez y Toxo han alineado a sus centrales sindicales en el matonismo nacional. No me refiero a los “piquetes informativos”, que siempre han sido violentos y coaccionantes, sino a la disyuntiva en que han colocado a las empresas y a los políticos: o aceptáis nuestras exigencias o huelga. Así de simple, así de sencillo. El abuso del derecho a la huelga y la desmesurada politización han presidido la acción sindical en los últimos años.
La empresa privada se ha defendido como ha podido del matonismo sindical. No siempre con éxito. Como ha demostrado José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos, centenares de miles de empresas no han podido soportar las exigencias sindicales y se han visto obligadas a cerrar. Por fortuna, muchos trabajadores se han dado cuenta de que Méndez y Toxo defienden antes los intereses de sus sindicatos que los intereses de los obreros y empleados y se han desembarazado de la tutela sindical. Salvo excepciones, los líderes de CCOO y UGT ejercen el matonismo en las empresas públicas, sabedores de que los políticos que las gestionan son débiles. Las centrales han conseguido con la amenaza de huelga las más asombrosas prebendas. Cuando políticos serios, como Ignacio González, han reaccionado ante la hemorragia de las pérdidas en sus empresas públicas denunciando los abusos sindicales, Toxo y Méndez han procedido al linchamiento público del presidente de la Comunidad madrileña.
Margaret Thatcher supo enfrentarse a los matones sindicales. En un discurso memorable en el Parlamento británico, afirmó: “La huelga es un derecho inalienable de los trabajadores para defenderse de los abusos que algunos empresarios pueden cometer. Pero la huelga, tal y como la están utilizando los sindicatos, es el azote del pueblo”. Los ciudadanos madrileños, que están padeciendo hasta el límite el matonismo sindical, saben muy bien lo que significan las palabras de Margaret Thatcher. Pedro J. Ramírez se expresó con igual claridad: “Si España tiene cinco millones de parados -escribió- es porque la coacción de unos sindicatos herederos de los poderes fácticos del franquismo impidió flexibilizar a tiempo el mercado de trabajo de forma que el ajuste pudiera hacerse, como en tantos países de nuestro entorno, por la vía de los salarios y las condiciones de trabajo y no por el empleo”.
¿Y Mariano Rajoy? ¿Se atreverá a hacer lo que hizo Margaret Thatcher? Hay dos medidas cardinales que, una vez se sosiegue la crisis económica, deberá acometer. La primera, como ha pedido Ignacio González, es una ley de huelga que reconozca ese derecho inalienable pero que lo limite en sus justos términos para no causar perjuicio general. La segunda es someter al Congreso de los Diputados un proyecto de ley que establezca: “Ningún sindicato podrá gastar un euro más de lo que ingrese a través de las cuotas de sus afiliados”. Se acabó el negocio en el que Toxo y Méndez han convertido a las centrales sindicales, que actúan, además, como agencias de colocación. Y aunque el 90% de lo que derrochan es dinero público procedente directa o indirectamente de las cuatro Administraciones, no sabemos cómo se gasta, desconocemos qué número de empleados y colaboradores fijos tienen los sindicatos, la cifra de sus edificios en toda España, la cantidad exacta de empresas que han puesto en marcha, lo que nos cuesta el ejército de los liberados, lo que se despilfarra en manifestaciones, mítines, actos públicos y la parafernalia de la propaganda desbocada.
Los sindicatos son piezas clave de la democracia pluralista. No se trata de suprimirlos. Se trata de embridarlos, eliminando el tufo que conservan del sindicalismo vertical y limitándolos a sus funciones reales, las que establecieron Nicolás Redondo y el inolvidado Marcelino Camacho. Se trata, en fin, de que Mariano Rajoy se enfrente de una vez por todas con el matonismo sindical que está haciendo cada día más insufrible la vida en España.”

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios