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Jueces e ideología

Fernando Zamora Castellanos
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fzamoraabogadosorcr/7/7/16/19
miércoles 16 de enero de 2013, 20:30h
Tal como adelanté en mi anterior artículo denominado Mercadeo inconstitucional de la vida, publicado por este diario, Costa Rica sería condenada por la CIDH a raíz de la prohibición de la Fecundación In vitro. En aquel artículo indiqué que mi sospecha sobre la certeza de esa condena, provenía de las denuncias de parcialidad de tres de los jueces, hechas en el marco de los trabajos de la Asamblea General de la ONU, por el Instituto Solidaridad y Derechos Humanos con sede en España, y publicadas por la prensa mexicana. Así las cosas, el resultado de la sentencia se veía venir. Para que se le aclare el punto a la ciudadanía, en esencia, a Costa Rica se le condena en razón de que los jueces de la Corte IDH, -sin ser científicos-, dictaron juicio absoluto sobre un debate de carácter estrictamente científico, me refiero a la discusión sobre ¿cuándo inicia la vida humana? Es harto reconocido que, a ese respecto, los científicos no tienen una postura definida. Pero ahora resulta que los jueces de la Corte IDH ya decretaron cuál debía ser el resultado de ese inescrutable debate científico. Pero más grave aún que lo anterior, lo verdaderamente asombroso es que para hacer su propia interpretación sobre el inicio de la vida, los jueces se toman la atribución de tomar partido por la tesis que considera el inicio de la vida de forma más tardía. Me explico. En el caso concreto de los derechos humanos, las interpretaciones deben ser restrictivas. Esto significa, que al momento de una duda sobre la correcta aplicación de una norma que afecte un derecho humano, -y máxime tratándose del principal derecho a la vida-, la correcta técnica de interpretación debe ser la de optar por la alternativa que proteja con mayor rigor el derecho humano en peligro. Sin embargo, contrario a lo que la correcta técnica de interpretación exige, los jueces de la CIDH, -de forma inaudita-, deciden por la tesis más abierta, o sea la que defiende con menor rigor el derecho a la vida. Esto por cuanto toman partida por la tesis que considera que el inicio de la vida es en la etapa más tardía, la de la implantación del embrión en el útero materno y desechan los criterios científicos más rigurosos en la protección de la misma, que afirman que ella surge antes, a partir del embrión. En síntesis, en un aspecto tan delicado como el derecho a la vida, la CIDH ha hecho la “proeza” de poner de cabeza la más elemental técnica de interpretación jurídica. Esta singular técnica interpretativa de los jueces, violenta además otro principio fundamental de interpretación, al irrespetar el principio constitucional de jerarquización jurídica. ¿Por qué? Por que frente al estrado de los jueces internacionales se confrontó el choque de dos derechos. Por una parte, el derecho a la vida. Por otra, el derecho de las parejas a una reproducción asistida por medios artificiales. No es necesario ser jurista, para entender que frente a estos dos derechos, el derecho a la vida es superior frente al derecho de las parejas a una reproducción asistida por medios artificiales. Sin embargo, ante el reto de la agresiva tesis de las parejas, los jueces fuerzan una interpretación laxa del derecho a la vida, haciendo oídos sordos al criterio de buena parte de la ciencia biológica, que sostiene de forma innegociable, que el ser humano se concibe a partir del embrión. Se le llama hermenéutica jurídica, a la técnica mediante la cual, en situaciones de poca claridad, un juez o cualquier otro operador del derecho, se ve obligado a interpretar una determinada norma legal. Para Oliver Wendell Holmes, -reputado magistrado de la Suprema Corte de los Estados Unidos-, el asunto esencial de la interpretación jurídica es el de encontrar las premisas correctas para el caso concreto, de conformidad con los principios fundamentales del derecho.
Así, para interpretar este caso concreto, -y frente a dos criterios científicos opuestos-, la CIDH hace las veces de árbitro de la ciencia, dicta juicio absoluto, y lo que es peor, se aventura por la tesis menos restrictiva respecto a la defensa de la vida. Esto nos deja ver una peligrosa tendencia en la jurisdicción: la de los jueces constitucionales que optan por dar prioridad al dictado de sus particulares criterios ideológicos. Para pensar. Los Tribunales de derecho humano y los constitucionales deben ser siempre celosos de su Majestad.

Fernando Zamora Castellanos

Abogado

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