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Los sindicatos, de espaldas a los trabajadores

sábado 19 de enero de 2013, 00:52h
Lejos quedan las huelgas salvajes de comienzos del siglo pasado. Lejos quedan, también, los conflictos, a veces abiertamente violentos, que se sucedieron en los primeros años de la democracia española. Lejos quedan, asimismo, aquéllas huelgas generales que hacían perder su puesto a un ministro, o que le obligaban a retirar una tímida reforma laboral, como fue el caso de Eduardo Zaplana. De todo ello sólo queda la memoria y los hechos constatables, en las hemerotecas, que la pueden reavivar.

2012, que acaba de concluir, fue un año conflictivo, con nada menos que dos huelgas generalesfrente a un gobierno recién llegado. Según datos de la CEOE, hubo en España 1.284 huelgas en las que participaron 3,9 millones de trabajadores y se perdieron 40,4 millones de horas de trabajo. Pero, con ser preocupantes esos datos, palidecen cuando se les compara con lo que vimos en los años ochenta. Entonces se perdían entre 60 y 120 millones de horas, y la participación llegó a alcanzar puntualmente los 8 millones de trabajadores en un año, pese a que el número de empleados entonces era algo superior a la mitad de quienes trabajaban el año pasado.

Esta menor participación de los trabajadores en las huelgas convocadas por los sindicatos es más chocante cuando tenemos en cuenta no sólo que la fuerza laboral es hoy mucho mayor, sino que los sindicatos son hoy mucho más ricos que nunca y que vivimos, con diferencia, la crisis más profunda a la que se haya enfrentado España en la democracia. ¿Cómo es posible que con el empleo cayendo a plomo, los salarios descendiendo como nunca lo habían hecho, recortes sociales y subida de impuestos, y frente a una clase política que nada en la corrupción, los trabajadores no salgan a la calle con un mayor ahínco?

La respuesta ha de ser, seguramente, múltiple. Pero no puede ser completa ni estar bien encaminada si no se tiene en cuenta el hundimiento del apoyo que reciben los sindicatos por parte de los trabajadores. En los últimos cuatro años han perdido medio millón de afiliados. Pero lo más relevante es que su mensaje, cuando más respaldo debería recibir, alcanza un número creciente de oídos sordos. Los sindicatos, y en particular los mayoritarios, Comisiones Obreras y UGT, se han arrimado al poder hasta confundirse con él. Han jugado a la política hasta convertirse en políticos. Y han mirado más a los presupuestos del Estado que a los de los trabajadores. Aquéllos líderes sindicales del comienzo de la democracia, a los que se les identificaba por el sector productivo al que contribuían con su trabajo, han dado paso a gestores profesionales de grandes corporaciones sindicales dedicados a maximizar poder, pues en eso se han convertido. Antes de que los trabajadores le hayan dado la espalda a los sindicatos, éstos se la han dado a los españoles.
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