Uno de los escritores más leídos en Francia, prolífico como pocos a la hora de escribir, tanto relatos, como novelas, ensayos y, por supuesto, obras de teatro –genero que le dio hace veinte años la notoriedad al ganar el Premio Molière al mejor autor por su obra El Visiteur–, Eric-Emmanuel Schmitt (Lyon, 1960) acudió este miércoles por la tarde al Instituto Francés de Madrid para presentar su última novela publicada en Siruela,
La mujer del espejo.
La formación de este escritor no puede ser más sólida. Sale de la prestigiosa Escuela Normal Supérieur de París y ha sido Catedrático de filosofía. Por el conjunto de su obra dramática ha ganado el Gran Premio de la Academia francesa. Entre sus obras destaca
El señor Ibrahim y
Las flores del Coran de la que se hizo una versión cinematográfica protagonizada por Omar Sharif. En España ha publicado las novelas
Ulysses from Bagdad, la novela breve
El hijo de Noe y
Odette, una comedia sobre la felicidad, entre otros.
Su simpatía, facilidad de comunicación y su empatía con el público hicieron que la presentación fuera un éxito. Tras una breve introducción a lo que representa para un filósofo escribir obras de teatro, en la que Schmitt se refirió a las Obras Clásica del Teatro Griego, a los personajes de Antígona y Creonte como antetipos posibles para crear la situación dramática, el autor se centró en su última novela
La mujer del espejo.

La novela ofrece tres relatos, la vida de tres mujeres distintas, en tres épocas diferentes. La obra empieza con la boda de Anne de Brujas, en 1530. Sigue con Hanna, en la Austria de comienzos del siglo XX y todo el auge del psicoanálisis, para llegar al personaje de Anny Lee, actriz mediática en la actualidad. Tres heroínas que, además del nombre, comparten un mismo temperamento, fuerte y rompedor ante las cadenas que les impone la sociedad.
Como en su novela
La part de l’autre, en la que Schmitt se refiere a Hitler en un relato como pintor fracasado y cuya frustración le conduce a convertirse en el dictador asesino que todos conocemos y, en otra historia paralela, en la que Hitler hubiera ingresado en la Escuela de Arte y hubiera sido un artista. En
La mujer del espejo, Schmitt vuelve a la estructura de varios relatos, o posibilidades de existencias de una misma persona a través de estas mujeres que bien podrían representar a la misma.
Schmitt habló de la importancia del espejo, elemento que las protagonistas acaban destruyendo, haciendo desaparecer la imagen que la sociedad proyecta en ellas y que no corresponde a su verdadera esencia.
Las preguntas que le hicieron desde el público se centraron sobre todo en el aspecto místico de los personajes de Schmitt y su visión de la religión. Desde
El evangelio según Pilatos,
El hijo de Noe,
El Señor Ibrahim e incluso en
La mujer del espejo, son numerosos los personajes místicos que aparecen en las obras de este autor. Schmitt explicó que, a pesar de provenir de una familia abiertamente atea, y de un país en el que la religión esta reñida con el intelecto, fue una experiencia vital la que le hizo cambiar su percepción de la vida.

“Durante un viaje al desierto, me perdí una noche entera y sentí la certeza de que la vida no se acababa aquí sino que había algo más”. Ese descubrimiento de la existencia del Misterio, ha hecho que Schmitt se volcara en el estudio de las religiones. En La Mujer del espejo, el personaje de Anne es una mujer mística, con contacto con la naturaleza y el mundo vegetal.
Schmitt terminó su charla hablando sobre la dificultad de llegar a la simplicidad en la escritura. Con el paso del tiempo, uno se va desprendiendo de lo superfluo tanto en el arte, como en la vida.