www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Crítica de cine

'Los amantes pasajeros': Almodóvar no despega

domingo 10 de marzo de 2013, 13:23h
Se ha estrenado el nuevo trabajo de Pedro Almodóvar, una película que la correspondiente promoción lleva semanas anunciando como el esperadísimo regreso del director manchego a la comedia.
Pedro Almodóvar lleva años dividiendo al público de nuestro país como sólo el público de nuestro país sabe dividirse. Reconozcámoslo: nos gustan los extremos, estar con alguien o contra alguien y en el caso del director manchego, hábil provocador, a los “almodovarianos” les gustarán siempre sus trabajos, mientras que los “antialmodovarianos” nunca vayan a disfrutarlos por completo. Así empezó siendo en los albores de su exitosa carrera, hasta que - enorme sorpresa – con “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, Almodóvar lograse lo que parecía imposible, acercar a ambos bandos hasta casi llegar a tocarse. Venció entonces el único que tenía que vencer siempre, el cine sin más, sin tendencias ideológicas ni de ninguna otra clase. Y la razón para tal acercamiento fue, sin duda, el humor, único sentido capaz de limar, a base de inevitables carcajadas, las aristas de los unos y de los otros, de aquellos que en 1983 se habían salido de la sala en mitad de la proyección de “Entre Tinieblas” y de aquellos que, por el contrario, habían adorado aquel trabajo que ponía patas arriba el convento de la orden de las “Redentoras Humilladas”.

“Mujeres al borde de un ataque de nervios”, aquella maravillosa cinta de amor y de humor que reflejaba con una naturalidad sorprendente las tremendas tonterías que podemos hacer hombres y mujeres por culpa del amor, convirtió a Almodóvar en un aclamado director también a nivel internacional, icono del cine auténtico, que no le tenía miedo a las extravagancias ni a los personajes pretendidamente imposibles, que, en realidad, eran sólo poco visibles. Pero, claro, no se trata de escribir una crítica sobre aquel mítico filme de 1988, ya me gustaría, y lo cierto es que ni siquiera cabría detenerse tanto en hablar sobre él si no fuera porque la intensa campaña promocional de “Los amantes pasajeros” y, más aún, la propia cinta que ahora se estrena se refirieran al mismo de manera recurrente.

Son diversos los guiños que el guión de “Los amantes pasajeros” hace a aquellas mujeres, Pepa, Candela, Marisa, Lucía o Paulina, a punto de que les estallaran - con razón - los nervios, y puede, además, que sean esos los únicos fugaces momentos que consigan arrancar una sonrisa, aunque la misma, más que presagio de risa, lo sea de suave melancolía por el recuerdo de aquellos locos años 80 en los que dominaba el glam desinhibido.

Por desgracia, poco más. La nueva cinta de Almodóvar no consigue despegar, para desdicha de todos los que estábamos deseando volver a reírnos con él. Al contrario, al final se agradece el aterrizaje forzoso del avión con destino a México D.F. de la línea aérea Península, donde se desarrolla la mayor parte de la trama, y también que el mismo llegue rápido, sólo una hora y media después del inicio de tan desperdiciado viaje. Ni siquiera los esfuerzos del trío de azafatos que tiene que entretener a los pasajeros de primera clase – a los de turista directamente les han narcotizado para que no den el latazo poniéndose nerviosos a causa de la avería en el tren de aterrizaje – es capaz de arrancar carcajada alguna y no será porque los actores Javier Cámara, Raúl Arévalo y Carlos Areces, metidos en la piel de Joserra, Fajas y Ulloa, no lo pongan todo en el intento, protagonizando las mejores escenas de la cinta, incluida, por supuesto, su coreografía de “I’m So Excited”, el inolvidable tema de The Pointer Sisters, con el que se firma el momento más extravagante y agradecido de un guión que, por lo demás, resulta plano.

El resto del reparto tampoco ayuda demasiado al trío protagonista. Guillermo Toledo, que protagoniza una de las historias con las que se teje la completa trama del avión obligado a dar vueltas sobre la ciudad de Toledo, la de España, no la de Ohio, y la única que baja momentáneamente de las nubes para llevarnos hasta la calle Segovia justo por debajo del Viaducto, realiza una interpretación tan sosa como intempestiva. De hecho, hasta esa “interrupción” en el devenir del vuelo 2549 a uno le parecía que aquello iría in crescendo. Sin embargo, de regreso en el avión, ya no queda más remedio que empezar a asumir que no volaremos más alto, que eso es todo lo que hay y que la historia, con sus enredos sexuales entre tripulación y pasajeros, lo mismo que el avión, ya no hará otra cosa que dar vueltas y más vueltas hasta el final.

Y, sin embargo, mimbres no parecen faltar. Además del tipo mujeriego interpretado por el citado actor madrileño, en la parte vip de la aeronave viaja el presidente de una Caja de Ahorros que intenta poner tierra de por medio ante su inminente detención, así como una paranoica vampiresa entrada en años que presume sin recato de sus affaires con los hombres más poderosos del país. En concreto, con el number one, en una más que evidente encarnación de Bárbara Rey, a quien da vida una extrañamente inexpresiva Cecilia Roth, aunque más extraño todavía sea que la siempre efectiva Lola Dueñas nos ofrezca aquí una actuación tan artificial como prescindible, lo cual demuestra, una vez más, que hasta el mejor de los actores puede parecer de cartón piedra cuando sus frases del guión sólo sirven para echarle encima tierra. Menos ayuda, aún, que la acción tenga lugar en las reducidas dimensiones de un avión, aunque, por otra parte, sea difícil imaginar a nadie mejor que Almodóvar para haberse marcado unas buenas carreras histriónicas a lo largo de esos estrechos pasillos, al estilo, otra vez, de aquellas idas y venidas de una Carmen Maura enfurecida y enloquecida ante el inminente abandono de su amante o de una María Barranco, huyendo de los terroristas chiitas que su amor de turno le había colado en casa.

De modo que a los que no les gusten los extremos ni vayan al cine empujados por filiaciones o prejuicios, sólo les queda esperar al próximo trabajo genial de Almodóvar. Que llegará, eso es seguro. Lo cierto es que al director poco le queda por demostrar y, durante su carrera, ya nos ha ofrecido grandes joyas que han llegado, precisamente, después de uno de esos títulos que no habían convencido. No hay que remontarse a muy atrás porque, después del escaso éxito de “Los abrazos rotos”, el director nos “regaló” la impresionante cinta “La piel que habito”, con la que, según la promoción de la misma, Almodóvar se adentraba en el desconocido territorio del cine de terror, firmando uno de sus mejores trabajos junto a “Volver” o “Todo sobre mi madre”. Puede que ahí esté el misterio: nada mejor para las grandes mentes creativas que olvidarse del pasado y seguir probándose una y otra vez, a sí mismo y a los espectadores.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.