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PUBLICA REVOLUCIÓN. DEL HOMO SAPIENS AL HOMO DIGITALIS

Román Cendoya: “Wikileaks es la misma mierda de la que se acusa al periodismo tradicional”

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
domingo 26 de mayo de 2013, 15:43h
Actualizado el: 25 de diciembre de 2014, 18:19h
El empresario y periodista Román Cendoya acaba de publicar el ensayo 'rEvolución. Del homo sapiens al homo digitalis', “un diagnóstico” del “cambio de paradigma” que está sufriendo hoy la sociedad derivado de la “colonización” de la tecnología, según explica el autor en una entrevista con El Imparcial. La obra recoge un análisis de la irrupción de las tecnologías en cada uno de los rincones de nuestras vidas, desde la industria a la política pasando por la educación, el ocio, las relaciones personales y el periodismo. Por Laura Crespo
Describe en un su libro una revolución sin precedentes en la Historia de la Humanidad provocada por la tecnología y, sobre todo, por Internet. ¿Cree que somos, por lo general, conscientes de que nos encontramos en un momento de tal trascendencia?
No, obviamente como seres humanos no somos conscientes de esa trascendencia. Esta es la revolución más grande que se ha producido en la sociedad desde que el hombre se metió en la cueva, que es cuando se inició la propia sociedad. Después de 30.000 años, durante el proceso de desarrollo de esa sociedad, hemos inventado tecnología, que ahora plantea un cambio de paradigma. La tecnología ha invadido todas nuestras actividades y capacidades, nos está colonizando sin que nos demos cuenta. El libro presenta un diagnóstico de nuestra nueva realidad, de la que no somos precisamente conscientes y por eso pasa lo que está pasando.

¿Qué relación hay entre esta revolución tecnológica y la crisis?
Detrás de la palabra crisis, utilizada por los políticos y los medios de comunicación, hay un término genérico para intentar ocultar una nueva realidad que la gente no ha sido capaz de percibir. Los hombres que habitamos hoy el mundo estamos divididos en tres grupos: los 'prebotónicos', que son los que han tenido que gestionar la inversión tecnológica sin tener ningún conocimiento de ella; los 'botónicos', que somos una generación que fuimos vanguardia tecnológica cuando irrumpió la tecnología con los ordenadores en las casas; y los táctiles, los niños que nacen ahora, que configuran una nueva forma de vivir el futuro.

La palabra ‘crisis’ es un término analógico para intentar explicar una realidad digital que no entendemos. En el mundo, cada vez que ha habido un problema se ha llamado ‘crisis’. Pero ahora es diferente, estamos ante un cambio de paradigma que hace que los métodos y los análisis que hay que hacer tienen que ser diferentes a los que hemos utilizado hasta ahora.

Por edad, los 'prebotónicos' y 'botónicos' son los que están ‘dirigiendo’ el país: legisladores, políticos, creadores de opinión… ¿Cómo se puede construir una sociedad desde el punto de vista de personas, según su libro, “condenadas a la extinción”?
El único suceso seguro en la vida de una persona en el momento en que nace es que se va a morir, lo que yo llamo la solución biológica. Pero, aparte de eso, a cada uno le toca vivir su tiempo. Cuando irrumpe la tecnología, el mundo lo gobierna en lo político, en lo económico, en lo empresarial, en lo social y en lo deportivo una serie de gente con edad adecuada para estar en esos puestos pero que se ven obligados a gestionar y legislar, desde sus principios morales y sus conocimientos analógicos, una realidad que desconocen. Esos son hoy los 'prebotónicos'.

Los 'botónicos', entre 40 y 55 años, por razones edad son hoy los líderes del mundo. En su momento fueron vanguardia tecnológica, pero la tecnología va mucho más rápido que nosotros, así que seguimos legislando, dirigiendo y entendiendo el mundo desde nuestro paradigma, que es antiguo. Esta gente que no sabe lo que está pasando es la que está gobernando y por eso comete graves errores de gestión.

¿Sería necesaria una regeneración de esas personas que están gobernando desde el escalón de los 'prebotónicos' o de los 'botónicos'?
Este libro es sólo un diagnóstico en el que se aventuran algunas posibilidades de solución o, al menos, de reflexión. Dicho esto, creo que hoy por hoy no hay capacidad de convertir a los 'prebotónicos' y los 'botónicos' en vanguardia de tecnología y hacerlos intelectual, social y mentalmente capaces de entender esa nueva realidad. ¿Qué podemos hacer para resolver esto? Nada. Es lo cotidiano y nos ha tocado vivirlo. A unos les tocó vivir glaciaciones y a nosotros nos está tocando vivir tecnología.

En lo relativo a la gestión de realidades que se escapan de la compresión de quienes las han de controlar, en su ensayo muestra una especial preocupación por los derroteros que está tomando la relación tecnología/educación…
Hasta ahora a los niños se les formaba en el saber, pero a los hijos de hoy se les forma en el acceder. Esto es un cambio de paradigma brutal. Antes, cuando estudiábamos, teníamos la sensación de perder mucho tiempo en buscar documentación y en meter datos en nuestro cerebro. Desde nuestro punto de vista analógico, ahora queremos que nuestros niños no pierdan el tiempo si lo pueden evitar gracias a herramientas como Google, con las que pueden acceder rápidamente a la información. Pero la información nunca es conocimiento. De hecho, información rima con manipulación. Educando a los niños en el acceder no se acostumbra a su músculo cerebral a captar datos, analizarlos, compararlos, decidir cuáles son útiles y rechazar el resto.

Al incorporar la tecnología a la formación hay que mantener un modelo en el que a los niños se les eduque en el conocimiento y no en la accesibilidad. Si no, 1984 de George Orwell llegará a la realidad con 50 años de retraso. Cuando una persona formada hoy en la accesibilidad, que es perfectamente manipulable, sea padre y su hijo le pregunte qué es la libertad, dirá que es lo que Google dice que es. Eso es una catástrofe que estamos provocando los que un día tuvimos la sensación de perder el tiempo por tener que bucear en muchos libros. Debemos de empezar a entender que Internet es un instrumento de desarrollo y de potencialidad, no una castración de capacidades adquiridas.

¿Cuál es, entonces, el equilibrio entre no dar la espalda los beneficios que trae la tecnología y tampoco perder capacidades adquiridas en la era analógica?
No hay equilibrio, hay conquista. La tecnología ha conquistado nuestro mundo. En este cambio de paradigma, a diferencia de otras revoluciones que han ocurrido en la Historia, se destruyen empleos pero no se generan otros nuevos. La tecnología elimina los intermediarios y la desaparición del intermediario es la mayor fábrica de parados del mundo. Según se desarrolla la tecnología y la inteligencia artificial nos vamos quitando funciones a nosotros mismos. No hay solución. Hoy el mundo se mueve por el economicismo, por la rentabilidad, y siempre es más rentable una máquina que una persona.

¿Es posible acotar con leyes, normativas o códigos de buenas prácticas la inmensidad de Internet?
Sí es posible. Cuando uno anda en bicicleta por la montaña se da cuenta de que está llena de vallas y de que no puede ir por donde quiera. Se han inventado la idea de que a Internet no se le pueden poner puertas, cuando en realidad se le pueden poner todas. El problema es que el legislador no tiene ni pajolera idea de lo que está legislando.

En el libro sí que se habla de adaptaciones de la realidad a la nueva tecnología, como los pagos de impuestos a través de Internet, por ejemplo. ¿Se adapta sólo lo que interesa?
El legislador sólo tiene un interés: controlar al ciudadano y sangrarle. El modelo social que han creado es el adormecimiento del ciudadano, darle una serie de derechos que le permitan vivir a cambio de que no se mueva mucho. Pero en el cambio de paradigma nos han dotado de un elemento cuyo objetivo original era controlarnos pero que ha terminado haciéndonos más independientes y ciudadanos: el DNI electrónico. Lo que pasa es que muchas veces el ciudadano prefiere ser dirigido que ser autogestionario.

El DNI electrónico se creó para todo lo que sea pagar y controlar, pero resulta que también es un instrumento, por ejemplo, para llevar de una forma mucho más barata o gratis problemas ciudadanos al Congreso a través de recogida de firmas electrónicas, lo que antes había que hacer ante notario. El sistema permite hoy por hoy que el ciudadano ejerza como tal. O los partidos y los políticos se ponen a la cabeza de este movimiento o serán desalojados por las capacidades que nos han dado sin pretenderlo.

¿La tecnología es útil, sin peros, para la democracia?
La tecnología nos da los instrumentos suficientes para que la democracia, que en España se ha pervertido y transformado en partitocracia, sea democracia. Pero en la medida que la tecnología dota al individuo de identidad también lo dota de responsabilidad. Antes, los ciudadanos siempre tenían un intermediario que le hacía las gestiones y a quien se culpabilizaba en caso de error. Hoy el individuo es el que da al ‘enter’ y no puede echar la culpa a nadie si se equivoca.

En la medida en que el político también es un intermediario entre el Estado y el ciudadano, ¿cree que llegará un momento en que deje de existir la figura del político tal y como la conocemos?
Absolutamente, es la más claramente definida como abocada al fracaso. Antes no había capacidad de medir la voluntad del ciudadano porque era analógico, lo que hacíamos era elegir un representante cada cuatro años. La tecnología lo que hace es quitar la función al político porque hoy podemos decirle directamente al Estado lo que pensamos a través de nuestra identidad digital.

Como periodista, ¿cómo cree que ha afectado la tecnología a la profesión? Se habla de máxima inmediatez, de un mayor acceso a información y de una expansión de la libertad de expresión. ¿Es oro todo lo que reluce?
Que va. Yo a Wikileaks, que es el paradigma de la libertad de expresión, en el libro lo pongo a parir. De nuevo, información y manipulación van de la mano, así que cuando hay más capacidad de informar también hay más capacidad de manipular. Es mentira que Wikileaks sea el paradigma de la libertad. ¿Acaso nos ha dado alguna información de Rusia? ¿De la República Democrática Alemana cuando era comunista? ¿De Cuba? No. Wikileaks es un señor que nos vende la idea de que nos da información que se nos ha ocultado, pero sólo ofrece una parte. Él critica que la información que dan los Estados o la que dan los medios sobre los Estados está dirigida, pero él mismo dirige la información que difunde por Internet. No deja de ser la misma mierda de la que se acusa a veces al periodismo tradicional.

Pero el periodista es también un intermediario…
Efectivamente, el periodista es un intermediario entre la realidad y la información. Yo nunca he creído en el periodismo objetivo sino en el periodismo honesto. El periodismo es, por definición, subjetivo porque lo hacemos ‘subjetos’, así que lo que tiene que ser es honesto. Pero la transmisión de la realidad para que la gente la interprete necesita cauces.

Según este cambio de paradigma que describe en su obra, ¿qué futuro nos espera?
Una de las cuestiones que más afectada queda por la revolución tecnológica es la propia identidad del individuo. En el momento en que las tetas son francesas, el culo, americano, las prótesis de rodilla, finlandesas, la de cadera, alemana y los pómulos son canadienses, el nacionalismo se va a hacer puñetas. ¿Somos cuerpo nada más? No ¿Somos cuerpo y alma? Está por ver porque el alma aún no la ha encontrado nadie. ¿Cuál es el futuro? No lo sé, pero sí sé que está cambiando el paradigma de un ecosistema a un tecnosistema. Lo que más me preocupa es la ‘madmaxización’ de la sociedad, que unos jóvenes mal educados y sin principios construyan un futuro como el que se representa en la película Mad Max, una sociedad ‘canibalizable’ en la que la vida no tenga valor. Tenemos que asumir que con el modelo tecnológico, probablemente el 50 por ciento de la población mundial sobra. En nuestras manos está el aplicar las medidas oportunas para que a quienes les corresponde se pongan las pilas y faciliten la transición del mundo analógico al digital, del homo sapiens al ‘homo digitalis’.
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