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crítica de ópera

La Sinfonía Fantástica protagoniza la octava Noche del Real

sábado 15 de junio de 2013, 13:31h
Un estreno de José María Sánchez-Verdú, los Poemas para Mi de Olivier Messiaen y la Sinfonía Fantástica de Hector Berliotz han sido las propuestas para la nueva cita del ciclo de las Noches del Real, que ha tenido lugar este viernes en el coliseo madrileño.



Sylvain Crambeling ha estado, una vez más, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid) y se ha llevado, junto a sus músicos, los aplausos más generosos del concierto, que han llegado, además, acompañados, al final de la segunda parte de la velada, de entusiastas aclamaciones de bravo. Acababan de interpretar la vibrante y romántica obra, considerada como uno de los mejores ejemplos de la música programática, con la que Berliotz pretendía conquistar a la actriz irlandesa que le había robado el corazón mientras la veía interpretar a Ofelia en Hamlet. Se trataba de Harriet Smithson, y la actriz debía de estar bastante acostumbrada a admiradores insistentes, porque no respondió a ninguna de las apasionadas cartas de Berliotz e, incluso, se negó a conocerle. Hasta que le llegaron los ecos del éxito que el compositor francés había alcanzado con su “Episodio de la vida de un artista: Sinfonía Fantástica” desde su estreno en París en diciembre de 1830, que ella, o más bien lo que sentía por ella, le había inspirado.

Aunque tres años más tarde Berliotz y Smithson se casaron, en realidad, parece que más que para conquistarla, Berliotz realizó esta sublime composición movido, sobre todo, por sus ansias de escapar de una obsesión, de dejar atrás el dolor que causa un amor no correspondido. En este sentido, de hecho, se entienden mucho mejor los dos últimos movimientos. Por supuesto, el cuarto, la famosísima Marcha al Cadalso, en el que el protagonista de esta narración musical sueña, incluso, que ha matado a la amada, y que no resulta fácil de interpretar bien, es decir, cumpliendo con el objetivo de la composición: emocionar hasta el punto de sentir físicamente en la nuca y en todas las terminaciones nerviosas lo tenebroso del momento que narra Berliotz. Sylvain Crambeling, que ya es un referente habitual del teatro de la Plaza de Oriente, se ha ganado esta noche, quizás más que ninguna otra, un aplauso dirigido especialmente a él.

Hubo también aplausos durante la primera parte del concierto, aunque no tan unánimes ni convencidos. Con dos propuestas completamente distintas, esa primera hora, antes del episodio amoroso en la vida de un artista, había resultado, para algunos, casi un peaje para la segunda. Desde luego, no para los seguidores del compositor gaditano José María Sánchez-Verdú, porque ellos esperaban con expectación y curiosidad el estreno absoluto de su nueva obra, a la que ha titulado “Memoria del espejo”, ya que, en palabras del galardonado compositor, “es un viaje a través de los vericuetos infinitos de numerosos espejos cada vez más fragmentados y multiplicados, como nuestra memoria y la percepción del espacio”. Después de varios años realizando composiciones para instrumentos solistas – clarinete, violín, saxofón - y orquesta, ahora le ha llegado el momento de fijarse en el trombón, un instrumento que Sánchez-Verdú asegura que adora, y que ha escrito y dedicado especialmente a Simeón Galduf, el encargado, por supuesto, de interpretarla esta noche junto a la Orquesta Sinfónica de Madrid, de la que forma parte desde 1989 como trombón solista. Y ha sido precisamente este polifacético trombonista valenciano quien más aplausos se ha llevado por su interpretación de “Memoria del espejo”. Un reconocimiento unánime que, por el contrario, no ha logrado llevarse la nueva propuesta de Sánchez-Verdú, quien también ha tenido que escuchar alguna expresión de disconformidad con su trabajo para trombón cuando ha subido al escenario.

Para finalizar la primera parte, después de unos minutos necesarios para recolocar la orquesta y cambiar las partituras, la soprano canadiense Measha Brueggergosman, que ya había estado en el Real para participar en The Rise and Fall of the City of Mahagonny, ha interpretado Poèmes pour Mi, la primera de las grandes obras de Messiaen compuesta en 1936. Se trata de nueve canciones cuyos textos van firmados por el propio compositor y están ordenados en dos libros que presentan el matrimonio como un camino hacia Dios, el amor personal como manifestación de lo divino. El aplauso para la soprano de Toronto ha sido, asimismo, cerrado y convencido, de modo que Brueggergosman ha tenido que salir en tres ocasiones al escenario para saludar agradecida a un público que ya estaba, en buena parte, pensando en la “Fantástica” con la que iba a terminar la noche.
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