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Un recorrido vertiginoso por Oriente Medio

Víctor Morales Lezcano
jueves 27 de junio de 2013, 18:59h
Como ha sido habitual en ocasiones, lancemos una mirada de conjunto al Oriente Próximo en la actual coyuntura de desajustes manifiestos en la región; pero también de “encajamientos” que contribuyen a su statu quo precario.

Contemplemos, en principio, la situación interior en Turquía, al cabo de un par de semanas de manifestaciones abrumadoras, aunque no sangrientas, de la juventud de Estambul y Ankara en las dos ciudades más pobladas del país.

Luego de un pulso entre la policía y los manifestantes, da la impresión de que los términos encontrados en la plaza de Taksim no están todavía a punto de convenir sus intereses. Ecologistas, un tanto libertarios por parte de la juventud; ordenancistas, cuando no autoritarios, del lado de la policía.

Erdogan quiere salvar la cara en la galería internacional, por lo que, más allá de los términos envalentonados que utilizó a su regreso del Magreb, está acomodándose actualmente a la situación del junio turco de 2013, aunque haciendo evacuar los espacios públicos sin empacho de género alguno.

Es probable que los eventos transcurridos en las urbes del interior y periferia de la península de Anatolia puedan dañar algo su imagen -luego de más de diez años en el gobierno de la república (2002-2013). Sabemos, empero, que las clases medias y subalternas se inclinan favorablemente hacia el líder y el programa del Partido de la Justicia y del Desarrollo; de tal modo que los acontecimientos del junio turco de 2013 podrían disolverse sin alcanzar el grado de primavera árabe que muchos han pretendido ver en los acontecimientos de Taksim. O sea, una república turca sorprendida por las rebeliones sociales que descorcharon en Túnez la botella mágica en enero de 2011. No parece que el paralelismo se sostenga.

La otra “grada” del campo medio-oriental reside en Irán, que ha llegado a ser una república teocrática, mientras que Turquía desde la primera mitad del siglo XX, ha venido consolidando una república laica.

Los lectores de El Imparcial localizarán con facilidad aquellos comentarios que este autor entregó al periódico en 2009, cuando se convocaron y celebraron las elecciones anteriores a la presidencia del gobierno iraní. Se comprobará en aquellos que una bipolaridad marcada dividió bastante al electorado iraní hace cuatro años: aperturistas y liberales versus clérigos, o civiles, de tendencia ortodoxa (chií). De aquellas tensas jornadas electorales, queda el recuerdo de la elección de Ahmadineyad, que no ha logrado, en la reciente convocatoria electoral, abrirle camino a su delfín. Sí se ha abierto paso, sin embargo, un clérigo de perfil moderado (Hassan Rowhani), que no parece despertar animosidad en el ayatolá Khamenei, guía espiritual supremo del Consejo de Guardianes. Rowhani ha conseguido vencer en la primera vuelta con el apoyo de 18 millones de votos (50, 7 % del total de votos emitidos).

Rowhani encontrará, desde el poder, arduas tareas pendientes de ser encaradas ineludiblemente, tales como obtener paliativos para una economía afectada por el boicot occidental al comercio tradicional de Irán, de resultas del contencioso entre Estados Unidos e Irán en torno a las investigaciones -y presunta ulterior aplicación no pacífica- en el campo nuclear. Evidentemente, la política exterior de Teherán en la región, es favorable al gobierno de Damasco en la pugna que este último mantiene, desde que hace tres años el frente de liberación sirio retara a Bashar al-Assad y compañía (milicias del Hezbolá libanés y armamento de procedencia rusa).

No obstante el hecho de que el régimen chií tiene en el futuro inmediato un par de dossieres gravosos que sortear con extremo cuidado, Irán -como Turquía en la “grada” norte de la región- proporciona datos fehacientes que llevan a la conclusión de que se trata de dos milenarias naciones que han conseguido culminar sendos procesos revolucionarios; procesos opuestos en sus principios, trayectoria histórica y logros, pero definitivamente revolucionarios. En cambio, algún que otro país árabe no ha logrado afianzar su revolución poscolonial.

Es precisamente en Siria donde se han concitado varios factores adversos: rencores sectarios heredados del pasado -como en Iraq-; torpezas diplomáticas por parte de los contendientes y de sus aliados respectivos; y una indisoluble enemistad entre la Federación Rusa y Estados Unidos de América, a quince años vista del desmoronamiento inicial del imperio soviético. A propósito, cabe preguntarse aquí y ahora si Putin y Obama aproximarán sus prejuicios, precauciones e intereses nacionales en la próxima cumbre del G-8 (Belfast), que se avecina, en lo tocante a la intervención occidental, saudí y turca en el campo de muerte a que ha sido condenada la república de Siria en su totalidad.

Desde que el viceconsejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca precisó hace pocos días que “el presidente ha tomado la decisión de otorgar más apoyo directo al Comando Militar Supremo (de la oposición al gobierno de Damasco)”, las tornas podrían volverse del revés en Siria. Y, por ende, elevarse aún más la temperatura de beligerancia en la región hasta límites peligrosos para la región entera.

A la vista está que donde no se han consumado revoluciones genuinas en la región es, definitivamente, en Iraq y Siria, y, si se nos apura incluso, tampoco en Egipto. De ahí la efervescencia permanente a que están expuestas sus sociedades nacionales.


Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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