Egipto: ¿lucha entre faraones?
domingo 07 de julio de 2013, 09:12h
La primavera árabe no solo se ha marchitado sino que está derivando en escenarios cada vez más inquietantes. El caso más extremo nos lo ofrece Egipto y los gravísimos sucesos que allí están ocurriendo. La caída hace dos años de Mubarat abrió una vía de esperanza hacia la posibilidad de que en el país del Nilo se estableciera un régimen democrático moderno que fuera capaz de dar respuesta a las demandas ciudadanas de libertad. Las elecciones presidenciales parecieron confirmar esa vía. Sin duda, el ganador de los comicios no tenía ante sí un camino de rosas y debería enfrentarse a numerosos retos en un país empobrecido tras larga la dictadura de Mubarat –según las últimas estadísticas dos de cada cinco egipcios vive con apenas dos dólares al día-, con una altísima tasa de desempleo y un sustrato de enfrentamiento entre los islamistas, más o menos radicales, y posiciones laicas que ven con lógicos recelos la implantación de la Sharia.
Pero también sin duda, quien se alzó con la victoria en esas elecciones, Mohamed Morsi, no ha estado ni mucho menos a la altura de las circunstancias. El líder de los Hermanos Musulmanes dio pronto muestras de sus faraónicas tendencias autoritarias y de favorecer la yihad. Ya a finales del año pasado, se produjeron revueltas ante la pretensión de Morsi de que entrase en vigor una nueva ley que concentrara amplísimos poderes en su persona, haciéndole prácticamente invulnerable.
El golpe de Estado que ahora ha derrocado a Morsi entraña unas muy complejas singularidades. A primera vista pudiera parecer que el ejército se ha alzando contra un gobernante elegido democráticamente. Sin dejar de ser esto así, no pueden obviarse las características de ese gobernante que ha ido revelando cada vez más su escasísima sensibilidad democrática y su incapacidad para ser el presidente de todos los egipcios y no solo de sus correligionarios partidarios de que el islam domine el panorama. Esos correligionarios islamistas que se han echado a la calle contra el golpe y para defender a sangre y fuego al presidente destituido. Las últimas jornadas en El Cairo han sido especialmente sangrientas y se teme una larga resistencia que puede derivar en una verdadera guerra civil, pues si Morsi cuenta con numerosos seguidores, no son menos los ciudadanos y sectores civiles que han apoyado al ejército. La situación entraña muchos interrogantes y un gran peligro que debe conjurarse para no caer en un abismo de caos y violencia. El ejército ha querido dar jaque mate al faraón Morsi, pero no puede ni debe convertirse él mismo en el nuevo faraón ni actuar llevado por la actitud de Morsi hacia el ejército, en el que –recuérdese- forzó la dimisión de varios de sus miembros más destacados y poderosos. ¿No es posible en Egipto un régimen que respete las reglas del juego democrático? Esperemos que sí lo sea y que la comunidad internacional no se desentienda.