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Pedro Cano se une a Venancio Blanco y a Velázquez en recibir este reconocimiento del vaticano

Un español, elegido por el Papa para ingresar en la Academia de Bellas Artes 'dei virtuosi al Pantheon'

viernes 12 de julio de 2013, 15:19h
Pedro Cano (Murcia, 1944) ha desarrollado gran parte de su trayectoria en Italia y, sobre todo, en Roma, ciudad en la que ha sido recientemente reconocido como nuevo miembro de la Academia de Bellas Artes 'dei virtuosi al Pantheon' del Vaticano. Cano, que es el único español en contar con una obra en el Corredor Vasariano de Florencia, comparte con Venancio Blanco y Diego de Velázquez el mérito haber logrado su ingreso en una academia que data del siglo XVI y cuyos miembros son nombrados por el Papa.
Rafael Moneo y usted acaban de ser nombrados miembros de la Academia de Bellas Artes 'dei virtuosi al Pantheon'.
Sí, pero hay un matiz. Yo he sido elegido por el Papa y Moneo, por los miembros de la academia en la categoría 'Ad Honorem'.

¿En qué consistió la ceremonia?
Se celebró en el Panteón. Verlo vacío, sin turistas, fue impresionante porque se creó una atmósfera muy solemne. El presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, el cardenal Gianfranco Ravasi, ofició una misa en la que explicó que el arte, como la vida, tiene una parte de luz y otra de sombra. Fue muy interesante. También se refirió a los nuevos académicos y se nos hizo entrega de un sobre conmemorativo.

¿Qué le exigirá este nombramiento?
Creo que el funcionamiento de esta academia es similar al de otras, es decir, que serán programados encuentros esporádicos a los que deberemos asistir. He de reconocer que hasta que no me llegó la notificación de que había sido elegido, no conocía su existencia. Tampoco sabía que el Vaticano tiene más academias, como una de latinistas, aunque la más antigua es la de Bellas Artes, que data del siglo XVI. El cardenal Ravasi está intentado volver a unir el arte a la Iglesia porque cree que en los últimos 100 años ha habido un alejamiento. Lo cierto es que en las iglesias últimamente se ven cosas muy trasnochadas.



El Vaticano le otorga este reconocimiento por haber dejado su huella en Roma, ¿cuál es?
En Roma tengo dos obras. Una es una pintura ubicada en una sala contigua a la Capilla Sixtina, aunque ahora se encuentra expuesta en una muestra fuera de Italia, y otra es una que creé en conmemoración de los 60 años de ordenación sacerdotal de Benedicto XVI, pero no está en los Museos Vaticanos, sino en el despacho del cardenal Ravasi. Además de eso, hace años me dedico a dar seminarios e impartir conferencias.

¿Qué sensación le despierta ser el primer español en lograr entrar en esta academia después de Velázquez?
Eso es algo que se ha dicho, pero que no responde a la verdad. No soy el primero en lograrlo. Venancio Blanco también forma parte de la academia. Creo recordar, además, que hubo otro pintor del siglo XVIII o XIX que también fue reconocido con este nombramiento.

Ha vivido en Italia y en Nueva York, y ha viajado a América Latina. ¿Qué descubrió en cada una de esas estancias?
A Roma llegué por primera vez en 1969 con una beca de tres años. Me dio tiempo para aprender italiano e incluso para casarme (risas). Viajar es la universidad más importante que tenemos. No hay nada en la vida como salir. Aprendes geografía, lengua y antropología. Creo que uno vuelve diferente de los viajes. Para un artista es especialmente interesante porque te permite apreciar paisajes distintos y únicos.

¿Cree que sus aportaciones al arte sacro son lo más relevante de su trayectoria?
Prefiero no referirme a mi obra como arte sacro. Creo que la pintura habla siempre del espíritu. Me gusta pintar cosas de la naturaleza como frutos o flores. En septiembre expondré en Matera (Italia) y estoy en conversaciones con la directora del Museo de Salónica (Grecia) para mostrar allí también mi obra.



¿Encuentra mejor acogida en el extranjero que en España?
Es verdad que en España he hecho pocas cosas. En Madrid hice una exposición hace poco sobre Las ciudades invisibles de Calvino. Aunque viajo a España a menudo, es cierto que al venir joven a Italia he desarrollado aquí gran parte de mi trayectoria. Creo que estar fuera te hace pagar esa especie de tributo de que ciertos medios de comunicación no te tengan en consideración.

Pero usted es el único español que tiene una obra en el Corredor Vasariano de Florencia. Eso le hace merecedor de atención.
He estado siempre muy desvinculado del mundo de la política. Eso es muy bonito, pero muy duro porque lo pagas. En los periódicos italianos sí se me ha prestado atención, aunque tampoco puedo pretender estar en todos los sitios. Echo en falta, por ejemplo, que corresponsales de medios españoles en Italia hagan caso a mi trabajo. De todas formas, como digo, lo veo normal porque he vivido muchos años en Italia. También he participado en seminarios en las facultades romanas y, sin embargo, desde España rara vez me han llamado para alguna iniciativa como esta.

¿Tiene constancia de que artistas jóvenes españoles estén llegando a Italia en busca de futuro?
No demasiado. Desde que Nueva York se ha erigido como el referente del arte, Europa ha perdido peso, salvo en el caso de Berlín. De cualquier forma, Roma sigue siendo una ciudad de visita obligada para cualquier artista porque siempre queda algo de lo que fue.
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