Crónica religiosa
Francisco: el detergente necesario
domingo 14 de julio de 2013, 16:01h
Me van a permitir que lo califique así, pero el Papa FRANCISCO ha sido, es y será el detergente que necesita la Iglesia. Ya se han cumplido cien días desde su elección y aquella jornada el Espíritu Santo actuó con tanta maestría que permitió que la mayoría de los cardenales participantes en el cónclave, desconocedores de los entresijos vaticanos, votaran a un hombre, Bergoglio, que está dejando al Vaticano “piupulito que mai”, más limpio que nunca, como reza el anuncio televisivo italiano sobre el más famoso detergente. Por Rafael Ortega
Cuatro meses apenas y ya FRANCISCO ha hecho los suficientes gestos para que los que se creían que mandaban en la Santa Sede, se hayan recluido en sus cuarteles de invierno, y esperen un retiro obligado. Nadie puede ser tan ingenuo como para pensar que estos próximos jubilados no supieran los manejos de la Banca Vaticana, de las actuaciones de sus directivos, que han culminado con expulsiones drásticas, de los cada vez más vergonzantes casos de pederastia, de lujos innecesarios y así hasta un largo etcétera.
Hace pocas semanas, en conversación muy privada en el Vaticano, un monseñor me hablaba de documentos que han desaparecido en manos de alguien muy relacionado con un difunto fundador de un carisma, y del peligro de que esos documentos llegaran un día a la opinión pública por los temas tan calientes que allí se encontraban.
FRANCISCO sabe todo eso, como lo conocía el Papa emérito, que suponemos “no pudo más”, y está dispuesto a esclarecer todo y hacer que la Iglesia recupere su vigor y su presencia, sobre todo entre los jóvenes, que esperan que en la JMJ de Río Janeiro, el Pontífice les hable del futuro y de su esperanza y no de miedos.
Mientras, aquí en España, los sacerdotes, los que están al pie del cañón todos los días, esperan también palabras de la jerarquía que les aliente en su difícil y complicado trabajo. En estos meses de verano su multiplican para poder oficiar eucaristías en los diversos lugares donde prestan su “misión”, porque “misión” es lo que hacen en parroquias cada vez menos llenas y con una media de edad que asiste a las ceremonias que asusta.
Todos esperamos mucho de FRANCISCO y sobre todo que siga siendo el “detergente” que limpie todo y que ese todo quede sin mancha. Que no haga falta aguafuerte ni lejía, pues con que el detergente sea suave como las maneras tradicionales vaticanas, basta.