investigación del museo nacional de ciencias naturales
Una segunda entrada de aire en la cueva de Altamira amenaza su conservación
lunes 15 de julio de 2013, 17:49h
Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales han identificado la existencia de una segunda apertura al exterior en la Cueva de Altamira (Cantabria). El estudio arroja luz sobre la dinámica atmosférica de la cueva y es esencial para diseñar medidas más eficaces para la conservación de las pinturas y grabados del Paleolítico superior, según informa la agencia Sinc.
La agencia SINC informa de que el Museo Nacional de Ciencias Naturales ha llevado a cabo una investigación en la cueva de Altamira (Cantabria) que ha determinado la presencia de una segunda apertura al exterior que puede amenazar la conservación de las pinturas rupestres que alberga.
"La mayor amenaza para la conservación del conjunto pictórico es la apertura de entrada, ya que refuerza el papel del aire como vehículo de transporte y de dispersión de los microorganismos (bacterias y hongos) y nutrientes dentro de la cueva. Se ha comprobado que los microorganismos más frecuentes dentro y fuera de la cueva son los mismos".
Hasta ahora, el modelo de ventilación propuesto en la cueva "asumía que sólo había una entrada de aire". Sin embargo, algunos algunos análisis aerobiológicos "sugerían la existencia de otro punto de entrada de microorganismos y nutrientes". Un estudio español publicado en Environmental Science and Pollution Research confirma esta teoría.
Los autores del trabajo son investigadores del MNCN, de la Universidad de Alicante, del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología (IRNAS-CSIC) y del Instituto Superior Técnico de Lisboa. Para llevar a cabo sus análisis han utilizado una doble aproximación para comprobar la existencia de una segunda entrada de aire. Han tomado datos de la distribución espacial de los gases atmosféricos (CO2, CH4, y la señal isotópica del CO2), y han estudiado la concentración y diversidad de los microorganismos aéreos y su distribución dentro de la cueva. Los análisis se realizaron en verano de 2012, estación en que la tasa de intercambio entre la cueva y la atmósfera exterior es máxima.
"El estudio indica que existe una segunda conexión con el exterior que favorece la entrada y transporte de microorganismos aéreos a la parte más interna y profunda de la cueva", dice Sinc, que añade que "la distribución espacial de los gases atmosféricos también apoya esta hipótesis y sugiere una ligera pero directa conexión con la atmósfera exterior en este lugar de la cueva".