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La voz de Homer Simpson

Carlos Ysbert: "La falta de control en el mercado del doblaje va a acabar con la profesión"

sábado 20 de julio de 2013, 07:17h
Carlos Ysbert es un actor y director de doblaje español. Conocido, entre otras cosas, por prestar su voz a Homer en Los Simpson, tras de la muerte de Carlos Revilla. Además, es fundador de la Federación de Profesionales del Doblaje y la Sonorización de España (Feprodo) y de la Asociación de Artistas del Doblaje de Madrid (Adoma), de la que también fue presidente.
¿Supone una presión extra para alguien como usted, que procede de una familia de actores (su abuelo es José Isbert y su madre, María Isbert), haber elegido esta profesión?
Sí, eso es una responsabilidad, porque aquí nadie te regala nada. Es verdad que ser “hijo o nieto de…” te abre puertas, pero luego la continuidad te la tienes que ganar tú.

¿Cómo está el mundo del doblaje hoy en día?
En España se sigue doblando, a pesar de todas las condiciones, de maravilla. Creo que es el país donde mejor se dobla del mundo en cuanto a tiempo, eficacia, calidad, profesionales, estudios, técnicos, en cuanto a todo.

La desgracia que tenemos es que hay un sistema de mercado en el que los verdaderos propietarios del producto se desentienden y, aprovechándose de que las empresas donde se trabaja son intermediarias, hacen un juego de competencia tan fuerte que aceptan cualquier precio. Entonces esto ha ocasionado, desde hace más de 20 años, que el producto se haya abaratado y eso ha tenido una relación directa con la calidad.

Ahora se puede decir que hay dos tipos de doblaje, el “A”, con el que se intenta mantener la calidad histórica del doblaje; y el “B”, que permite a cualquiera doblar con tal de que pronuncie más o menos bien y, además, se puede grabar en cualquier sitio, no hace falta que sea en una empresa como esta, Rec Games, con todas las instalaciones modernas, con aire acondicionado y en la que te dan de alta en la Seguridad Social. No. Puede ser en un garaje, en un sitio sin aire, con un micro de mierda, con una televisión del año catapum. Mientras haya un micro y una cinta que grabe eso, ya es doblaje. Y el público general, desgraciadamente, no percibe la diferencia.



¿Cómo valora usted, como expresidente de Adoma, los últimos cambios que se están llevando a cabo con los convenios en el sector?
Tenemos una situación muy complicada. España es el único país de Europa donde se dobla en varios idiomas. Las comunidades en la que hay una lengua propia han hecho competencia al castellano. Entonces, esas comunidades, cuyas lenguas están subvencionadas y sus doblajes están subvencionados, hacen el doblaje al castellano más barato y esto deriva en una competencia muy injusta y desleal.

Esto también ha ocasionado que haya distintos convenios, que están basados todos en el mismo, pero el hecho de que los precios sean distintos ha ocasionado que sea imposible defender un mercado homogéneo en cuanto a regulación. Ahora, con el cambio de la ley, con la reforma laboral, nos quedamos sin convenio y estamos peleando con la constitución de una federación, que ya está en marcha, para hacer un convenio estatal y sectorial, cosa que no ha ocurrido nunca en España. Todo el sector del doblaje en un solo convenio, como pasa en Europa.

Es un proyecto muy ambicioso pero tenemos muchos problemas porque el sector empresarial, hoy por hoy, no está muy por la labor. Hemos buscado el apoyo de la Administración, hemos ido al Ministerio de Empleo y al Ministerio de Cultura. Tenemos buenas perspectivas en ese sentido, pero los convenios se hacen entre las empresas y los trabajadores, el Estado no interviene, entonces, vamos a ver qué pasa.



¿Cómo cree usted que valora el público español, ahora mismo, el doblaje en España?
El público español sigue valorando muy bien el doblaje, en general. Hay que diferenciar el gran público que está acostumbrado a ver las películas y las series dobladas y defiende el doblaje; y el público más especializado, con más oído, que sabe diferenciar un doblaje bueno de uno malo. Este público, que es minoritario, tiene mucho efecto en las redes sociales, afortunadamente, pero todavía el actor de doblaje sigue siendo un gran desconocido para que no se pierda la magia.

Si tuviese que convencer a esas personas antidoblaje, ¿cómo lo haría?
La frase te la digo después (risas). La mayor parte de los que ahora dicen: “fuera el doblaje, sólo versiones originales”, resulta que son cinéfilos porque de pequeños han visto las películas dobladas. Si el doblaje sirve para promocionar un producto cultural, ¿por qué lo vamos a quitar?. Si yo prefiero la versión original, me pondré la versión original, pero que estén las dos opciones.

¿Qué relación tiene Carlos Ysbert con Homer?
Es un personaje abyecto, con cara de mono, abyecto pero químicamente puro. Es un héroe no sólo en este país, sino en el resto del mundo. Un acierto por parte del señor Matt Groening y su equipo, Homer y el resto de la familia. Y mi roce con Homer fue una triste casualidad. Al morir Carlos Revilla, había que sustituirle como voz de Homer y entonces me propusieron a mí y yo dije que no, que eso era una gran responsabilidad porque Carlos Revilla era el director y adaptador de la serie y, además de eso, la voz de Homer. Pero me convencieron, a fin de cuentas era trabajo y alguien lo tenía que hacer. Al principio fue difícil, pero después, encantado. Es uno de esos personajes que te marcan.

Si no hubiese sido Homer, ¿qué personaje amarillo le hubiese gustado doblar?
Yo siempre digo que me encanta Moe, que es el personaje que hace Juan Perucho, que lo borda. Jamás podría haberlo hecho tan bien como él. Me parece un tipo muy divertido.

¿Qué pasará cuando termine Los Simpson?
Pues no sé si ya vamos a hacer la última temporada, de hecho estamos esperando a que venga. En Estados Unidos ya se ha terminado. Se acabará como todo, otras series vendrán. Afortunadamente, no me llamarán tanto para hacer entrevistas (risas) y volveré a mi rutina de doblaje normal.



¿Por qué cambió la “i” de Isbert por la “y”?
Bueno, es que resulta que el cambio lo hizo toda mi familia. La original es la “y”. Yo tengo un cartel de cuando mi abuelo tenía compañía de teatro y era José Ysbert. Pero cuando él empezó a hacer cine, una de las productoras, no recuerdo cuál fue, dijo que la “y” era poco comercial, que era más vistosa la “i”. Y, entonces, toda mi familia se puso Isbert con “i” . Y yo no es que sea un tío extraño y quiera renunciar a eso, pero fui a renovar el carnet y me llamó la policía pidiéndome la partida de nacimiento original. Y así descubrí que mi apellido es con “y”.

¿Alguna vez le han dicho eso de “Tu voz me suena…”?
Sí, me lo han dicho varias veces. Los que más me lo dicen son los taxistas. Y una vez en un hotel me reconoció un fan, yo no voy haciendo la voz de Homer por ahí. Esas vacaciones fueron estupendas porque me abrió todas las puertas (risas).

Por último, me gustaría añadir que para que el doblaje ejerza la función de difusión cultural de manera correcta, tiene que ser lo más purista posible desde el punto de vista del respeto a la versión original, a la traducción y a la adaptación. El hecho de que no haya ningún tipo de control en el mercado del doblaje y esto empiece a convertirse en una especie de jungla en la que todo vale, va a acabar con una tradición de doblaje muy grande. Si tú primas el precio por el resultado y la calidad final, acabarás con una profesión. Además, no se cuida el castellano. No se fomenta. Tenemos que estar escuchando todos los días cómo el catalán, el gallego, el vasco o el valenciano se subvencionan por los gobiernos autonómicos, cosa que me parece genial, no lo critico. Pero el castellano, que lo hablan cada vez más personas, que está en crecimiento continuo, ¿quién lo cuida? Porque está sufriendo hachazos todos los días. Esto es un llamamiento al Gobierno para que cuide nuestro idioma.
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