De nuevo sobre la ultraderecha en España
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 20 de julio de 2013, 18:28h
El 22 de julio de 2011 el ultraderechista Anders Breivik asesinó a 76 personas en Oslo y Utoya. Hace pocos días, el Movimiento contra la Intolerancia presentó a la Defensora del Pueblo el Informe sobre Racismo y Xenofobia (RAXEN) 2012, que arroja unas cifras realmente preocupantes. Se producen unas 4.000 agresiones al año inspiradas por ideologías de odio y se detecta la presencia de grupos racistas y xenófobos en todas las Comunidades Autónomas. Hay más de 1.500 webs y sites xenófobos y se celebran cada año decenas de conciertos de música racista y neofascista. Las estimaciones cifran en unos diez mil los ultras y neonazis españoles.
El crecimiento de los populismos en Europa es la ocasión que la extrema derecha lleva esperando décadas. La crisis económica, el descontento político y la creciente indignación por los fallos institucionales producen el caldo de cultivo que los radicales necesitan. Desde Hungría hasta España y Portugal, desde Italia y Grecia hasta el Reino Unido, los xenófobos y los racistas van presentándose como los defensores de Europa frente a la corrupción de los políticos y las instituciones. El olvido de la Historia –o su directa ignorancia después de un olvido generalizado de las Humanidades en el sistema educativo- propician que los símbolos nazis reaparezcan camuflados en las gradas de los estadios de fútbol o en los sitios web radicales.
El avance de Amanecer Dorado en Grecia o de Jobbik en Hungría parece dar credenciales democráticas a los peores enemigos de la democracia, que pretenden acabar con ella desde el interior de sus instituciones. Desde las campañas de propaganda contra los extranjeros o los gitanos a la discriminación contra las madres solas, los gays o las lesbianas, la agenda de la extrema derecha va ganando posiciones. Hay que estar alerta. Los extremistas se presentan envueltos en distintas banderas. Algunos dicen defender la familia pero es un pretexto para esconder otros odios. Otros pretenden estar con los judíos pero, en realidad, aborrecen todo aquello que la tradición y la historia del pueblo judío representan: la discusión, la razón, la pregunta incesante, la aceptación de la diferencia como requisito necesario de la humanidad misma. A muchos se les llena la boca con el nombre de España pero, en verdad, la idea que tienen de ella traiciona todo lo que su nombre significa en la Historia.
En Europa vemos una creciente reescritura perversa de la Historia que convierte a los nazis en abanderados de la identidad de Occidente. Breivik odiaba a los musulmanes y ese odio se está extendiendo por el continente y esa identidad que gente como él dice defender es la mayor traición a Europa misma. Nuestra civilización se construyó sobre el fundamento de la dignidad de todo ser humano, sobre la razón y la esperanza, sobre la democracia y la libertad frente a la tiranía y la opresión.
El Informe RAXEN es un diagnostico certero de lo que está ocurriendo en España y de cómo el discurso del odio sigue creciendo entre nosotros. Sin embargo, depende de nosotros, de la sociedad civil y de los grandes partidos nacionales, la defensa de los valores centrales de nuestra sociedad por encima de las diferencias políticas. Es necesario adaptar las leyes para afrontar el desafío que las ideologías del odio plantean hoy a las democracias. Desde el ámbito familiar a los medios de comunicación, es necesario plantar cara a quienes pretender acabar con los derechos fundamentales y la democracia misma desde el interior de las instituciones. Si cedemos terreno, algún día querremos reaccionar y será demasiado tarde.
El momento es ahora.
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Analista político
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