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ENTREVISTA AL INVESTIGADOR PRINCIPAL

La inmunidad al cáncer de la rata desnuda podría ensayarse en humanos en unos cinco años

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 26 de julio de 2013, 18:14h
El investigador principal de los estudios con ratas topo lampiña, el único mamífero inmune al cáncer, asegura en una entrevista con El Imparcial que si todo va bien podrán arrancarse unos esperanzadores ensayos clínicos en humanos dentro de tres o cinco años.



Un mes después de que la rata topo lampiña o desnuda desvelara el secreto de su inmunidad al cáncer, el investigador principal del descubrimiento, el biólogo de la Universidad de Rochester (Nueva York) Andrei Seluanov, vaticina que los ensayos clínicos con humanos en torno a la prevención y posible cura del cáncer podrían empezar “en tres o cinco años”.

La rata topo desnuda, también conocida como ratopín, ha sido objeto de estudio durante casi una década, desde el momento en que el equipo de Seluanov se percató de las imponentes características de este mamífero.

“En 2004, en colaboración con el Dr. Gorbunova organizamos una colección de veinte especies de roedores con diferente vida útil y distinta resistencia al cáncer”, cuenta el biólogo en una entrevista con este periódico. “La rata topo desnuda era una de esas especies y destacó instantáneamente sobre el resto”, explica.

No es para menos. La rata topo desnuda es casi un super-ratón que sortea las leyes naturales. Primero, por su longevidad extrema: viven hasta 30 años, diez veces más que los siguientes roedores con mayor esperanza de vida. Segundo, por su “resistencia absoluta” al cáncer, tal y como indica Seluanov, y, en general, a todas las enfermedades relacionadas con la edad. Tercero, por su capacidad de sobrevivir en niveles de oxígeno extremadamente bajos. Cuarto, por su insensibilidad al dolor químico inducido: sus receptores neuronales no se disparan al sentir el ácido, lo que le convierte en inmunes a sus dolorosos efectos.

En su comportamiento celular, el ratopín también sorprendió a los investigadores de la Universidad de Rochester. “Sus células primarias crecen de una forma completamente diferente a la de otras especies”, expone Seluanov, y explica que, en contra de la estructura típica en el cultivo de células primarias, las células de la rata topo desnuda “siempre se mantienen a cierta distancia unas de las otras”.

Fue precisamente este análisis minucioso de la rata topo en sus configuraciones más profundas la que llevó al equipo de Seluanov a desvelar el secreto mejor guardado del asombroso roedor. En 2009, “pudimos observar cómo las células de las ratas topo denudas secretaban una sustancia viscosa y tuve la sensación de que ahí se encontraba la clave de su resistencia al cáncer”, asegura el biólogo a este periódico.

Siguiendo su ya curtida intención científica, los investigadores de la Universidad de Rochester pudieron constatar finalmente hace poco más de un mes que esa sustancia pringosa, una secreción celular de un tipo de azúcar llamado ácido hialurónico (Ha), era la responsable de la resistencia al cáncer de las ratas lampiñas.

Las largas cadenas de Ha que produce el organismo de la rata topo, más extensas de las que de cualquier otro mamífero, forman en las células una especie de jaula ajustada, evitando que las células tumorales puedan multiplicarse sin control –que es el proceso de inicio de un cáncer- y “pellizcando” los pre-cánceres de raíz. Es decir, el azúcar secretado por las células del ya conocido como animal milagroso evita la transformación oncogénica: la mutación de una célula ‘sana’ en una cancerígena.

Los experimentos desarrollados por el equipo de Seluanov confirman la hipótesis: cuando se mutila el Ha, desaparece la resistencia al cáncer. “En nuestro trabajo hemos demostrado que al suprimir la producción de ácido hialurónico o al degradar este ácido mediante la adición de una enzima específica, las células de las ratas topo desnudas se tornan muy sensibles a la transformación oncogénica, se vuelven similares a las del ratón corriente”, explica el científico y puntualiza que la corroboración ha tenido éxito “tanto en el cultivo de tejidos como en el modelo animal”.

Los investigadores cultivaron células de rata topo a las que bloquearon el gen que codifica el Ha y aumentaron los niveles de una proteína que recicla el azúcar. Al insertar estas células carentes de su ’jaula de azúcar’ bajo la piel de los ratones, muchos de ellos desarrollaron tumores cancerígenos nunca detectados de forma natural en una década de investigación.



Tratamiento del cáncer en humanos
“Este hallazgo demuestra el papel esencial de las cadenas de Ha en la prevención del cáncer y, posiblemente, en su tratamiento”, asegura Seluanov.

Tal y como explica el biólogo, han empezado ya con el siguiente paso de su investigación: trasferir este sistema de Ha de la rata lampiña a otro tipo de ratones. “Con ello, esperamos que estos ratones sean también resistentes al cáncer”, confía.

Si la aplicación en ratones comunes se desarrolla con éxito, el sistema podría empezar a evaluarse para prevenir o tratar el cáncer en humanos, según explica Seluanov, quien diferencia dos posibles vías de uso clínico. En primer lugar, existen ya en el mercado algunos inhibidores de las enzimas responsables de la degradación del Ha que podrían utilizarse para provocar una acumulación de este ácido en los tejidos y protegerlos, así, de desarrollar células cancerígenas.

Por otro lado, la propia enzima humana que sintentiza el Ha puede ponerse en el foco del desarrollo de nuevos medicamentos que la controlen para la producción de las moléculas largas de ácido necesarias.

Con este prometedor panorama y “si los experimentos con los ratones tienen éxito, dentro de 3 ó 5 años podemos empezar con ensayos clínicos”, asegura Seluanov.

Otras vías de investigación
La inmunidad al cáncer no es la única característica, casi sobrenatural, de las ratas topo lampiñas que resulta prometedora en cuanto a una posible aplicación futura en humanos.

“No estamos hablando sólo de la extensión de la vida humana, sino también de la reducción o, posiblemente, eliminación de las enfermedades relacionadas con la edad”, sugiere el biólogo de la Universidad de Rochester.

Por eso, su equipo sigue examinando al extraño roedor en varias direcciones. Además del estudio en torno a la producción de ácido hialurónico, las ratas topo sirven de base para investigaciones con células madre, reparación del ADN y estabilidad del genoma, así como para el análisis del comportamiento de los transposones (segmentos de ADN con la capacidad de moverse a lo largo del genoma).

La investigación dirigida por Seluanov tiene un presupuesto de entre 200.000 y 300.000 dólares anuales, “un presupuesto mínimo considerando la importancia de los problemas que se pueden resolver mediante el uso de las ratas topo desnudas como modelo”, dice el científico, quien espera que su “trabajo anime a más laboratorios” a empezar a utilizar estos roedores en sus estudios sobre el envejecimiento y el cáncer.
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