Hugh Jackman protagoniza en este thriller sobre el secuestro de dos niñas de corta edad a un padre desesperado y con poca fe en las investigaciones que está llevando a cabo la policía para encontrarlas.
La cinta, que fue presentada con éxito en los festivales de Toronto y San Sebastián, supone el debut por todo lo alto en Hollywood del director canadiense
Denis Velleneuve, conocido hasta ahora por trabajos claramente enmarcados en el denominado cine independiente, como “Incendies” del año 2010. Para Prisioneros, el realizador de Quebec ha contado con un presupuesto, nada indi, de 30 millones de dólares que ha resultado fundamental, sin duda, para poder reunir a un reparto que, además del citado Hugh Jackman, incluye a otras estrellas como Jake Gyllenhaal, Maria Bello, Terrence Howard y Viola Davis. También para rodearse de un importante equipo de colaboradores formado, asimismo, por pesos pesados de la industria: Roger Deakins, director de fotografía de los hermanos Coen y nominado al Oscar nada menos que en diez ocasiones, así como con Joel Cox y Gary Roach, montadores habituales de Clint Eastwood.
Desde el principio del metraje se percibe, en todo caso, que la cinta parte con el objetivo de no acabar siendo un thriller más del mercado, a pesar de que su inicio no puede resultar más convencional o, quizás, habría que decir que, simplemente, cargado de los elementos tópicos de la clásica familia de clase media estadounidense. Seguramente, con el fin de recalcar que detrás de los vecinos en apariencia más normales pueden esconderse personalidades de lo más complejo y atormentado. La acción arranca, precisamente, en una fecha tan típicamente yanqui como el Día de Acción de Gracias. Por la mañana, el personaje interpretado, con la intensidad que requiere, por Jackman, - el carpintero Keller Dover - ha estado en el bosque junto a su hijo adolescente para iniciarle en la caza: es la primera vez que el chaval mata un ciervo, que servirá horas más tarde para plato principal de tan especial almuerzo.
Keller Dover es un hombre estricto, devoto y apegado a la familia, a la que saca adelante con evidentes dificultades por la falta de encargos de carpintería. También se muestra extremadamente seguro de sí mismo, en contraposición al carácter más apocado de su mujer, Grace – Maria Bello -, quien no tardará en venirse abajo cuando la familia tenga que enfrentarse a la peor pesadilla de unos padres, que su hija de corta edad desaparezca de repente sin dejar rastro.

La familia Dover se encuentra celebrando la comida de Acción de Gracias junto a unos vecinos, el matrimonio formado por Nancy y Franklin Birch, a quienes dan vida Viola Davis y
Terrence Howard - también padres de dos hijos de las mismas edades que los hermanos Dover - cuando las dos niñas pequeñas de ambas familias desaparecen. La única pista para empezar a buscarlas parece ser una vieja y destartalada caravana con la que las pequeñas quisieron jugar antes de la comida, cuando salieron a dar un paseo por el vecindario, esta vez acompañadas por los hermanos mayores. Dicha pista enseguida conduce al policía encargado del caso, el detective Loki, interpretado por el siempre creíble Jake Gyllenhaal, a la detención de un sujeto bastante peculiar, aparentemente sin muchas luces, llamado Alex Jones, papel a cargo de Paul Dano. El joven vive con su tía en un lugar apartado y, en un principio, parece el sospechoso perfecto, pero la policía no tarda en dejarle en libertad por falta de pruebas. A quien, sin embargo, no parecen hacerle falta muchas pruebas es a Dover. Él está convencido de que Alex ha sido, solo o con la colaboración de terceras personas, quien se ha llevado a las niñas. Sin embargo, se encuentra solo en su convencimiento, aunque consigue que el padre de la otra niña le acompañe, durante sus primeros pasos como justiciero solitario, al margen de la ley y de sus representantes.
Desde este momento, el de la puesta en libertad de Alex, la cinta se centra en dos investigaciones paralelas con distintos caminos para llegar a un mismo punto y, por supuesto, con métodos muy diferentes. Al ritmo del angustioso transcurso de los días y con lo que eso significa en relación a las posibilidades reales de encontrarlas con vida, la película va desvelando los diferentes modos en los que cada uno de los involucrados, padres, hermanos, detective e, incluso, sospechoso, se van a enfrentar al miedo, al desánimo, a la incertidumbre, la sospecha y hasta a la aparente derrota, durante la dramática búsqueda contrarreloj. El detective
Laki, famoso por no haber dejado nunca un caso sin resolver, y Dover, dominado por el convencimiento absoluto de que el primer sospechoso es el verdadero culpable y, por tanto, el único capaz de desvelar dónde se encuentran las niñas, entablarán un duelo capaz de separarles en claro perjuicio del lógico objetivo primordial, encontrar a las niñas.
Lo cierto es que el guión, original en el tratamiento de los personajes a los que perfila con pericia, acaba dando demasiadas pistas para que el espectador averigüe – antes que los protagonistas - el lugar al que acabarán llegando, cada uno por su lado, detective y padre, ambos obsesionados por diferentes motivos pero empecinados en tener la razón de su parte. Y es en el final, donde Denis Villeneuve parece guardarse un as en la manga, aunque, para desgracia de aquellos que prefieren siempre un
The End cerrado sin posibilidad de dudas o preguntas, el director canadiense ha optado por no mostrarlo.