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selección española

¿Depende el segundo Mundial de España del “fichaje” de Diego Costa?

lunes 28 de octubre de 2013, 00:36h
El inesperado arranque liguero de Diego Costa -pichichi destacado con 11 goles- ha generado una cerrada batalla entre España y Brasil por hacerse con sus servicios de cara al Mundial de 2014. Aunque todavía quedan ocho meses de temporada, el debate en torno a la idoneidad de su convocatoria ha cedido terreno a la unánime creencia de la necesidad de la llamada de Vicente del Bosque. El Imparcial analiza el efecto real que el delantero del Atlético podría tener en las opciones de títulos de la selección.

Saltó el último escalón de la bocana que conduce del túnel de vestuarios al césped con tranquilidad, pausado, con movimientos de calentamiento suaves, sin gastar un gramo de energía y concentrado en los siguientes 90 minutos de su vida. Toda vez que el árbitro pitó el inicio del partido prendió la mecha de la intensidad que ya le acompañaba antes de interpretar su peculiar partitura para miles de aficionados en la Ribera del Manzanares. Se sabe cargado de la simbología que Simeone le ha otorgado al equipo y a través de la cual el Atlético ha recuperado la competitividad. Fijó su objetivo en uno de los zagueros, como en cada partido. Jordi Figueras fue el elegido. Hasta ser sustituido intercambiaría con él empujones, golpes bajos, adjetivaciones irreproducibles, aspavientos y miradas oscuras, es decir, lo de siempre. Además, ejercería de líder en la organización de la presión, actuaría como referencia de los envíos en largo de su defensa para descongestionar el juego de sus compañeros, mordería por cada metro, arrastraría rivales con su potencia, protestaría al árbitro con vehemencia -en ocasiones, desmesurada- tras recibir la suerte de collage de agresiones natural a un jugador de su estirpe y marcaría su gol. Como de costumbre.

Diego Costa permanece impermeable al torbellino mediático generado por su explosión como delantero estrella. Las federaciones de España y Brasil se tiran de los pelos por conseguir su guiño de cara al Mundial y este guerrero que, aunque se está instalando en el éxito sigue jugando como si no tuviera nada que perder -como en Albacete, Pucela o Vallecas-, mantiene su actitud y rendimiento con la regularidad de los que conciben la presión como un ingrediente más del menú. Y a lo largo de la semana pasada han subido varios decibelios el ruido de gloria que llama a la puerta de Costa, con los claroscuros que esta llamada conlleva.

Le ofrezco a Diego Costa la posibilidad de ser hexacampeón del mundo, porque Brasil lo va a ser y, ahora, decide él”, proclamó este sábado con su tradicional tono arrogante Luiz Felipe Scolari tras hacer pública la lista de convocados de la canarinha para los amistosos de noviembre (días 15 y 19 ante Honduras y Chile). Una relación de nombres en la que figuraba el exuberante delantero colchonero. Horas antes, la Federación Brasileña de Fútbol filtró que su presidente, José María Marín, había instado a su homólogo español a actuar con pies de plomo, ya que en un “diálogo de alto nivel” le hicieron saber a Villar que juzgan como “ilegal esa intención de convocatoria de España”. El organismo carioca estaría dispuesto a recurrir a los tribunales deportivos, han avisado. Los estatutos de la FIFA señalan que la única salida que favorezca a los intereses españoles es una declaración pública de Diego en la que exprese su intención de alistarse en el proyecto español, por escrito y enviada a la sede principal del organismo del balompié internacional en Suiza. Si no cumple este requisito en un espacio de tiempo inminente -la convocatoria de Scolari se completará el 31 de octubre-, debe acudir a la llamada de Brasil.



Vicente del Bosque, estandarte de la prudencia en la exposición de planes futuros cuando el diseño del camino a seguir implica escoger a unos y repudiar a otros, declaró sobre este tema el pasado día 16 que "estamos obligados a tener una conversación con Diego porque está en una situación difícil ya que Brasil también quiere contar con él, pero llamarle no es un menosprecio a los demás". Preguntado por la portería o los demás nombres que optan a la plaza de delantero, el seleccionador no muestra fisuras asentado en su hierático silencio. En lo relativo al caso del hispano-brasileño, sin embargo, reconoce la necesidad de convocarle, aunque esta necesidad quede revestida de pragmatismo, en una suerte de llamarle por lo que pueda pasar, para tenerle con nosotros en lugar de enfrente. Esta batalla casi diplomática ha encendido el debate pero, incluso algunos incrédulos que a comienzos de la temporada pasada le censuraban por resultar “duro” o “agresivo” -cuando empezaba a arrinconar a Falcao en sus primeras titularidades en el Atlético-, inmersos en la cruzada del buenismo futbolístico que desterraría de la élite a delanteros como Hugo Sánchez o Gerd Müller, ahora se han convertido a la fe colchonera. Sin embargo, ¿es real la trascendencia de Diego Costa en el futuro desempeño mundialista de España?

La trayectoria de la legendaria selección española -convertida ya en objeto de estudio unida al Barça de Guardiola- ha sufrido un descenso que ha llevado a los nuestros desde la excelencia (Eurocopa de 2012) hasta el sonrojo (final de la Confederaciones del pasado julio), pasando por los sustos de la fase clasificatoria. Este declive cuenta con dos elementos nucleares: el apartado físico y la ausencia de paletas de colores diferentes al estilo de juego que nos condujo a la cima. Con respecto al primer apartado, no resulta demasiado rebuscado poner de relieve que algunos de los pilares de la mejor España del pasado lustro no atraviesan su mejor momento. Puyol ha reaparecido hace días tras siete meses de baja, Piqué sufre cada vez con mayor frecuencia ante atacantes veloces -disfruten o no de técnica-, Xabi Alonso no termina de encontrar la luz al final del túnel de la condenada osteopatía de pubis que podría acelerar el adiós del tolosarra, Xavi Hernández, tan necesario en el devenir diario del Barça, ya no llega en plenas facultades al último tramo de temporada y caso similar está empezando a contagiar a Andrés Iniesta, Álvaro Arbeloa, David Villa e, incluso, Sergio Ramos. Contemplando la Confederaciones como un laboratorio de prueba, el equipo médico federativo y algunos jugadores como Fernando Torres declararon que las condiciones de estancia, entrenamiento, ambientales y el estado del césped ejecutaban otra vuelta de tuerca a lo físico. La savia nueva todavía no ha encontrado el nivel de juego necesario para desbancar a los ilustres mencionados y este paisaje conduce a otro campeonato en territorio brasileño con la energía bajo mínimos. En este estado, Francia y Finlandia ya se atragantaron a España en el Calderón y en Pontevedra.


A través de estos últimos episodios se entronca el primer virus con la ausencia de plan b al esquema de juego. La horizontalidad se ha convertido en un fantasma latente que condena a los nuestros a insultantes exhibiciones en el manejo de la posesión de balón sin, apenas, ocasiones de gol en la portería rival. España ya sabe que, salvo dos o tres excepciones -que rebasen con creces el nivel físico patrio-, todos sus rivales cederán terreno y balón para encerrarse atrás, dando por bueno el empate a cero y soñando con cazar una contra. Lo hemos sufrido desde Sudáfrica 2010. Partidos que languidecen con posesiones eternas que se pierden en la imprecisión en los metros finales, la búsqueda de la combinación excelsa en la maraña central del piernas y la búsqueda fútil del gol desde distancias alejadas de jugadores no acostumbrados al lanzamiento de media y larga distancia. En este escenario, una de las consecuencias de no encontrar la grieta en el muro rival es la caída de la tensión, sobretodo defensiva, y ahí se reproducen los sustos. Suiza se dio el gustazo en el debut del Mundial de 2010. Italia hizo lo propio en la Confederaciones. Franceses y finlandeses complicaron el trayecto previo a Brasil 2014 con este guión muy bien aprendido. El falso nueve resultó el primer intento de Del Bosque por atajar esta congestión. Más tarde ha llegado la verticalidad de Navas como elemento protagonista o la irrupción del mejor Negredo en los últimos encuentros. Pero la circulación, si bien mantiene su fluidez, ya no goza de la frenética rapidez que desbordaba a los sistemas defensivos mejor trabajados. El tiempo pasa, los rivales nos estudian y España sigue careciendo de una vía accesoria fiable y bien trabajada.

De la confluencia de ambas necesidades surge la impronta de Diego Costa: rápido, potente, hambriento, diferente al resto de candidatos a ocupar el terreno del “9”. El ascenso hacia la gloria del Atlético ha catapultado el nombre de su actual delantero estrella, por lo que su mera presencia en el once de Del Bosque genera más atención que la que pueda aglutinar Torres, Negredo, Soldado, Pedro o Villa. El pichichi de la Liga BBVA ya es famoso en el Viejo Continente y los zagueros conocen el poder de su veneno. Así pues, su convocatoria aportaría este salto hacia lo inesperado con una herramienta jamás vista en el vestuario campeón de todo. Abriría el abanico de soluciones alternativas, como semilla de la revolución coyuntural de un partido atravesado o en el rol de elemento erosivo desde el inicio. Pero, según indica la lógica, no contribuirá a que los pesos pesados del equipo lleguen en mejor forma, ni participará en el engrase de las combinaciones y a ocho meses del Mundial, no se atisba un trabajo definido por potenciar un estilo alternativo con Costa como líder de la nueva selección. La filosofía de juego es innegociable.
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