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Wert rectifica y acierta

domingo 03 de noviembre de 2013, 08:11h
La enésima reforma educativa en España sigue rodeada de polémica. Es ésta una materia donde parece que resulta imposible adoptar consensos, cuando debería ser justo al contrario, dada su trascendencia. Y su premura, porque el problema educativo en España es realmente grave. Básicamente, gastamos más que muchos y estamos peor que casi todos. Las cifras de fracaso escolar son escandalosas, así como también la valoración que del sistema se hace desde fuera. Parece obvio, pues, que algo había que hacer, aunque a la vista de la ley Wert da la impresión de que, pese a algunos aciertos, hay también errores de bulto.

A día de hoy, la reforma educativa se antoja prioritaria y, sin embargo, no parece una prioridad ni de la opinión ni de los partidos políticos. Las tasas de fracaso y abandono escolar colocan a nuestro país a la cola de Europa. Y no es una cuestión meramente económica, por cuanto el gasto medio por alumno está por encima de países cuyos sistemas educativos ofrecen unos resultados mucho mejores. Del despropósito de tener 17 planes educativos se ha pasado a los continuos intentos de adoctrinamiento por parte de los gobiernos -sobre todo socialistas- que ha habido desde la Transición. Y parte de esas carencias educativas inciden negativamente en la recuperación del desempleo juvenil, el más alto de Europa. Es, pues, imprescindible que los dos grandes partidos se pongan de acuerdo en solucionar uno de los problemas más acuciantes a corto, medio y largo plazo.

El ministro, desde Shangai -la ciudad china con mayor puntuación según el informe Pisa- confirmaba ayer que finalmente la religión no será evaluable en bachillerato. Evita de este modo plegarse al deseo de los obispos y, además, aporta un punto de sensatez a una polémica tan estéril como innecesaria. Es éste un aspecto ausente de la práctica totalidad de sistemas educativos occidentales, y presente únicamente el los regímenes confesionales -por lo general, islámicos-. Debe, pues, quedar el la esfera de lo privado, no dando así argumentos a los que utilizarán su inclusión para hacer un ruido mediático que distraiga del resto de la ley. Una ley, por otro lado, tan necesaria como mejorable.

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