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Este miércoles se cumple el 110 aniversario de la muerte del pintor impresionista

La influencia en la obra de Pissarro de los lugares donde vivió y que visitó

miércoles 13 de noviembre de 2013, 15:46h
Este martes se cumple el 110 aniversario de la muerte de Camille Pissarro, precursor del Impresionismo junto a Manet, Renoir, Monet y Degas, artífices del viraje de la práctica artística hacia la primacía de la plasticidad sobre el tema. Paisajista por excelencia, aunque también interesado por la vida cotidiana y por los escenarios urbanos, Pissarro fue, sobre todo, un pintor de lugares, aquellos en los que vivió y aquellos que visitó durante los 73 años que vivió.
Precursor del impresionismo junto a Manet, Renoir, Monet o Degas, a Pissarro se le debe como al resto haber liderado un cambio de ciclo en la forma de entender la pintura, ligada todavía a mediados del siglo XIX a los presupuestos academicistas.

Tal rigor impositivo fue contradicho por la paleta y el ingenio de estos artistas franceses, que propugnaban por representar sus impresiones de la naturaleza, más que la naturaleza en sí misma, de forma que lo plástico adquirió más protagonismo que el tema en cuestión. Sin embargo, aquellas propuestas, radicales para la época, fueron vistas con escepticismo y no fue hasta finales de siglo cuando el impresionismo terminó imponiéndose a la tradición.

Así, la pincelada suelta, el uso del color y de la luz y la sensación de estar ante obras inacabadas fueron las características predominantes de esta corriente, que centró su atención en los temas cotidianos y en los paisajes. Precisamente el paisaje fue uno de los géneros que más insistentemente trató Pissarro, aunque no fue el único, ya que también se encuentran en su trayectoria referencias a escenas cotidianas o urbanas.



A diferencia de algunos de sus contemporáneos, Pissarro no pintó siempre en un único lugar, sino que, movido por las circunstancias políticas, económicas y sociales de la época, se vio obligado a trasladarse con su familia en repetidas ocasiones dentro de Francia sin pasar por alto que él había nacido en las Islas Vírgenes, circunstancia que hizo posible que visitara Venezuela. Además, también viajó a Londres y a ciudades belgas, así como a otros enclaves que atrajeron la mirada curiosa de estos pintores, movidos a experimentar con la pintura del natural.

En una conferencia celebrada este martes en el Museo Thyssen a cargo de Ann Saul, autora del libro Pissarro’s Places, Saul ha repasado algunos de los lugares en los que vivió el pintor coincidiendo con la reciente exposición organizada por el museo y con el 110 aniversario de su muerte, que se celebra este miércoles.



Según Saul, Louveciennes (Francia) está considerado “el lugar donde nació el impresionismo” no sólo porque allí vivió Pissarro, sino también porque Renoir solía visitar este pueblo dada la cercanía de su residencia. Fue allí donde Pissarro pintó Calle de Versalles, Louveciennes, en 1870, y Calle de Versalles, Louveciennes, en 1872, tras el paso de los prusianos.

Tras abandonar Louveciennes, Pissarro volvió a Pontoise, donde pintó Calle de Gisors en 1873. Seis años antes, durante su primera estancia en la ciudad del Valle del Oise, el artista había pintado Las colinas del Hermitage, la obra “más grande de su creación”, según Saul, quien afirma que esta pintura alberga algunas de las características propias del impresionismo en la forma de aplicar la pincelada y el color y en el uso de las luces.

Ya en Montfoucault, Pissarro pintó La casa de Piette en 1874, en la que retrató el hogar de quien era uno de sus amigos de la adolescencia.



En el repaso al periplo del pintor en su búsqueda de estabilidad y prosperidad, Seul cita Éragny, donde pintó El jardín, en 1898, y Rouen, donde dibujó Plaza Lafayette en 1883, y Los tejados del casco antiguo de Rouen en 1896. También en Francia visitó Dieppe, donde pintó La feria del pueblo en 1901.

Si bien, fue París uno de los lugares que a Pissarro más le interesó, ya que, según Seul, “era la ciudad donde más le gustaba estar porque allí vivían su familia, sus amigos y sus marchantes”. Prueba de ello son dos vistas de la ciudad: Boulevard Montmartre de 1897, y Avenida de la Ópera de 1898, escenario que pintó hasta en diez ocasiones.

Ya en los últimos años de su vida, Pissarro estableció su residencia en la Isla de la Cité, donde al poco tiempo falleció no sin antes pintarse a sí mismo en un autorretrato fechado ese mismo año; uno de los cuatro que dejó para la posteridad.
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